A PROPÓSITO DE LEALTADES Y TRAICIONES

El perverso antagónico en política

En tiempos particularmente duros como los que vivimos, la lealtad tiene un valor que hay que resaltar. Es una virtud cada vez más difícil de encontrar ya que está vinculada a personas que aspiran al cumplimiento de compromisos y honrar la palabra, aun cuando las circunstancias sean adversas.

La lealtad es, como ha sido definida conceptualmente,  una actitud que debe cobrar sentido desde las más íntimas convicciones porque se sustenta en consideraciones y presupuestos que deben regular la vida social de las personas, cuanto más, si éstas se adhieren a ideas o se inscriben en movimientos políticos por eso su invocación alude conductas irreprochables y a la fidelidad, nunca a complicidades malsanas.

Las organizaciones se constituyen bajo la premisa de objetivos y sus planes y programas deben estar en concurrencia con esos ideales, pero deben también, guardar relación con plataformas que a su vez deben ser el resultado de consensos en torno a lo que se llama el interés común que los agrupa, o, como resultado del imperio de la voluntad de las mayorías,  sobre todo, cuando ésta se reputa democrática.

En los últimos tiempos, hay quienes valoran superlativamente los llamados “votos de conciencia” que son en realidad, túneles de escape o mecanismos utilitarios que sirven para librarse de los compromisos de los que hablamos, una excusa, sobre todo, cuando en algún momento algún acuerdo o posición resulta incómoda o contradictoria con los intereses individuales. Por eso es que los votos disímiles dentro de los colectivos partidarios expresan en realidad discrepancias, quedando claro que cuando esto se produce, es porque estas diferencias en el fuero interno son insalvables y por tanto, incompatibles con la naturaleza del debate democrático ya que en él,  los acuerdos a los que se arriban cifran su expectativa en el concepto ulterior de defensa de la unidad y la disciplina –incluso dentro de la diversidad-, por lo que no son admitidos los votos singulares.

En tiempos en los que la política parece haberse divorciado de la decencia, las aparentes discrepancias aparecen para hacer de las suyas en el imperio del libertinaje so-pretexto de una libertad individual (con apellido de libertinaje) que, como es sabido, debilita las columnas centrales de cualquier organización haciendo imposible una posición institucional. Hay aquí varios asuntos pendientes que tienen que ver con la definición de los intereses que mueven estas opiniones y a quienes representan ya que existen casos en los que votando de la misma forma, los resultados expresan formas distintas de entender un tema y entonces allí, hay que escudriñar sobre cuáles son los apremios, motivaciones e intereses que determinan el sentido y la forma de votar en un sentido u otro, pero ese, es otro tema.

La lealtad  en sí misma no tiene nada de extraordinario por los vínculos de asociación o amistad, por eso, partidariamente hablando, requiere comprender y atender cabalmente cuál es el sentido de la fidelidad política sobre todo cuando esta se inicia como un proceso consiente de adhesión a los códigos que rigen la vida institucional y, naturalmente, a las ideas que los llevan a vincular en consecuencia a una serie de compromisos pactados como resultado del valor superlativo del mandato que representan, ratificando siempre, la expresión de las mayorías, incluso más allá de la coyuntura misma, esa que algunos usan para justificar posiciones en la que los intereses como ya hemos dicho, son los que mueven los hilos de las llamadas posiciones individuales –en estos tiempos-, llamados también de conciencia.

La lealtad requiere necesariamente de una valoración objetiva y ética que sea comprobable desde la perspectiva de los compromisos que, en términos  generales, aluden siempre una conducta de honor y respeto exigible, valores que por ejemplo Víctor Raúl Haya de la Torre propuso incorporar  a la política en medio de una práctica de servicio singular y absolutamente distante de las ventajas del acomodo, el poder por la vanidad y la suntuosidad adictiva del poder mismo, condenando ferozmente a quienes han hecho de la política, vil negocio culpable.

Así como se jura fidelidad a la Nación, a la patria, a la bandera y a la familia, prometer lealtad al partido constituye un elemento trascendente y su incumplimiento es punible desde todo punto de vista. La lealtad partidaria es la base del contrato político que se reconoce además como un mecanismo que debe regular la conducta de quienes intervienen en esa actividad, por lo que de lo dicho se colige que hay que tener mucho cuidado cuando se alude conductas leales con la facilidad gramatical de un término que es confundido habitualmente con la simple gratitud o el ejercicio cabal de las obligaciones de una profesión, arte  u oficio. Por tanto, cumplir con el ejercicio de tareas inherentes a labores habituales, o guardar confidencialidad sobre hechos conocidos, no tiene que ver con la  lealtad en sí misma, sino con el cumplimiento de deberes.

La lealtad partidaria y política tiene -en el caso del aprismo con mayor sentido-, una doble connotación, ha sido el elemento que ha distinguido al movimiento por encima de la práctica usual de la política local y ha servido como herramienta de valoración y éxito porque ha constituido el secreto mejor guardado de su resistencia  y de su presencia social, pero además, es también un instrumento para vencer al antagónico de la lealtad que es la falta de honor, vulneración anti política del sentido trascendente de la militancia partidaria y la obligación de cumplir con los acuerdos  expresos o tácitos graficadas en el sostenimiento de posiciones previamente debatidas y acordadas en el seno del colectivo, donde además, la mayoría adopta decisión que las minorías deben respaldar.

