¿QUE BUSCAN?

Innecesaria delegación de facultades en Interior y Defensa…  

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Tras una maratónica sesión congresal que contó con la presencia de los ministros de ambos sectores, la mayoría compuesta por el gobierno y sus aliados logró aprobar los siete puntos consignados en la solicitud de otorgamiento de facultades requerida por el Poder Ejecutivo para  elFortalecimiento y Reforma Institucional de los sectores Interior y Defensa.

Esta “victoria”, con marcado sabor a derrota por la falta de argumentos y una estrecha votación que separa los votos a favor y en contra -pese a la insistencia en las motivaciones patrióticas de su iniciativa-, trae a la mente una reiterada y permanente vocación gubernamental de intervención (ahora y antes)  en algunas institucionaes vitales para la patria y a la vez, ha producido una controversia mayor para el gobierno del presidente Humala, ya que al decir de los principales voceros de la oposición, cada uno de los temas requeridos podrían -y de hecho pueden-, ser abordados sin necesidad de aprobar una petición de facultades a tramo forzado, que hace la diferencia entre la imposición de una pretensión gubernamental que pone en evidencia la incapacidad de conquistar consensos a partir del diálogo, y una aún no muy bien esclarecida“necesidad” de legislar con tufo grosero a intervención en la que de seguro, además, de no conseguirse los objetivos anunciados, más de un operador político del gobierno, sino es el propio Ollanta, saldrá magullado.

Por 90 días y tras la aprobación comentada, el gobierno podrá intervenir directamente en temas de Defensa Nacional y Seguridad Ciudadana como si no hubiera podido dictar medidas concretas para superar los problemas en ambos sectores, precisamente en virtud a atributos gubernamentales inherentes a su condición de tal, poniendo en evidencia la total y absoluta falta de iniciativa durante todo el año en el que el humalismo va de tumbo en tumbo, gobernando el país.

Queda claro que la negativa a este requerimiento tiene que ver más con la falta de credibilidad del gobierno que con los temas propiamente dichos, ya que cuando un gobierno como el que tenemos, trata sucesivamente de introducir contrabandos en los debates para aprobar propuestas como la de la llamada policía voluntaria, entonces resulta absolutamente complicado lograr niveles mínimos de acuerdos, cuando más, si para sustentar sus peticiones, se recurre al argumento de unainexistente necesidad de complementar reformas como los de la llamada modernización de las Fuerza Policiales, el Discamec, la implementación de unanueva política salarial en las Fuerzas Armadas, el control de insumos químicos, el reclutamiento de personal militar, y, de pasadita, el destino de la Caja Militar-Policial que toca fibras íntimas de la deuda pendiente con miles de familias peruanas que ven con suma preocupación el futuro incierto de las magras pensiones que perciben.

Lo que ha quedado más o menos claro tras lo sucedido, es que no existe ninguna urgencia o extrema necesidad para el otorgamiento de estas facultades, ya que modernizar instituciones, mejorar las condiciones del trabajo de otras, controlar los materiales usados por el narcotráfico, entre otros, no requiere sinó, la firme decisión  del gobierno de impulsar medidas puntuales que puedan concretar planes y programas (si acaso existieran) en torno a las propuestas mencionadas, claro, sin que de por medio existiera la pública inestabilidad gubernamental que producen los ceses y nombramientos sucesivos de hasta cuatro ministros, en menos de un año.

La idea es delegar cuando existan temas técnicos que así lo requieran, cuya especialidad además lo justifique y que por su naturaleza generen los suficientes consensos públicos para poder encargarle al gobierno que resuelva el tema por la naturaleza de su especialidad o carácter sin abdicar de las facultades del parlamento, y no, como sucede ahora, cuando lo que se pretende realizar por delegación es perfectamente posible a partir de un debate congresal priorizado o de iniciativas gubernamentales que por cierto nadie imagina, ni ha visto durante el tiempo que lleva esta gestión.

Que la urgencia por lo menos es sospechosa, lo es, y que tras las facultades hay quienes  pretenden meter la mano en temas mucho más sensibles como la institucionalidad militar o policial, parece también ser un deseo presente y riesgoso, no sólo porque estaría en juego la posibilidad ilegal de ayudar amigos o promocionales, sinó porque intervenir en el desarrollo de estas dos instituciones -como sucedió en tiempos recientes y nefastos-, pone en serio riesgo el sistema democrático y nos hace  pagar a todos los peruanos el costo de los errores y las torpezas de gobernantes sin planes, programas, autoridad y sentido común.

