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Putín en Venezuela…

Que Rusia reconozca su presencia militar en Venezuela no debe ser entendido sólo como un gesto de respaldo político al régimen criminal de Nicolás Maduro ya que aquí, hay todo tipo de intereses en juego y una realidad que Caracas está usando en el contexto de la  crisis que vive, para capear su soledad y frenar de alguna manera y entre otras consideraciones, la deserción de miles de militares producida en los últimos tiempos.

Por otro lado, es un error suponer que este enfrentamiento en tierras venezolanas reedita el antiguo esquema de la guerra fría bipolar que muchos creen ver estos días, por el exacerbado y extremista discurso conservador de Donald Trump y la dinámica respuesta impuesta por Putín, ya que, si bien ambos «se miden«, aquí, están en juego mega-intereses económicos, los miles de millones de dólares de la deuda venezolana acumulada a Rusia, la provisión de tecnología y armamento que Maduro no consigue en otra parte, así como una serie de elementos geopolíticos que animan a las potencias imperiales en este nuevo escenario de los modernos juegos de guerra.

La presencia en tierras venezolanas de más de un centenar de soldados rusos e iraníes, el aterrizaje de las aeronaves rusas —Antonov An-124 y el  Ilyushin Il-62— en Maiquetía, el despliegue de baterías antiaéreas rusas S-300, los ejercicios militares conjuntos y un número indeterminado de “asesores” cubanos, constituyen ese ”refuerzo de la seguridad” de la que habló Maduro en algún momento,  sin contar que en realidad, el año pasado, ya habían llegado de Moscú,  dos cazas con capacidad nuclear que se sumó al impredecible número de armamento ruso en manos de Maduro, gestos que Venezuela respondió con esfuerzos por atender extraordinariamente la deuda externa rusa, aliándose tras las posiciones internacionales de Rusia y trasladando las oficinas de la poderosa petrolera estatal venezolana PEDEVESA, de Lisboa a Moscú.

Esta es también una repuesta a la amenaza permanente de USA de invadir Venezuela para desalojar al gobierno usurpador de Maduro, quien ha recibido con agrado “el apoyo ruso”, exhibiendo ante el mundo el poderío de esa potencia como si fuera propia, en tanto portavoces del gobierno venezolano –desesperadamente-, niegan la presencia de mercenarios e insisten en sostener que todo esto se produce en el marco de la constitución.

Lo cierto es que un sólo soldado norteamericano en suelo venezolano hubiera provocado la ira de la comunidad internacional y “el mundo progre” con los argumentos – por lo demás siempre esgrimidos-, que exaltan el derecho a la auto determinación de los pueblos que, en este caso, parece no importar mucho por el mutismo absoluto de la izquierda local y regional que en todos los idiomas guarda silencio cómplice ante la invasión simulada de un país que parece soñar con convertirse en una nueva Cuba con la increíble complicidad de las propias Fuerzas Armadas Bolivarianas que han tolerado la instalación grosera una base militar de una potencia extranjera en sus tierras.

Todo esto parece ser  el anuncio de lo que le queda de vida a un régimen dictatorial agónico que aspira todavía a tener largo aliento y, por ende, hecha mano de lo que le llega con tal de desaparecer todo atisbo democrático. La palabra la sigue teniendo el pueblo venezolano y su enrome capacidad para enfrentar unitariamente y sin concesiones al dictador, y ahora también reclamando que se vayan los rusos, en tanto, el concierto  mundial de las naciones que sigue apacible los acontecimientos llenos de discursos pacatos, debe decir lo suyo para no confirmar que tras el dantesco atentado contra la torres gemelas en el corazón del imperio, regímenes de oprobio y dictaduras en muchas partes del mundo, los dramas del medio oriente, las matanzas genocidas impunes en África, las  guerras y el terrorismo extremista en general, estamos ante la evidencia que estos foros no sirven, literalmente, para nada.

 

 

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