GANO EL POLITICO JOVEN DE LA VIEJA GUARDIA

México vuelve al PRI

Cuando el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) de México da cuenta del virtual éxito electoral del Partido Revolucionario Institucional (PRI), renovado aparentemente desde una práctica interna que rompe además con su vieja visión autocrática de pretenderlo “todo para él”, y al que suma una mayoría cualitativamente mejor con su alianza con el Partido Verde, un nuevo panorama asoma frente a la realidad en el que el importante porcentaje de los partidos de izquierda, la derecha quedaría rezagada a una merecida minoría tras casi una década de fracasos.

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La enorme perspectiva de estos resultados electorales hace razonable que hablemos –tal como lo hacíamos en el artículo anterior donde hablamos del triunfo priista-, de una enorme esperanza popular depositaba en un partido que no puede darse el lujo de equivocarse nuevamente y que, está obligado a garantizar nuevas condiciones para redefinir el rumbo de México hacia el desarrollo y la prosperidad de su gente.

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Si bien, los resultados podrían modificarse hacia el final del conteo, pareciera que también en el Senado, la tendencia se mantendría y la derecha expresada en el PAN, reduce su presencia, dándole la alianza de las fuerzas progresistas, la gobernabilidad que necesita el país de Emiliano Zapata, de “Pancho” Villa, de la vieja Revolución Agrarista y su Constitución de Querétaro, del  Partido de la Revolución, del maestro José Vasconcelos, de  la enorme fe cristiana expresada sin dudas en la Virgen de Guadalupe, entre tantos otros personajes del arte y las ciencias de  todos los tiempos que son parte del “alma” mexicana.

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No cabe duda que el  PRI del que hablamos en estos días, ha superado en parte y visiblemente, los estragos del imperio de la corrupción y el agotamiento de un discurso populista al que sumó el fraude como un mecanismo oficial de triunfo que infectó un sistema electoral que el mundo miraba como parte de una involución a la neo-dictadura. Y es que, si el poder corrompe, es verdad que el poder absoluto corrompe absolutamente; verdad que el PRI sufrió de manera directa. Por eso es que lograr desprenderse de una generación pasmada en medio de la crisis del autoritarismo,  el narcotráfico, la corrupción y la impunidad no ha sido una tarea fácil para las bases del PRI cuya batalla aún continúa.

En esta misma línea, el hoy presidente Peña ha sido “acusado” de ser producto de la formación (o mal formación) de la vieja guardia del PRI, sindicada a su vez, de ser  titiritera de manejos no tan santos en anteriores administraciones priistas. La verdad es que la respuesta frente a estas denuncias no se condicen con las imputaciones de los acusadores ya que han sido contundentes.

Deslindar frente a la corrupción y convocar para comprender en un proyecto común a otras organizaciones –incluyendo al Partido Verde-, constituye al decir de los analistas, elementos que marcan  diferencias sustantivas con las viejas prácticas de complicidad y totalitarismo por las que el PRI perdió las lecciones tras más de 70 años en el poder, al mismo tiempo que, la presencia de movimientos ecologistas en el entorno del nuevo partido, muestra como se asume el drama del ecosistema y la necesidad de defensa del medio ambiente como tareas de primer orden contra las que se pronunciaron algunos dinosaurios opuestos a la candidatura del hoy, virtual presidente, de lo que resulta que efectivamente, Peña es el político joven de la vieja guardia no corrupta que anhela que el PRI no muera y preserve los valores y principios de la revolución mexicana de 1910 que inspiró la fundación del partido.

Por eso es que cuando hay quienes solo resaltan los votos del “ángel cautivador” que es como definían a Peña, por haber “encandilado” a millones de votantes, hay que decir que el voto representa en esencia una expresión  contra la derecha, su gobierno, el incumplimiento de sus ofrecimientos tras la caída del PRI y en contra de la violencia, el narcotráfico y la falta de empleo que son en estos días una trágica y constante realidad.

¿LA REVOLUCION MEXICANA VIVE?

El hoy presidente gano la iniciativa pretendiendo que los ciudadanos “estén seguros” que cumpliría sus promesas al firmar ante notario los compromisos asumidos en la campaña. Tal acierto sometió su palabra a la garantía de una formalidad que parecería una innecesaria pose electoral, pero que sin embargo la ciudadanía ponderaría tras años de engaños y promesas incumplidas groseramente por la clase política.

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Atrás van quedando los candidatos y las propuestas impopulares impulsadas por la derecha y sus candidatos inflados en campañas millonarias en los que la popularidad, tiene una relación con los millones invertidos en publicidad. La derecha  retrocede tras el fracaso del neoliberalismo ideológico y la imposición de una nueva forma de hacer política en el que la Izquierda, sobre toda la lideraba por Andrés Manuel López Obrador, pareciera comenzar a entender que sólo una alianza nacional de partidos progresistas podrá acompañar las tareas de cambiar México de cara a la realidad del nuevo milenio.