A estas alturas en el que la sensación popular habla de las ofertas no cumplidas y que al gobierno le ha costado tanto obtener las facultades que originan la presente nota, conviene recordarle al señor Humala que cuando se pierde el valor de la palabra, en boca del mentiroso, hasta lo cierto se hace dudoso.

PASION Y AMOR POR EL FÚTBOL

Tributo a la “U” en su aniversario…

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«Para que el nombre de mi país este completo, sólo ponle la «U» al PERU».

Dedicado a Tayo Barreda y a mis amigos/compañeros cremas:

No pocos saben que soy hincha del Deportivo Municipal y creo que por eso, quienes me conocen, llenaron ex-profeso las bandejas de mi correo electrónico, recordándome lo especial de su fecha celebratoria, sin saber que la cercanía del hogar donde nací –a una cuadra y media del Estadio “Lolo Fernández”-, da cuenta de las vivencias de “un tiempo crema”, cuando hace muchos años fui socio temporal de ese entrañable club.

Por eso es que en medio de tan abrumadora y contagiante algarabía por el aniversario de la «U», decidí rendirle tributo a los sentimientos de una pasión que se expresa de la misma forma en el alma de todos los amantes del futbol, incluso de quienes sin serlo, se contagian de esa adhesión que genera intensamente el balompié.

Fundado el 7 de agosto de 1924 por un grupo de jóvenes estudiantes de la Universidad de San marcos, es desde 1928 no sólo parte de la Primera División de Fútbol del Perú, sinó, uno de sus hitos más representativos. Ha sido subcampeón de la Copa Libertadores de América y su estadio llamado “Monumental”, es uno de los más grandes del continente y precisamente, “un monumento”  a la noble pasión y al esfuerzo de sus hinchas.

Nadie duda que con el Club Alianza Lima, forman un compadrazgo de lo más representativo de la peruanidad, no sólo por lo que representan en la historia tal como he sostenido, sino por la multitud que la honra con su adhesión.

Una serie de factores sin embargo conspiran contra el buen fúbol en estos días. El asalto a las arcas deportivas, la incompetencia de dirigentes improvisados, la violencia de las barras y la dramática realidad de un país de la que nadie puede sustraerse, son pues, los componentes que han convertido el deporte actual en lo que es, una sucesión dramática de fracasos inmerecidos y desencuentros que pese a golpear directamente el alma de los hinchas, renace tras cada partido -cual ave fénix-, en los gritos y el llanto de miles de hinchas que siguen fieles al amor de sus amores, a su club.

Pero no sólo la “U”  pasa por una aguda crisis, también la sufre todo el futbol. Sin embargo, lo asombroso es que ni el ahogamiento de sus cuentas, ni las presiones de todo tipo ejercidas contra ellas, ni la falta de escenarios para prepararse o competir y, ni siquiera  las derrotas deportivas mismas – que son el resultado de una serie de componentes de la crisis de todos los clubes-, han logrado vencer el ánimo colectivo y el fútbol quimbero y popular que trajo tanta alegría y que lucen aún sus jugadores, sobre todo los más jóvenes, los que cuidan menos sus piernas, los que aún no cuenta con pólizas de seguro cuantiosas y tramposas que convierten a los jugadores en modelos de tv, los que se entregan “con todo” a la danza del balónpié, a ese juego creativo y divino en el que -curiosamente-, no juega el hombre, sino su espíritu tras el objetivo superior que se resume en un sólo grito: GOL.

Por eso es que a pesar de los magros resultados deportivos, el deslucimiento de los espectáculos propiamente dichos, de la violencia que asusta y de la “mala gana” de quienes juegan “cuidándose”,  el fútbol sigue siendo la mayor y mejor  expresión del sentimiento popular.

Me ha llenado el alma ver como cada  miembro del Club Crema  ha encontrado una y mil formas de celebrar, son indescifrables las hermosas maneras de proclamar su adhesión, por eso era inevitable que rinda honor y tributo al viejo club que se renueva en el corazón de sus hinchas y expresa su juventud en sus cuadros más jóvenes. Ojalá que encuentren pronto el camino que les devuelva legítimamente su liderazgo y ese don de campeón que nadie le puede mezquinar.