Finalmente, frente a las discrepancias insalvables, dejar de lado la conducta facciosa es difícil porque esta es motivada por un conjunto de reacciones de corte psicológicas y emocionales, pero posible en la medida que siempre existe el digno camino de la abstención, la renuncia, o el alejamiento ya que en la vida, en el amor y en la política se puede ser leal mucho tiempo y en un solo minuto dejar de serlo.

Y es que cometer un acto de infidelidad política y por tanto, faltar al honor del compromiso adquirido al momento mismo de la adhesión al colectivo, es pasar de ser leal, a ser un simple miserable, un felón, un traidor.

 

 

 

 

 

 

gráfico:frascodecitascom

¿CRISTO LE DIÓ LA ESPALDA A LULA?

Desde Río de Janeiro…

Ningún momento como este -desde el retorno de la democracia al Brasil el siglo pasado-, ha registrado tanta incertidumbre, crisis y desaliento como el que nubla el siempre acalorado temperamento carioca y su compleja realidad política.

En el Brasil –como en algunos otros países de la región-, la corrupción ha pasado a ser el signo más importante de la realidad cotidiana y por tanto, la razón de los análisis en torno al aparente debilitamiento democrático que se traslada al ejercicio de la política porque  compromete la ética pública, a líderes, dirigentes y funcionarios vinculados a la que parecía la más sólida y responsable organización de la izquierda popular latinoamericana, pero que ha terminado comprometida en un daño cuyas dimensiones tiene características de desastre moral y es incalculable, amén de llevarse de encuentro a una numerosa lista de personajes de todas las corrientes políticas.

Es de resaltar sin embargo -para desgracia de sus detractores-, que esta ola de escándalos que se han sucedido tras los descubrimientos del uso de recursos públicos y dineros ilegales que ha sacudido Brasil y complicado el ámbito de la política local, increíblemente, no ha logrado traerse abajo la aun respetable popularidad del  ex presidente Lula quien ha enfrentado al fuerte sector de la opinión pública que hace suyas estas denuncias, con la verdad de la obra pública y social desplegada por su gobierno, victimizándose además y aludiendo una venganza de la poderosa derecha brasilera “por ser el presidente de los pobres, un ex sindicalista sencillo que luchó de la mano con la gente porque el mismo simboliza la vieja e histórica lucha entre su pueblo y las oligarquías”.

Lo cierto es que tras los tensos debates en las calles y los enfrentamientos en las tribunas políticas que exacerba la gran prensa, de los contenidos de los expedientes judiciales fluye efectivamente una extraña y al parecer perniciosa concertación de intereses del gobierno del Partido de los Trabajadores y el empresariado que merece una explicación seria y que va más allá de las respuestas simples porque encubre entuertos que alentó el PT en medio de una complicada y amoral relación entre política y negocios que se sigue moviendo entre quienes se adscribieron a las ideas del hiperpragmátismo del que ha hecho gala Lula pero que es el mismo maldito populismo electorero que ha tomado por asalto a partidos de profunda raigambre popular para, en nombre del cambio y el bienestar social, camuflar –con la complicidad de partidos en el gobierno-, a nuevos  e impunes millonarios corruptos.

Sin duda que esta no es la conducta de todo el PT, pero si de una cúpula burocrática que ya no puede negar lo evidente y cuyos niveles de corrupción debilitan sus pies de lodo. Los procesos y los vínculos de actos acreditados con el propio Lula Da Silva dan cuenta de una realidad hasta ahora reservada para las camarillas de los partidos conservadores y populistas pero que golpea a la izquierda brasilera que le costó tanto desmarcarse del corrupto chavismo.

Ya ni el mismísimo Partido Comunista tiene claras las cosas en medio de una campaña electoral que se avecina en la que habrá mucho más que responder que ofrecer. Todo parece confirmar el desánimo de las corrientes progresistas respecto de la idea de otra izquierda en el poder porque son conscientes que se usó el sueño de las mayorías como Caballo de Troya para afinar una grosera maquinaria de economías y finanzas no tan santas. Es tan real y desvergonzado todo esto, que algunos de sus dirigentes ni siquiera se esfuerzan en negar los vínculos con los escándalos, aseverando que pese a todo, lo que importa, es que se hizo obra.

Será necesario algo más que saber el nombre de los responsables, cuál fue el destino final de fondos obtenidos ilegalmente para rehacer el camino andado. Tampoco son suficientes las respuestas en el correlato político y económico subsecuente con los programas de ajustes que intentan superar las tensiones del mercado, la recesión y la cada vez mayor exigencia de transparentar los actos públicos tratando –con algo de ingenuidad-, de frenar de alguna manera el dramático descrédito de los políticos que se han convertido en diminutos personajillos de tiras cómicas y sujetos de maledicencias permanentes, escondidos estos días en sus cómodos y soleados departamentos frente al  mar en Copacabana, Ipanema o Leblon.