Nadie puede asegurar que los saldos de tiempos en los que imperaba una democracia singular y autoritaria hayan concluido definitivamente. Lo que es seguro es que las corrientes “totalizantes” no van  más y no van más tampoco quienes insistan en “viejas costumbres” como ha sostenido Peña.

México necesita además -como casi toda América Latina y Centroamérica-, una nueva visión de las comunicaciones a partir de una redefinición del rol de los medios de comunicación que siguen interfiriendo en los procesos electorales creyendo ser “un poder más” que usan de instrumentos de manipulación como las encuestadoras, en ese empeño de decidir el destino de la patria, cumpliendo mandatos de los grupos de poder económico.

Por todo ello ha hecho bien el PRI en releer su historia, sus orígenes populares, en volver la mirada a los valores y principios que dieron fortaleza y vigencia a la revolución mexicana expresada fundamentalmente en su constitución de Querétaro y  en relanzar su discurso nacionalista combinando -como en el Perú lo hizo Alan García  con el APRA desde la década del 80-, el hilo conductor de la gran historia del viejo partido, con un movimiento moderno, diligente, portavoz de  un discurso que exprese la voluntad de los forjadores de la patria pero con las innovaciones  de la revolución de la ciencia  y el conocimiento  que obliga a un perfil nuevo de dirigentes eficientes y  capaces de convocar, para incluir, a todos aquellos que coincidan con esa noción de país que desde la modernidad nos impone los nuevos tiempos.

Es hora de poner en marcha y dinamizar al viejo Estado, de impulsar reformas estructurales sustanciales que permitan, desde la perspectiva de la modernidad,  el ingreso de capitales privados sin abandonar las líneas matrices de una economía social que mantenga políticas públicas que garanticen la adecuada y oportuna  atención de los servicios que los más pobres requieren.

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El triunfo del PRI no ha sido fácil. Pero más difícil será mantener la popularidad con una gestión ejemplar, si acaso eso es posible. Contra él y su candidato se deslizaron imputaciones graves que aludían vínculos con ex gobernadores corruptos y el narcotráfico, información que todo indica habría salido de las más altas esferas norteamericanas.

El tiempo dirá como  el partido de la primera revolución social no comunista del siglo XX,  expresada ahora en el nuevo PRI,  toma la posta, asume el reto y está dispuesto a cumplir con el pueblo para la realización de la justicia social y el desarrollo del país, sabiendo, como sabe además, que el éxito electoral que acompaña al compromiso del político joven de la vieja guardia, contiene una cláusula que condiciona su respaldo, a la necesidad de romper con el pasado nefasto e iniciar un tiempo nuevo en el que nunca más impere la corrupción, ni se burle la voluntad popular.

LO QUE NOS COSTÓ EL TERRORISMO

No todo tiempo pasado fue mejor….

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Hay cosas inexplicables. Hemos sido notificados cómo una desprevenida ministra ha permitido que un grupo de infiltrados en una facción del sindicato magisterial inicie una serie de negociaciones con su sector, al mismo tiempo que toma las calles, produce violencia y ha paralizado por buen tiempo las labores educativas en sus zonas de influencia.

Esta no será una crítica política, es una severa llamada de atención ciudadana en torno al terrorismo y de cómo la mal entendida democracia permite, por dejadez, torpeza o simplemente vocación suicida, que los subversivos se reagrupen, usen la lucha sindical como mecanismos de presión y sorprendan a la población con reclamos sindicales con una visible aureola terrorista.

El terrorismo es un flagelo que expresa violentamente formas vergonzosas y crueles de lucha política. Hay quienes la han descrito como una ruta al descontrol sobre la base del desprestigio del sistema y  la anarquía como escenario ideal para la consecución de objetivos puntuales.

La naturaleza  degradante de su uso, va de la mano con sus objetivos que usa de varias otras formas intimidatorias por las que se pretende imponer de forma estructurada y generalmente planificada, el imperio de una voluntad minoritaria en nombre de valores éticos y morales, cuando no, por objetivos políticos y religiosos, justificados además por el desencanto de los ciudadanos por el abandono de sectores sociales o la inconducta de dirigentes, gobernantes y lideres.

Hay quienes además han definido el terrorismo como una “guerra no declarada” y esto se ha prestado para terribles confusiones en las que simples y vulgares delincuentes, revestidos en el ampuloso y genérico derecho humano, aparecen como “partes beligerantes”, peligrosa definición que es usada para asignarles, sin tener derecho, determinados derechos derivados de las convenciones internacionales sobre la guerra que exigen y no respetan.