Que la administración se mantenga en manos de sus socios es una necesidad siempre, como lo es el que cesen las intervenciones groseras de manos extrañas que, dizque, la administran desde la frialdad de una mirada técnica.

Que el “deporte rey” reencuentre el camino de la competitividad futbolista, tan de la mano lamentablemente en estos tiempos del negocio que se esconde, o esconden algunos- para que la pasión que genera clubes como la “U”, tenga un correlato en mayores sentimientos de alegría, entusiasmo y amor, tan necesarios para nuestro pueblo.

Cuando se sienten las bases de un fútbol mucho más técnico, representativo, más competitivo y menos argollero y empresarial, entonces recién la cosa serán diferentes y los hinchas que marchan hoy por las calles con policías para garantizar «el orden», se reencontrarán tras cada encuentro, en la  realización de sus aspiraciones competitivas que alejará de por si la violencia, permitiendo que vuelvan las familias a los estadios, convirtiendo cada partido –cosa que es perfectamente posible-, en una real fiesta popular en medio de escenarios de unidad envidiable, capaz incluso, de lograr la transformación de la unión de los hinchas tras su club, en una alianza de todos los peruanos, pero tras la pasión y el amor por el Perú.

¡ Feliz aniversario crema!

¿SEGUIMOS EN GUERRA?

Perú/Chile tras el fallo de La Haya sobre diferendo marítimo…

1344338153617-Declaratoria_de_Guerra_de_chile_a_Peru_1879_1_.jpg«Seguimos en guerra» reza la frase poco auspiciosa con la terminé el debate sobre las complejas relaciones peruano-chilenas en las que me enfrasqué con estudiantes de la universidad de San Marcos. Sostuve que a los innumerables conflictos derivados de reclamaciones poco felices por todo orden de cosas, incluyendo el origen del Pisco, el dulce llamado “suspiro”, la nacionalidad chilena de la papa Huancaína y el pollo a la brasa, seguirá cualquier otro pretexto, incluso el de las razones de la “diferencia horaria entre ambos países”, para mantener en diversos planos, esa “guerra singular”, absolutamente innecesaria y hasta criminal, que sufren nuestros pueblos por muchísimos años.

Por lo dicho, tengo la impresión –más allá de la ironía-, que en poco tiempo volveremos a lo mismo ya que asistimos a un desproporcionado entusiasmo por lo que podría constituir un fallo favorable para nuestro país de La Corte Internacional de La Haya en el proceso contra Chile planteado por el Perú.

La cosa adquiere ribetes de preocupación al sostener nuestra cancillería que este fallo “integraría los dos países ya que resolvería definitivamente el pretendido diferendo marítimo entre Perú y Chile”. Genial invento declarativo que además suscriben los diplomáticos chilenos para justificar (cada quien en su país) no sólo sus sueldos, sinó su éxtasis, sobre la base de una premisa abiertamente falsa ya que como saben perfectamente por los antecedentes, cualquier fallo exacerbará resentimientos, mantendrá abierta las heridas y latente falsos patrioterismos de los que han vivido traficantes de armas y “los agentes de la guerra” enquistados en ambos lados de la frontera en la que por ironía se erige, en medio de minas y pertrechos militares, un llamado “Cristo de la Concordia”.

Hay que plantear los temas en su real dimensión y alejado de la rimbombancia del clásico discurso de la diplomacia para que  la gente pueda entender que la lógica subsecuente de un conflicto en el que “no existe acuerdo”, sino una sentencia o fallo resolutorio, no liquida la pretensión, ni cambiará  el histórico comportamiento agresivo, bélico e inconforme de nuestro país vecino.

Hay quienes sostendrán que un marcado escepticismo toma por asalto mis viejas convicciones integracionistas. No es verdad. Lo que sucede es que me produce rechazo escuchar las voces de quienes creen que sólo por un fallo, por importante que este sea, se resolverá un conflicto que tiene aristas, planos y hasta niveles de confrontación y que no es exclusivamente legalista. Debemos estar claros en que es largo el camino que nos espera cuando, de ser adversa la sentencia, nuestro vecino, simplemente, decida no acatar el fallo.