Lo apuntado sólo describe parte de una realidad por ratos tragicómica, sin embargo, Lula sigue siendo el mandatario más popular de la historia reciente de Brasil y la izquierda latinoamericana, pese incluso las acusaciones de corrupción y la cárcel. Ensaya diversas justificaciones que van de la mano con burdas candidaturas alternativas que, la verdad, ni tienen el nivel, ni la talla de quien sigue siendo el candidato favorito y quien despierta mayor adhesión de la gente.

A estas alturas, la derecha no ha podido capitalizar como hubiera querido la situación, pero tampoco el Partido Comunista, el Partido Demócrata Trabalhista, ni el socialismo en sus diversas vertientes logran deslindar en conjunto con los actos de corrupción y les salpica responsabilidades sin esa divina aureola que protege a quien estos días llaman en las calles “San Lula”. Será por eso que el ex gobernante repite casi con cinismo que: «Si me encarcelan me convierto en héroe, si me matan me convierto en mártir y si me dejan libre, me vuelvo presidente».

Listo a volver al Perú, me detengo y miro fijamente al Cristo de Corcovado que extiende su hálito sobre el Brasil y me pregunto: ¿Hasta qué punto todo lo conocido afecta al ciudadano de a pie? ¿Tiene sentido que en nombre de los que menos tienen se pretenda justificar todo, incluyendo la comisión de delitos? O simplemente los pueblos tienen los gobernantes que se merecen. Até breve (Hasta pronto).

 

 

 

 

 

Gráfico Cuba debate.

DANZA DE BUITRES

El APRA, crisis política y el JNE…

 

 

 

La realización del XXIV Congreso Nacional del APRA realizado a finales del año  2017, re-colocó en la agenda pública el tema de los partidos políticos, la urgencia de su renovación y la comprobación de todos los esfuerzos por encontrar la ruta de la modernidad en la que el Jurado Nacional de Elecciones y la sesgada e incompleta legislación electoral vigente resultan ser algo más que un simple problema a superar.

 

Hasta la fecha, no existe un Código Electoral que haga que los pronunciamientos de la autoridad en la materia sean seguros y previsibles, ni que el propio sistema electoral pueda convertirse en un justo árbitro para resolver efectivamente los vacíos que pudieran existir impidiendo que cada cierto tiempo pareciera cómplice de un mercado persa al que acuden los derrotados para saltarse con garrocha los resultados que les son adversos, burlándose en el camino incluso de la propia militancia de los partidos.

Es altamente probable que una de las razones por las que esto viene sucediendo, tenga que ver con el hecho por el cual sean burócratas los que resuelven asuntos que no comprenden cabalmente, produciendo conflictos mayores que los que pretenden resolver como en el caso del aprismo, donde terminan desconociendo en “segunda instancia”, los resultados acreditados de las elecciones internas realizadas en su último Congreso Nacional, con el infeliz argumento de una pretendida incorrecta aplicación de procedimientos increíblemente sugeridos por quien las supervisó, la ONPE, que es el ente encargado de asesorar los procesos eleccionarios, una especie de: Te equivocas tú, pero castigo a él.

Más allá de la parte formal del legalismo planteado, queda claro que el Estado, sometido a fuertes presiones, termina formando parte de las controversias internas o haciéndole el juego en más de un caso a minorías facciosas, lobistas y mañosas cuyo ánimo reaccionario y conservador se muestra cercano a los intereses del gobierno de turno, por lo que tal vez aquí sea donde encontremos respuestas que la razón nos niega como en el caso comentado, donde una cuestionable lógica se lanza contra la clara victoria de las posiciones de la izquierda partidaria -objetivamente el antagónico del gobierno actual ya sumergido en el fango de la corrupción-, para distraer al partido del pueblo, usando una serie de exigencias administrativas que puedan “bajarle” los decibeles al discurso opositor de la CPA y cree condiciones para negociar  votos de conciencia, justo cuando debe debatirse una vez más, la vacancia presidencial.

En medio de una crisis que algunos sugieren contiene síntomas terminales, las organizaciones políticas parecen acorraladas por peligrosas campañas a las que se suma este Estado corrupto que favorece a unos con resoluciones anti-sistema por un lado, mientras por el otro, el uso de un exceso de legalismo lo convierte en una especie de Tribunal Inquisidor que termina interfiriendo groseramente en asuntos internos dizque animado por la urgencia de establecer mecanismos regulatorios que deberían haber acabado con el informalismo hace mucho tiempo, pero cuyo pretendido sistema de controles, han terminado asfixiando a los partidos, mientras un número no definido e incrementado de “nuevas organizaciones y personajes”, nadan libremente en el mundo de impunidad informal y la corrupción, en las narices de los formalísimos integrantes de una Sala Plena que se rasga las vestiduras por una coma saltada de la ley, mientras no dice absolutamente nada por los millones de dólares de origen desconocido que se entregan en efectivo, en maletines o en trasferencias a independientes y outsiders políticos.