Está probado que una de las principales preocupaciones de los terroristas está en lograr un estatus de perseguidos  o rebeldes políticos, con lo cual pretenden legitimar sus acciones violentas. Por eso su labor propagandística es intensa y muy cuidadosa, al punto que todos y cada uno de sus actos están precedidas de  argumentaciones románticas e idealistas.

Lo cierto es que los efectos del terrorismo han sido vividos intensamente por nuestra patria y, tras más de veinte años de agresión permanente en el marco de una interminable espiral de violencia vivida, miles de millones de pérdidas, zozobra y muerte constituyen el saldo dramático de una infamia que la sociedad entera respondió y venció unitariamente.

Los analistas tienden a sublimar los objetivos de quienes aplican la violencia como si lo uno y lo otro fueran dos partes no interconectadas. La verdad es que aún cuando las causas de la violencia tengan validadas y dramáticas explicaciones como la miseria y la exclusión, la agresión a ciudadanos y pobladores inocentes, así como la pérdida de la vida en manos asesinas, deslegitimizan cualquier pretendida lucha social.

En contraposición de lo expuesto es verdad también que la historia de la humanidad está llena de ejemplos de gloria de quienes en nombre de la libertad y la justicia pusieron el pecho, mostraron el rostro y dieron sus vidas en nombre de un futuro mejor y no, de simples y burdos mercenarios que encubren actividades ilícitas como el tráfico de armas, la extorsión política y uso de dinero del narcotráfico.

Es conocido el doble juego de algunos países en este asunto. O financian guerras y movimientos para imponer determinados regímenes adeptos a sus intereses comerciales, o alientan la oposición – incluso armada-, a gobiernos que le son adversos financiera o políticamente.

Está dicho y es una verdad no negada, que la guerra es el doble juego de quien necesita la crisis para vender o imponer algo y el terrorismo sirve a este objetivo promoviendo una guerra muy difícil de contener debido a su naturaleza  no formal, que evita la confrontación directa, el combate directo y usa de la sorpresa, el  sabotaje, y la emboscada para cumplir objetivos propagandísticos  o selectivos.

Está acreditado que el primer objetivo del terror es infiltrar, agrupar y movilizar a sectores a los que bajo banderas  reivindicativas puedan llamar la atención y generar determinado nivel de problemas al gobierno, mostrarse fortalecidos y reasumir la violencia como mecanismo de imposición de una falsa ideología.

No existe terrorismo sin violencia y la violencia es siempre el mejor argumento del terrorismo. Su uso es indiscriminado y cuando lesiona a víctimas inocentes genera incertidumbre e infunde terror que en el Perú, felizmente, nos unió hasta ganarle la guerra ideológica, política y militar.

Lamentablemente en los años siguientes, el Toledismo (expresión urbana de la criollada política) promovió una llamada “flexibilización de la legislación antiterrorista”, cubriendo con un manto de falso sentimiento de humanidad la excarcelación de reconocidos terroristas, sin perjuicio de los efectivamente de inocentes e injustamente encarcelados.

La falta de comprensión cabal de este fenómeno permitió desde entonces que nos acostumbráramos a convivir con “remantes del terrorismo“ que tras un intensa labor política, se reagrupa y desarrolla una nueva estrategia en la que, aliada con el narcotráfico, “liberara” zonas que constituyen sus principales bastiones, en tanto los terroristas que alcanzaron la libertad, en la misma lógica del uso de los espacios que la democracia y la legalidad les brinda, vuelven a  actuar ante la mirada de quienes hasta hoy los siguen subestimando.

En el Perú, los terroristas fueron confundidos con abigeos y eso nos costó casi dos décadas expresadas en millones de dólares de pérdidas y miles de vidas humanas. Por si no lo recuerdan, la cosa empezó en una universidad con un minúsculo e intrascendente grupo llamado “Por el Luminoso Sendero de José Carlos Mariátegui que luego se infiltró en algunos sindicatos -sobre todo en la carretera central-, y finalmente, a través del boicot, el secuestro, el asesinato selectivo y la bomba artera, puso en jaque al país por largos y terribles años… todo lo demás es historia reciente y conocida.

A este respecto sería bueno que el gobernante de turno, en su doble condición de presidente de los peruano y militar, cuando acabamos de conmemorar un aniversario más del atentado de la calle Tarata, en Lima, se diera un tiempo para recordarle a sus ministros, sobre todo a la ministra de educación, que acaba de darle tribuna al senderismo encubierto en una facción del sindicato magisterial, lo que sucedió en el Perú y cómo todos los peruanos sufrimos sus embates de muerte en una larga historia que todo indica aún no acaba. Una vieja frase refleja el momento político: No hay peor ciego, que el que no quiere ver.