Como se sabe, la demanda que el Perú interpuso contra Chile durante el gobierno del presidente Alan García y que frenó el discurso mundial propagandístico de Chile, se inició el 16 de enero del 2008. El  20 de marzo de ese mismo año nuestro país entregó su “memoria”, Chile presentó su “contramemoria” dos años después, el 9 de marzo del 2010 y, el 9 de noviembre del mismo año, el Perú presentó su “réplica”.

Un año después, el 11 de julio del 2011, Chile presentó una “dúplica” con lo que concluyó una de las etapas más largas del litigio marítimo en donde Perú y Chile presentaron por escrito y de manera reservada, todos los alegatos y medios probatorios de su defensa.

Del 3 al 14 de diciembre de este año (2012)  comenzará la fase oral que es pública y la última del proceso, terminada  esta etapa sólo queda pendiente la sentencia de los jueces que debería producirse al concluir el primer semestre del mismo año y, si como suponemos, La Corte la da la razón a nuestro país, entonces aparecerán nuevamente “movidas” chilenas que tienen un largo registro de dobles discursos, y en las que tras largas e interminables peroratas “amigables”, preceden las cartas debajo de la mesa que aparecerán para pretender volvernos a la misma realidad de pretensiones derivadas de un mal juego estratégico basado en intereses locales y sub regionales de las que han hecho uso los gobiernos de Chile, alentados además, por ese lento y exagerado convencimiento pacifista de Lima, que aceptaba debatir en torno a “conflictos” o “diferencias” inexistentes, cada vez que alguien soñaba en Santiago con anexarse un trozo de nuestro territorio.

Hizo bien entonces el presidente Alan García en no permitir que se siente a nuestro país en una mesa de negociación (una vez más) cuando no hay nada que negociar y cuando la pretensión (como tantas) es abiertamente arbitraria e ilegal. Hizo bien en someter a Chile a Tribunales Internacionales probando la insostenibilidad de sus tesis. Hizo bien en no seguir “dialogando sobre diferendos limítrofes” para distraer la atención para fines electoreros, politiqueros o patrioteros.

Pero, ad potras de iniciarse el juicio oral en la Corte Internacional de La Haya en diciembre (2012) y estando  de acuerdo en la solidez de la posición peruana que pesará  al momento final del proceso, las voces (en Santiago y Lima) que exageran  expresiones, sacan de contexto declaraciones oficiales y/o proponen nuevas escaramuzas diplomáticas prueban lo que será la estrategia chilena–independientemente del resultado final del juicio-, de mantener el mismo nivel de controversia que permita encontrar en otros órganos internacionales, o por otros temas, alguna tribuna que permita “per sécula seculorum” (es decir, por siempre), seguir reclamando derechos inexistentes.

Sostener por eso, que con el triunfo peruano mejorarán las relaciones con Chile no es real, no sucederá. Chile no necesita resolver nada para mantener ese clima de reclamaciones permanentes que hace que el tema de la guerra no se cierre nunca porque en la práctica, tampoco le es urgente, ya que la “alianza natural” entre ambos países en los diversos escenarios como el de la Alianza del Pacífico existe y no sucumbirá ya que se encuentran sometidos al principio de la realidad en los que prevalecen intereses comunes y ratificados en sendos acuerdos que si son de interés cumplir, algunos de ellos bilaterales, y que se mantendrán en el futuro porque conviene, sobre todo en el campo del comercio, las inversiones y hasta la migración.

Un viejo principio alude que en realidad no existe acuerdo o sentencia suficientemente inexpugnable como para su cumplimiento absoluto. Ello sólo es posible por la voluntad de las partes para respetarlo plenamente y sin objeciones. ¿Sucederá eso esta vez entre el Perú y Chile cuando se produzca el fallo de la Corte Internacional de La Haya? En realidad, no es tan difícil suponer lo que pasará.

Por eso es que hizo bien el Perú -y en ese camino hay que continuar-, cuando respondió las disputas llevándolas a foros internacionales y alentando simultáneamente acciones puntuales de una integración efectiva en las fronteras, respaldando todas las señales de interactuación entre pueblos hermanos y bajando la presión “chauvinista” cimentada en una larga lista de desencuentros interesados que distanciaron nuestros pises.

Haría mucho bien más seriedad y menos entusiasmo. Medir la sobre-expectativa creada en torno a una sentencia cuyas características han sido descritas en las líneas precedentes es una necesidad derivada de la seriedad de las posiciones peruanas expuestas hasta hoy.