Aquí, si bien hay todo un tema por desarrollar, hay que denunciar como el JNE pretende erigirse como juez supremo de la democracia interna de los partidos políticos y que, con esa pretensión desproporcionada, perturba el sentido de la realización misma de la política, colocando una espada de Damocles sobre las organizaciones que ahora no pueden decidir con libertad so-pena de ver retrucadas su voluntad, por decisiones de “notables” que como hemos dicho, resuelven sin ningún tipo de expertiz político o conocimiento de la “vida partidaria”, en vez de poner énfasis en la necesidad de desenredar esa tupida y mañosa madeja burocrática-legal  creada  de manera ex profesa para tolerar lo malo y ayudar a “los amigos”.

Peligroso escenario este en el que se tuercen voluntades o acomodan escenarios a conveniencia del gobierno, de un exceso de legalismo que resuelve controversias internas a gusto del cliente y que en el caso del APRA, es evidente que vulnera sus decisiones autónomas, derechos, organización y su disciplina con el infeliz argumento de “garantizar una democracia interna” que no sienten, ni conocen.

La respuesta será frontal, no admitirá contubernios y encontrará a los militantes del aprismo en la misma línea de lucha de siempre. Los festejos de los agoreros de la división se quedarán –una vez más-, con los crespos hechos porque lo que se viene resolverá el impase producido por una resolución de marras del máximo tribunal electoral cuyos pies de barro están en su sede institucional de la avenida La Colmena, su voluntad en palacio de gobierno y ahora sus manos, metidas en Alfonso Ugarte.

Esto pasará, como pasaron las crisis vividas en los años 1930, 1957 y 1980 cuyas características fueron de temer y que se llevó de encuentro incluso a  quienes desde dentro sirven a intereses facciosos del antiaprismo. Este es el fin en todo caso, de un debate que no da para más entre quienes creen que el sistema necesita contrapesos verdaderos, una organización firme en sus ideas de izquierda, con plataformas  y programas definidas, frente a los que proponen el imperio de un pragmatismo electorero sinuoso que nos ha llevado a falta de identidad y derrotas que en los últimos años se expresan en cubileteos y ese acomodo lobista que no se condice con la reclamada e inexistente militancia partidaria de décadas, con el hecho que nadie de fe de esa presencia partidaria y la confrontación con quienes no han aprendido a cantar con corrección la marsellesa, hacen tabla rasa de la fraternidad y subvierten la disciplina porque no tienen el corazón a la izquierda. Lo dicho, dicho está. Al que le caiga el guante, que se lo chante.

¡QUE DIOS NOS AMPARE!

Política, escándalos y medias verdades… 

 

Cuando la democracia es incapaz de resolver los problemas y además es signada por la corrupción, entonces la percepción de la gente se torna absolutamente negativa. Aquí surgen vitales los elementos de la conducta anti-sistema, esa que tanto daño nos hace, pero que se usa y gana elecciones.

 

Ernesto Barreda Arias, uno de los periodistas más sensibles, agudo y talentoso que he conocido en los últimos tiempos, escribe esta semana un artículo que aborda las peculiares características y la relativa veracidad de las declaraciones del postulante a impunidad total Jorge Barata -el zar de las coimas y entregas de dinero ilegal-, quien viene señalando a supuestos favorecidos por la empresa Odebrecht en ese afán de obtener ventajas ilegales en asignaciones de obras públicas y demás pillerías que funcionó muy bien por muchos años, gracias a la tremenda corrupción en la que hemos vivido.

Como suele suceder por estos lares, o la lista está incompleta o expresamente tiene sesgos que van marcando la agenda local, al punto de colocar a casi toda la clase política en “modo sorpresa”, produciendo simultáneamente un colapso tras la cual aparecen nombres de encumbrados personajes que difícilmente se podrán salvar del oprobio así sean inocentes, o la de culpables que “se mueven” para evitar que dicha lista se conozca íntegramente y sus nombres salten literalmente al «estrellato».

Desde esta lógica, el famoso líder de los corruptos, ha señalado cuál ha sido la dimensión del quiebre de las líneas centrales de la conducta de los funcionarios públicos, empresarios y ciudadanos embarcados todos en lanchas de dádivas o coimas que grafican penosamente la naturaleza de la quiebra moral que alcanzó al país y también a la política, involucrando groseramente a actores de todos los ámbitos del quehacer ciudadano que teóricamente deberían ser modelos a seguir.

En ese contexto, cuando el gato termina de despensero, la política parece convertirse en un juego pernicioso de intereses que posterga las exigencias de la gente en beneficio de la inmediatez con la que se atiende el crecimiento exacerbado del patrimonio de los nuevos ricos. Pero, ¿Dónde quedó el ejercicio moral de esa ciudadanía vigilante y la vigilancia de la prensa sobre la correcta administración de la cosa pública? ¿Todos fueron cómplices? ¿Nadie vio nada? Pues mientras la información nos sea entregada de manera incompleta, el problema subsistirá y allí ya no sólo será responsable la empresa mega-corruptora sino todos aquellos que tienen que ver con el asunto en el imperio del argumento infeliz de los que sin creer en nada, se acomodan con las circunstancias y van proclamando la desesperanza como emblema.

