SENTIR, PENSAR Y SUFRIR POR EL PERU

Testimonio de un periodismo comprometido, 35 años después…

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Perdónenme una licencia. Una generosa llamada telefónica me recordó que hace más de treinticinco años publiqué mi primer “artículo”, si es que así es como se le puede llamar a la generosa aparición que hicieran de un texto mío, mis nobles amigos del Club de Periodismo del Colegio Guadalupe y que guardé celosamente por algún tiempo, hasta que los avatares del tiempo, se encargó de deteriorarlo.

La forma como esta pasión surgió para arrancarme del Derecho y la Sociología años más tarde, algún día la contaré, sobre todo, para explicar cómo es que las cosas en las que uno se embarca con honestidad, siempre valen la pena.

Viaje por todo el Perú y parte del mundo, registré ricas experiencias y escribí crónicas sobre cada uno de los lugares que visitaba y las cosas que sentía debían ser analizadas, marcando de alguna manera mi destino en medio de esa especie de rutina hermosa que me ha permitido diariamente repensar y sufrir, una y otra vez, en torno a la historia y naturalmente, el futuro de mi país.

Cuando empecé  a laborar en el oficio, lo hice como muchos, de “meritorio”, recolectando y sintetizando la información que me pedían otros, lo hacía de la mejor manera posible, como podía. Trabajé “gratis” en diversas redacciones, aprendiendo y observando cómo el periodista que se respeta “cuida su fuente” y se esmera para que sus notas o artículos sean confiables y verificables. Al fin y al cabo, como tantas veces me lo recordó el «chino» Luis Alberto Guerrero, «ese es, finalmente, el secreto del éxito.

Pedí varias veces de favor -y no siempre con éxito-, que se publicaran mis escritos, luego supe con amargo sabor que algunos de mis artículos ni siquiera fueron revisados.

Sentí más de una vez e inocentemente, la necesidad de “consultar lo que hacía” y entonces comprobé cómo es que quienes recibian mis textos, los convertían en notas y reportajes propios y hasta de primera plana”, pagaba caro mi aprendisaje sin duda.

He transitado por la entrevista, la crónica y la opinión como elementos sustantivos de una modesta producción, gozando del valor enorme de la atención y sincera amistad de reconocidos escribidores y periodistas que me dispensaron tiempo, tolerancia y consejo que he valorado siempre, por eso mi tío Absalón Otero Luna,Ismael Frias, Luis Alberto Guerrero, Alfonso La Torre, Laureano Carnero Checa, entre tantos otros, son mis más cercanos y caros referentes.

He preferido el periodismo de opinión, gráfico y sometido a códigos deontológicos que la “pluma de alquiler” y lo he hecho, porque soy un hombre comprometido con ideas nacionalistas hayadelatorreanas, advirtiendo siempre, que es a partir de esa circunstancia -que no me resta objetividad-, que formulo mis impresiones y propongo ideas en el marco del amor entrañable que le tengo al Perú y a su gente.

He escrito en diversas etapas para “El Peruano”, “La Crónica”, el diario “HOY”, “La República”, y una diversidad de periódicos, así como revistas de provincias, pero de todos los encargos que he recibido, la que más me enorgullece con una mezcla de vanidad, es la dirección de “LA TRIBUNA”, periódico que estuvo en las calles, por todo el Perú y por cinco años, registrando el período más largo de circulación contínua del vocero aprista tras la muerte de Haya de la Torre, tiempo en el que además, inauguramos el primer, más visitado y más importante Portal Web político en la internet.

Dicen que siempre han existido labores detestables, felizmente nunca me ha tocado, ni he aceptado realizar alguna. Pero por los personajes que se dedican a tareas menores, subalternas y hasta miserables en medios de comunicaciones no es justo que sean signados todos los hombres de prensa. Es verdad que cierto periodismo “toleró” inescrupulosos, pero fueron los menos y la verdad es que hay muchas otras actividades que anidan a seres interesados, sesgados en su visión de vida, impregnados de pequeñas y mezquinas motivaciones que cercenan incluso las ilusiones y los ideales de muchísima gente. Debería haber cárcel y castigo para ellos, ¿no?.

Yo llegué al periodismo por ilusión y vocación. Leía con mucha pasión los textos que conseguía y sentía que la “fibra” que hace un escribidor, no está en el medio donde se desenvuelve necesariamente, sino, en cómo fue educado, en la forma como vive, como ama y en las cosas por las que siente pasión.

Hace muchos años – la verdad es que muchos más de los que sentía que habían transcurrido realmente-, alentado por mi padre, Alfonso La Torre (ALAT), Magda Portal y Ramiro Prialé, me aventuré a navegar con mayor profesionalismo  por el incierto océano del periodismo, formulando impresiones en esa mi primera etapa –tal vez sin mucha técnica, pero con profunda honestidad-, expresando todo lo que sentía, quería  y pensaba, tal y como hoy sucede, sin mayor limitación que el que me impone mi propia conciencia y el espacio que me asignan en cada nota.

Durante todo este tiempo, he tratado de ser consecuente fundamentalmente conmigo mismo, venciendo temores naturales, pero imbuido de profundas e irreductibles convicciones que constituyen una fortaleza que me permite imponer racionalmente la lógica de la razón frente al imperio de lo conveniente. Me he equivocado muchas veces y pido perdón a quienes pudiera haber lesionado con ello y sin querer, pero hasta los errores me han enseñado y con seguridad afirmo, que he aprendido de ellos.

El miedo a “no lograr consensos”, la necesidad de encontrar “lugares comunes que no hieran a nadie”, y la manera de “ganarse alguito”, constituye una lacra que también tiene su propio espacio y personajes a los que he combatido. El ejercicio de un oficio como el periodismo, puede “ser rentable” y esa es una tentación que no he sentido, pero de la que he sido testigo cuando otros “tratan la noticia como una mercadería”, o registran datos que “se acomodan al momento”, usando esa no muy rara habilidad para convertir la mentira en un elemento que transformada convenientemente, y “a gusto del cliente”, resulta económicamente muy provechosa.

Por eso es que siento que hay que seguir poniendo los puntos sobre las íes,  evitando que se siga dejando en la trastienda “el fondo del asunto”, señalando a quienes naufragan en los mares de lo impreciso usando ese pernicioso lenguaje genérico y confuso que permite “tocar todos los temas”, pero sin abordar realmente ninguno.

Al cabo de tanto batallar, confieso que me siento realizado por el respeto común que tengo incluso con los que disienten de mis puntos de vista. Me he reconciliado con la vida, mi vehemencia tiene ahora sesgos de la serenidad que imponen los años, pero sin perder la fuerza y persistencia de siempre. Procuro leer intensamente cuanto puedo y escribo con pasión y diariamente. Amo a mis hijos y trato en lo posible de no cesar en la lucha por legarles ejemplos de consecuencia, un país mejor y por supuesto, un futuro posible.

Había perdido de vista las cosas que publiqué desde muy joven, un archivo incompleto daba cuenta de “toda una época de la que al parecer no quedaba ningún registro”, sin embargo, al morir mi padre hace algunos años, desalentado por el autogolpe del fujimontesinismo que golpeó castigando políticamente a cada uno de sus hijos por ser apristas, entre sus cosas, guardadas además con prolijidad y mucho cuidado y sin que nadie aparte de mi madre lo supiera, encontré en perfecto orden, mucho de lo que había escrito… confieso que desde entonces, siento que ese sólo y apasionado lector, justificó todo lo vivido y sufrido en esta actividad en la que sin duda, son más los pesares que las alegrías, pero a la que le debo tanto.