Que se entienda que además de la necesidad de usar las armas legales, es también necesario un real esfuerzo por la paz y el desarrollo que podrían frenar sorprendentemente «la guerra» y resultar beneficioso desde los esfuerzos de la conciencia integradora del Pacto Andino, del Parlamento Latinoamericano, de la Comunidad Sudamericana de Naciones, desde el Unasur, o como quiera que se llamen los mecanismos integradores de la región, para las estrategias que en el plano local, deben redoblar con honestidad las tareas del desminado de nuestras fronteras, reducir las compras de armas,  afianzar la cooperación solidaria entre ambos países, apostando por una lucha común contra la lacra del racismo que nos separa más que cualuqier batalla y de manera incomprensiblemente.

Esos sí que son pasos importantes en la integración y acaso, hasta una victoria común por encima de las teóricas diferencias, ya que no requieren de ningún fallo internacional, sólo del sentido común y de una visión correcta del futuro y del bienestar de ambos pueblos. Que así sea.

CONCIENCIA SOCIALISTA EN CHINA

A propósito de los problemas del medioambiente…

1344254259212-china1-300x202.jpgMi buen amigo y compañero Jorge Oré, nos trae en su cuenta de facebook, una nota que ratifica plenamente las ideas sobre las que hemos debatido intensamente  en torno a las  “Particularidades del Socialismo Chino”.

Como se sabe, la expansión del desarrollo del proceso económico de este gigante asiático –donde ya existe inversión privada nacional y extranjera-, se sujeta evolutivamente a las reglas del mercado libre, con una participación del Estado como árbitro de las complejas relaciones entre el capital y el trabajo, y donde el acuerdo entre ambas no sea posible.

La realidad china está signada por su dimensión, densidad poblacional y como es natural, también por la velocidad de su desarrollo que lo ha convertido en uno de los países con mayor responsabilidad en el cambio climático, al mantener el primer lugar en el consumo de carbón y el segundo, de países con altas emisiones de dióxido de carbono, por detrás incluso de los Estados Unidos.

Si bien una serie de factores explican la naturaleza del problema que enfrentan, hay que merituar de manera especial los esfuerzos de un país en a que sus principales ciudades en expansión, presentan una muy alarmante contaminación atmosférica, en tanto otroras regiones agrarias altamente productivas, sufren sequías traumáticas como resultado precisamente del recalentamiento global.

Sin embargo, este no es un tema marginal o “accesorio” en el gran Plan del Desarrollo chino, es un tema abordado con responsabilidad desde hace algunos años. Obligaba a ello, como hemos sostenido, los graves efectos en la población derivados del “asalto de las ciudades” por el humo y el smog, así como la realidad de las poblaciones cercanas a las plantas de energía y a los centros industriales que entonces, ya sufrían la mala calidad del aire, convirtiendo incluso los temas de salud pública, en temas de primer orden.

Recuerdo que en sendas reuniones con los responsables del gobierno y el Partido Comunista, expresaban –frente a los requerimientos insistentes de los visitantes a China-, un alto nivel de conciencia sobre lo que consideraban “el enemigo principal del siglo XXI”  y anunciaban una serie de medidas para “tomar el control de las emisiones, buscando rápidamente energías alternativas, sin perjuicio que frente al drama del Medio Ambiente, por cada metro cuadrado de cemento, era obligatorio sembrar su equivalente en verde”.

Pese lo expuesto, no sería fácil la tarea. La búsqueda de soluciones en la concentración del crecimiento de electricidad “basada en energía renovable durante los próximos cinco años, muy por delante de Estados Unidos, India y Alemania, según un informe mundial” es un camino interesante, pero no muy simple, ni rápido, afirman los estudiosos. Sin embargo, hay que mencionar que las medidas tomadas por el país-continente, ha obligado a los países ricos a «reorientar» sus políticas con urgencia porque, de lo que decidan, lo saben, dependerá el destino del mundo.

Nos toca estar vigilantes para que se implementen nuevas y mejores tecnologías hidroeléctricas, así como el impulso de proyectos de energía eólica en tierra, geotérmica, maremotríz, solar, undimotriz e incluso derivados de la biomasa y los biocombustibles.