Asistimos a esa hecatombe que le hace el juego a este grupo perverso de aventureros y negociantes que sin escrúpulos miran al Estado como un botín a repartir y por eso, no sólo será la censura de los involucrados o el distanciamientos de quienes asoman a las puertas de este purgatorio coimero sobre los que habrá que tomar medidas. Hay que refundar la política, revincular al estado con la nación recreando los paradigmas que puedan permitir una nueva visión consensuada y de largo aliento. Vamos hacia una nueva mentalidad del ciudadano y un nuevo destino que proscriba ese mito del fatalismo  lacerante que nos tocó vivir desde la conquista, condenando alguna vez, a quienes han hecho de la política –como decía Haya de la Torre-, vil negocio culpable.

Cuanta falta hacen hombres de la talla del propio Haya de la Torre, Víctor Andrés Belaúnde,   Ramiro Prialé, Luis Alberto Sánchez, Luciano Castillo o Alfonso Barrantes -por poner solo algunos ejemplos-, personajes que hicieron de sus vidas emblemas de desprendimiento y servicio en donde la ética y la moral eran una constante y no una quimera, ese surco maldito por el que saltan los tramos de la historia los miserables de siempre.

Será muy difícil sin embargo, evitar que los improvisados y los mercantilistas aprovechen este escenario para empoderarse y lograr el triunfo con banderillas antisistema, antipolítica o antipartido. Una dura batalla nos espera en el ánimo de quienes están dispuestos a dar la pelea. La frase que encabeza ese artículo tiene un hondo contenido emocional, es verdad, pero más que una invocación religiosa,  alude una expresión colectiva de quienes construyen Nación en la idea de una patria culta, justa y libre, ideal que ahora parece un sueño divino, pero que como relata y constata la historia, con la respuesta organizada de las mayorías, es un valor al que nunca deberíamos renunciar, menos ahora. Amen.

 

GráficoInternet conceptodedefinición

EL PLAN MACABRO DE TRUMP

 

Fue un error suponer que la caída del muro de Berlín significaba el fin de tiempos de intolerancia y segregación. Entonces finalizó una época de miseria humana, pero hoy, nuevas murallas ofenden nuestra conciencia y la dignidad del mundo libre.

 

Irónicamente es en Norteamérica donde confluyen histórica y biológicamente una inacabable diversidad de etnias y culturas que han producido la proeza humana del desarrollo, característica que venció la agreste naturaleza, impuso la inventiva, el coraje y diseminó ese ánimo perdurable de valores teóricos de una pujante sociedad americana cuyos inmigrantes buscaron la prosperidad basados en el deseo de “un mejor lugar para vivir”, pero que lograron el objetivo finalmente, edificando esos sueños sobre los escombros sangrientos de una anterior, vasta y también rica cultura originaria a la que exterminaron como en casi todas las rutas colonizadoras.

Tal vez por eso, y más allá de las explicaciones económicas y políticas, hay una especie de negación permanente al origen mismo de este país cuya clase gobernante reclama respeto por derechos que no respeta, que exige autonomía que vulnera en otras tierras so pretexto de esa voluntad imperial y omnipotente que tiene que ver más con la lógica abusiva del poderoso viejo Tío Sam, que con el culto al trabajo y el desarrollo de la mayoría de su pueblo.

La intensa vida social de sus ciudades en crecimiento sigue discurriendo entre el derecho a la paz, al trabajo y a esa búsqueda de oportunidades que irónicamente por otro lado, le son negadas abusivamente “a los recién llegados”. Entre cincuenta y sesenta millones de hispano-hablantes son gente discriminada racialmente, en salarios, condiciones de trabajo y seguridad pese constituir y contribuir como parte importante y real de esa construcción histórica de una nación que solo pareciera reflexionar cuando sufre dramas como la guerra de Vietnam, o los dramáticos y condenables sucesos del 11 de setiembre del 2001.

Un país que se hizo de inmigrantes no puede permitir el cinismo de un gobernante que los persigue amenazando sus derechos humanos, de un excéntrico millonario que parece haberse declarado la guerra así mismo mirándose en un espejo. La intensa polémica que dividió la política de los últimos tiempos por el problema de los inmigrantes (léase también ilegales) ayuda a entender el por qué este es un tema central en los estados unidos y porqué sucesivos gobiernos han tratado de generar políticas de apoyo e incorporación gradual e inteligente al aparato productivo y legal norteamericano de “nuevos ciudadanos”, sin perjuicio de una minoría que reclama “cerrar fronteras” y crear muros de contención punibles y físicos dizque para evitar el ingreso de ilegales bajo el pretexto torpe y simplista que hay muchos y les quitan el trabajo a los jóvenes norteamericanos. (¿?)

En este contexto, la propuesta del gobierno de Donald Trump sorprendió primero y  despertó suspicacias luego, ya que la naturalización de los “dreamers” es saludable y resolvería parte de un grave problema social, sin embargo, dicha idea vino con una carta bajo la manga, una amnistía en masa que, aunque favorecerá más o menos a 690.000 jóvenes inmigrantes protegidos de la deportación por la llamada ley DACA, estos no podrán reclamar jamás derechos adicionales, o solicitar estatus legal de familiares, en tanto en contraparte, se otorga veinticinco mil millones de dólares al gobierno para una mayor seguridad fronteriza que, naturalmente, implica el actual o futuros “muros” y una serie de medidas mucho más restrictivas, severas  y punibles contra la inmigración, toda una vergüenza.

Persecución encubierta han gritado los opositores, propuesta sensata han retrucado los gobiernistas, lo cierto es que quien hasta hace poco usó del lenguaje procaz para referirse a “los extraños” y propuso frenar totalmente la inmigración, no genera los grados de confianza que se requiere para generar consensos. Eso explica la alerta desatada sobre esta estrategia republicana que aspira a destruir el hasta ahora consistente sistema legal de inmigración norteamericano, incorporando una amnistía que encubre otros fines con claros  componentes criminales que van incluso en la misma lógica nazi de la defensa de “la pureza de lo propio y el exterminio de lo extraño”.

El gobierno del gigante americano pretende un escenario ideal para leyes más duras que en otras circunstancias le sería muy difícil lograr. Por eso la incorporación de un grupo de inmigrante suena y se ve bien, versus el cierre objetivo de las fronteras reclamando el principio de américa para los americanos, lo que nos devuelve a la reedición de tiempos en los que quienes gobernaban, lo hacían en nombre de la propiedad del mundo y su único protagonismo en la historia.

No será fácil esta vez para los ultra conservadores norteamericanos que creen que la historia americana empezó con Abraham Lincoln lograr estos objetivos encubiertos. Olvidan que aun retumba el grito ancestral de las culturas nativas, originarias y anteriores que siguen reclamando por naciones exterminadas gradual y miserablemente en medio de esa fiebre colonizadora cuyo espíritu de abuso parece no haber acabado y que, si bien los ciudadanos estadounidenses van haciendo conciencia sobre la realidad en la que viven los inmigrantes, se va imponiendo la necesidad de pronunciarse en voz alta sobre la realidad que los envuelve.

Donald Trump no deja de meter la mano en el mundo árabe, mantiene solapadamente un discurso colonial en pueblos enteros del África, condena la falta de supuesta libertad en china pero en privado negocia, declara valores democráticos contra regímenes de oprobio, pero al criminal gobierno chavista en Venezuela no aplica medidas tan severas como las que USA mantuvo contra cuba por décadas, juega con su socio nor-coreano a la guerrita nuclear para distraer al mundo mientras construye un muro de vergüenza.

Hay quienes no terminan de entender que quienes llegan a estas tierras no van necesariamente tras Walt Disney, ni el ratón Mickey. Tampoco llegan para vivir permanentemente en los impresionantes parques de diversiones y los ensueños de Orlando, sino que llegan tras ese bendito “sueño americano” que nos ha vendido el sistema y que está lleno también de desencanto, mucho trabajo, privaciones y sufrimiento con el que los inmigrantes se ganan la vida, ayudan a los suyos en los más recónditos parajes del mundo aspirando al justo derecho a una ciudadanía, circunstancia que debería resolverse de una buena vez y sin hipocresías.

 

 

Gráficos Internet: elfinancieromex/visadoamericano

 