Una lección importante de lo expuesto, tiene que ver incluso con la supervivencia misma de las denominadas potencias, ya que a diferencia de la vieja y clásica presencia imperialista expresada en su predominio económico y político, ahora, quien pretenda auspiciar o predominar en el nuevo concierto de la realidad del siglo XXI, deberá poner en práctica además de una real conciencia de los problemas que enfrenta la humanidad, un proyecto realmente sostenible que no sólo resuelva los dramas de esta hora, sino que  además, haga posible que la vida sea posible y perdure en el futuro.

¿LP, CPM ó LDD?

Improvisación educativa y peligroso juego de siglas…

1344180033209-docentes_examen.jpgInsisto, el gobierno no necesita opositores. Es entusiasta, creativo y novedoso para ponerse zancadillas y producir iniciativas que lejos de resolver sus problemas, generan innecesarias controversias, así como rechazos unánimes pocas veces visto.

Uno de esos errores derivados de la improvisación o la urgencia de dar “golpes publicitarios” en los discursos presidenciales, da cuenta de iniciativas que resultan siendo a la larga un pésimo negocio para el propio mandatario y finalmente también para el país, tal y como se desprende del reiterado e irresponsable vapuleo que se comete nuevamente con la educación por la que de una buena vez, deberíamos encontrar consensos para la implementación de un sólo y definitivo  proyecto en beneficio de sus jóvenes y la nación.

A la Carrera Pública Magisterial (CPM) le ha tocado el turno y, siendo que a todas luces el problema es que es una iniciativa del gobierno aprista, al gobierno no le ha temblado la mano para traérsela abajo y de paso, todo el esfuerzo que costó implementarla quebrándole el espinazo al sindicato magisterial que por años, por la falta de principio de autoridad y objetivos claros, tuvo el control absoluto de los procesos educativos y del propio Ministerio de Educación.

Durante muchos años, increíblemente, la docencia ha sido el reducto de quienes no lograron ingresar a alguna especialidad en la universidad o de quienes no consiguieron trabajo. Salvando honrosísimas excepciones y el noble esfuerzo de miles de docentes que hacen un tremendo esfuerzo educativo por vocación, la llamada “homologación” del estatus docente derivado de una incomprensible presión sindical,  alejó docentes con vocación por años, sumiendo el nivel de preparación objetiva de los profesores en un descenso  permanente  que pauperizó la carrera cuyos voceros abrazaron una serie de justificaciones que van desde los sueldos de hambre, la falta de incentivos y hasta que “ser profesor te brinda la seguridad de un trabajo fijo”.

La verdad es que le faltó tiempo al gobierno de Alan García para lograr que algunos éxitos tangibles en el campo magisterial se pudieran ver. La Ley de la Carrera Pública Magisterial había incorporado la meritocracia y una exigencia de evaluaciones permanentes para reconocer primero, donde estamos y, a partir de ello, como es que nuestros profesores progresan estableciendo una relación objetiva entre docencia, preparación, tiempo y aumento de remuneraciones.

El rechazo total del SUTEP se explica por la necesidad de mantener “achatado” el nivel del profesorado, presa fácil de sus consignas en ese estado de postración, pero la verdad es que la persistencia estatal, logró que muchísimos docentes se incorporaran a la CPM en ese esfuerzo personal  alentado por conquistar nuevos espacios de interactuación pedagógica que comenzaba a redundar en los estudiantes. Una nueva y buena revolución educativa se encontraba en marcha al punto que efectivamente, profesionales de las diversas especialidades universitarias, ya veían con entusiasmo volver a la docencia escolar por la evidente mejora que se produciría no sólo en el plano remunerativo, sino en el sistema educativo en su conjunto.

Sueldos, un pobre señuelo

Como todo lo que sucede en nuestra patria, independientemente de cómo van las cosas, el nuevo gobierno decidió traer por los suelos todo lo avanzado, descartando lo acertado de una ley que tomó su tiempo de maduración y que costó implementarla, para, simplemente, sin que nadie pudiera debatir alguna alternativa, terminar entregándole la cabeza de la Carrera Pública Magisterial (CPM)  al alicaído SUTEP,  cuando daban muestras de derrota y no están en capacidad de actuar, ni decir absolutamente nada.

La sensación generalizada no es el de un proyecto alternativo puesto en marcha, sino de la urgencia de “presentar coas nuevas”, que por serlo y en si mismo, no nos garantiza absolutamente nada.