REALIDAD Y PRESENCIA VITAL EN LA ARGENTINA

Alegato por la política desde Buenos Aires… 

Cartelones gigantescos, banderolas, bombos, slongans y una grita inacabable, eran el marco de una impresionante manifestación popular de varias cuadras que cruzó el primer día laborable del año las calles Roque Saenz Peña y Maipu, en pleno corazón bonaerense, dejando constancia de cómo es que vive la política, de cómo su activismo sigue manteniendo su esencia y cómo su presencia en cada una de las exigencias sociales, mas allá incluso del drama de la corrupción, aclara que por lo menos aquí, en la Argentina, la política no ha muerto.
Y es que a estas alturas, nada de lo que prometió Mauricio Macri, el presidente de los argentinos, se va cumpliendo a pesar de los esfuerzos por ordenar la caja fiscal y «recuperar» todo lo que se llevaron los pillos de todos los niveles que estuvieron antes. Pero el problema es que los problemas de la gente, el día a día no espera. Sus tremendas ofertas electorales han terminado siendo mas de la misma demagogia con la que los Kirchner​ gobernaron la Argentina y ya no es suficiente decirle a la gente que espere «porque están investigando», ya que entre ambos períodos, parece no haber mayores distingos que no sean los decibeles de los escándalos de corrupción con los que se amanece últimamente.
Aquí, la crisis es fatal, los despidos laborales son masivos, la falta de servicios públicos de calidad, el crecimiento descontrolado de la  inflación y el impuesto a las ganancias que pagarían los trabajadores siguen siendo un fantasma que recorre la nación con un garrote entre los brazos, mientras el poder adquisitivo del inadvertido argentino común se desploma diariamente sin que al parecer, los políticos formales puedan hacer algo realmente importante.
Y es que la respuesta al populismo, al asistencialismo y al despilfarro Kirchnerista de décadas terminó siendo un “cauteloso proceso de protección de recursos sin tiempo definido” que se anida en el otro extremo, en el neo-liberal, ese que gobierna hoy con los grandes imperios comerciales -tal como ha sucedió en el Perú-, garantizándoles negocios, usufructo y el beneficio frente al interés de las grandes mayorías.
Esta Argentina que acabo de visitar gracias a la invitación de un grupo de las juventudes peronistas, para abordar los problemas de los partidos en la región, me ha permitido observar al cabo de unos años, como este país parece no ser más la gran esperanza Latina, como sus ventanas no miran mas a Europa y son las fuentes del control financiero norteamericano las que inspiran a sus actuales gobernantes que han terminado administrando el colapso de siempre, esa crisis de la que hablan las estadísticas oficiales mostrando un país en donde todo se cae, el consumo, las ventas, el mercado en general y la esperanza, hasta que dentro de algún tiempo, además, el millón de puestos de trabajo y las alzas encubiertas de los servicios públicos sean parte de ese escenario dantesco en el que incluso la reducción de la pobreza, también será un cuento mas.
Frente a esta realidad, tampoco parece aportar nada nuevo el viejo peronismo hoy diseminado en una suma de minorías que, pese a contar con una fuerte presencia en la base social y en el Congreso, no ha podido (o querido) marcar la agenda, ni imponer un proyecto nacional de desarrollo. Pero si bien no hay manera de entender la historia argentina de los últimos tiempos sin la presencia rectora del pensamiento y la obra peronista, de su aporte social y laboral, y del ánimo de trascendencia impuesta por Evita -el paradigma mas importante que registra la política contemporánea en esta parte del continente-, en este país se le sigue invocando como si no hubiera muerto, como si su sólo nombre representara la fuerza de la raza, esa razón que se condensa en las múltiples notas (mezcla de súplica y resignación) que escriben los pobres en su tumba  reclamando: «…si tu estuvieras Evita, esto no pasaría».
La gente espera y exige una respuesta que les hable del fin de la era del neoliberalismo, del futuro y la esperanza encarnada en un nuevo y pulcro rostro de la política. El gobierno con sus limitaciones hará lo poco que pueda, pero el peronismo, el verdadero peronismo, aún espera. Hay que frenar las voces que siguen alentando a Cristina sobre el movimiento sin tener en cuenta la necesidad de una capacidad confluyente y unitaria sobre el país, de esa nación que quiere dejar a atrás épocas en las que se tiñó de sombras y acusaciones el emblema peronista.
A meses de haber conquistado el gobierno, Macri es un presidente desgastado que aún cuando sigue convocando a la unidad argentina, su discurso discurre por un lado y sus obras por otro, mientras su gestión reprime las presiones sociales negando al pueblo organizado que es una realidad y el peronismo un activista, una constante tangible.
Vistas así las cosas, si el peronismo no logra despercudirse del “marasmo” en el que lo envolvió el menenismo-Kirchner​ista  y asume un liderazgo real que le permita recuperar el paso y el peso en los sectores populares y la protesta a cortísimo plazo, entonces, estaremos condenado a que pronto aparezca un «outsider», un «don nadie» esos que como en América latina nos han llevado al despeñadero de la improvisación aprovechando el desaliento de los jóvenes y los mas pobres que son las mayorías.
Escuchen a los viejos peronistas y a ese nutrido e importante grupo de jóvenes que siguen marchando al compás de los nuevos tiempos pidiendo simbólicamente que la marcha peronista, para que suene fuerte y siga siendo vital, debe tener una mejor melodía, pero de paso, un nuevo, mas fuerte y mejor liderazgo.

LA LARGA MARCHA APRISTA

Respondiendo a infantiles y conservadores

La coyuntura nos sumerge en lo menudo y nos aleja de lo trascendente, por eso resulta pertinente insistir, una y otra vez, en ese esfuerzo permanente por construir partidos afirmando la naturaleza de sus objetivos. Tal vez el APRA sea un ejemplo a seguir, en clandestinidad o legalidad, las tareas han sido siempre formativas, de educación, sembrando futuro en tierras infectadas de banalidad oligárquica, avidez caudillista y dictadura.
Veamos, desde la fundación del Apra, a inicios del siglo pasado, va corriendo casi una centuria y lo que ese Frente representa sigue siendo una constante aleccionadora. Se puede estar a favor de su actuar, o en contra, pero lo que no se puede es negar su presencia y el que siendo un movimiento de Izquierda, sabe afirmar su presencia en la historia Indoamericana, convirtiéndose en baluarte en la defensa de la libertad, mostrando una copiosa obra social imbuida de claridad ideológica y haciendo gala de notable coherencia política que no significa la ausencia de desencuentros y hasta miradas contrapuestas.
Pero este panorama de objetivos definidos políticamente hablando, es escuela, un signo de trascendencia  que diluye lo que separa a los dirigentes y una garantía de preeminencia aun en el más complicado de los escenarios. Tras la muerte de Haya de la Torre, el fundador del APRA, ocurrida en agosto de 1979, una sucesión de crisis marcaron todos los esfuerzos por renovarse y la fidelidad a las ideas del conjunto de fundadores del aprismo auroral permitió sortear los avatares y superar exitosamente las contingencias hasta renovarse el partido mostrando en aquel momento con el liderazgo de Alan García, una sólida presencia en medio de una realidad complicada y angustiante.
Es desde esta perspectiva que «la línea del aprismo» mantiene un eje central desarrollado por los textos en conjunto de Haya de la Torre, sin perjuicio de lo cual destacan «Por la Emancipación de América Latina, El Antimperialismo y el APRA», «Política Aprista» y un documento que hay que revisar con sumo detenimiento llamado «Después de la Guerra Qué» porque constituyen expresiones avanzadas del pensamiento hayadelatorreano cual visionarios tesoros de las ciencias sociales y la evolución de la ideas políticas contemporáneas.
Ya en el presente siglo, es vital la presencia de Haya de la Torre, su talla moral y su pensamiento que en conjunto   constituye un paradigma aún en pie que hace frente al éxito momentáneo de aquella intensa campaña del neo liberalismo ideológico de finales del siglo XX que proclamó el llamado fin de las ideologías y del ocaso de los partidos políticos, tesis que han producido confusión y generaciones de jóvenes distantes y ajenos que rechazan a la organización de los movimientos políticos con una exacerbada renuencia a militar en ellos.
Por otro lado, el bajo nivel de análisis y debate en el campo de la realidad política, es el colofón terrible de una crisis a la que se suman sombríos personajes de esos tiempos infiltrados en todos los partidos, quienes con una superlativa visión de la coyuntura y el manejo mercantil, marcan el compás de una realidad política tragicómica por la cual –corrupción e impunidad de la mano-, se devalúa el ejercicio de la política en esa canallesca visión por la cual la historia es lineal y propone un registro oficial que va de una elección a otra, de una campaña a otra, de un candidato a otro saltando presidentes, inauguraciones de obras, etc.
Ese es el nivel de desinformación y confusión que sigue siendo el drama y hace necesario generar corrientes de renovación que forme ciudadanos, que impulse la organización política y renueve la política volviendo a convertirla en un mecanismo de servicio, precisando y definiendo ejemplos como el caso del APRA, donde sus nuevos paradigmas están permitiendo relanzar ese aprismo nacionalista de Víctor Raúl Haya de la Torre que con un discurso concurrente del siglo XXI ha vuelto y condena el desviacionismo electorero que niega la esencia revolucionaria del frente de trabajadores manuales e intelectuales que fundó y cuya tarea histórica además, sigue siendo la organización y liderazgo de la lucha antimperialista, la captura del poder, el cambio , la defensa de las libertades y el imperio de los derechos ciudadanos en una democracia con justicia social.
Ver:.  http://horizonte-posible.com/el-utimo-coletazo-conservador-en-el-apra/

       http://horizonte-posible.com/no-hay-aprismo-sin-trabajadores/

       http://horizonte-posible.com/?s=VIGENCIA+DE+HAYA+DE+LA+TORRE+

DE NUESTRA IMPUNIDAD…

Comentario en la página de Ernesto Barreda Arias:
En el momento que los ciudadanos asumen conductas concesivas, laxas o permisivas respecto de la ética y la moral pública (según el lenguaje o la situación que más acomode), entonces toca fondo, porque a partir de ello comienzan a perdonarse uno que otro «pecadillo», uno que otro «desliz», uno que otro «acto delictuoso».
Hay de aquellas sociedades en donde de lo que se trata es que «las cosas no se noten» porque dicen que dios (no se cual realmente) perdona el pecado, pero lo que no perdona, es el escándalo. 
Que el imperio de la impunidad no triunfe.

JARANAS LAS DE MIS TIEMPOS Y MÚSICA, LA NUESTRA CARAJO…

A Roberto Meza, criollísimo compañero y amigo.

Dicen que a la música criolla se le celebra un día que, sin asociación malsana,  también es “de las brujas”, yo sin embargo, aprendí a celebrarla diariamente sin saber cuándo mi sentido mestizo y el talento  por la música poco afortunado, se hicieron una sola. Sin duda, ayudaron esos interminables encuentros llenos de nostalgia y alegría con la que espíritus libres de todas las edades se dejaban al destino en medio de melodías del alma e inconfesables jaranas que tuve el privilegio de disfrutar.

criollo

 

Fuente gráfica: Internet

UNA REPÚBLICA, DOS MITADES

La compleja suerte de la independencia de Cataluña…

«… Tal vez el drama de Cataluña no sea haberse independizado o pretender hacerlo, sino, soñar que eso ha sucedido en medio de una terrible división que paraliza y sumirá en pérdida económica a la región, distraerá los proyectos de desarrollo de España y hará que recaiga graves responsabilidades entre quienes ya creen vivir en una nueva república, respecto de la otra mitad que afirma mantenerse en la antigua.  Dios salve a España y proteja a Cataluña».

Cataluña horizonte posible