El gobierno ha tenido la infeliz idea de colocar un señuelo para que “su ley” despierte interés y expectativa ciudadana. Un aumento de remuneraciones sin fecha cierta para los profesores es la motivación de esta “genial idea” en vez de apuntar a la generación de confianza y consensos. Sin duda, este es una maniobra peligrosa que esconde un terrible juego de siglas, mezcla de improvisación, populismo y clientelaje encerrada en la  Ley de Desarrollo Docente.

A renglón seguido otra ley vigente que se cae, es la Ley del Profesorado que se mantuvo vigente en tanto había aún grupo s de docentes pendientes de ingresar a la Carrera Pública Magisterial (CPM).

Las respuestas de la ministra, apuntan a justificar la nueva ley porque  según su dicho, permitirá a los profesores “perfeccionarse” y “evaluarlos integralmente”, como si estos dos aspectos no hubieran sido consagrados también en la Ley de la Carrera Pública Magisterial que se pretende eliminar.

Los esfuerzos del gobierno para probar que existen “profundas” diferencias entre la Ley de la CPM y la LDD  inciden en diferencias inexistentes. Se ha sostenido por ejemplo que mientras el perfeccionamiento y las evaluaciones eran aspectos “impuestos” en la Ley de la CPM, ahora no lo serán. ¿Serán entonces voluntarios? Tampoco. Los voceros del gobierno aceptan que habrán plazos, que de todas maneras habrán evaluaciones, y que el perfeccionamiento será obligatorio”, condicionando los aumentos anunciados a estos dos aspectos vitales de la carrera docente. Como se ve, todo es un juego peligroso de palabras, de demagogia y de  intensiones ocultas. En la nueva ley, es obvio que se mantienen los objetivos de la Carrera Pública Magisterial, pero lo que se cambia es sólo el nombre.

Por otro lado, el gobierno muestra  como una “novedad” una imposición llena de populismo. El anunciado aumento para todos los profesores, es en realidad la reiteración de una vieja oferta electoral postergada, agregando en tono de sutil engaño, que “con esta nueva ley, los profesores no tendrán que esperar un aumento general, sino que habrá una nueva escala remunerativa basada en los resultados de su desempeño”. Más de lo mismo y demagogia en desarrollo.

Medir los grados de dificultad en el proceso formativo, bonificaciones a los trabajadores de zonas rurales, distantes, fronteras y zonas en estado de emergencia, no constituye ninguna novedad. Falta ver si los aumentos de estas bonificaciones que perciben actualmente los docentes serán significativos, y si irán acompañadas de lo que el docente necesita realmente además de dinero, es decir, condiciones para el desarrollo de su tarea formativa desde el punto de vista técnico pedagógico.

Teóricamente, maestros mejores pagados pero en aulas inadecuadas y alumnos sentados en ladrillos, ese parece ser el paradigma de  la educación peruana que sigue de tumbo en tumbo.

Finalmente, las contradicciones muestran la improvisación peligrosa en la que incurre el Ministerio de Educación cuando declara que “no permitirá más la enseñanza de profesores sentenciados por terrorismo y delitos sexuales”, siendo que hace solo unos días, conocimos la terrible estadística de profesores denunciados por acoso y abuso sexual que siguen laborando y la grotesca imagen en la que sentados en una misma mesa, la Alta Dirección del Ministerio de Educación le entregó al CONARE-SUTEP -de estrechos vínculos con el MOVADEF, brazo gremial del senderismo terrorista-, el triunfo de una inexplicable negociación con tufo a concesión que se bloqueó, por la enorme presión de la prensa y los sectores democráticos que no olvidan la insania terrorista vivida en el pasado.

Según todos los estudiosos en la Ley de Desarrollo Docente (LDD) no hay  novedades sustantivas con respecto a la Carrera Pública Magisterial (CPM) ya que incluso, los mecanismos de clasificación, incremento de haberes, meritocracia y evaluación docente, ya se venían aplicando al punto que era común ver docentes en cursos de diversa naturaleza, o sentados en carpetas dando exámenes evaluatorios.

Falta ver cómo hará el gobierno para cumplir con lo ofrecido teniendo en cuenta que hablamos de una norma que tomará su tiempo. El país requiere debatir el anteproyecto que el congreso deberá aprobar para que pueda ser promulgado por el Poder Ejecutivo, dejando a la suerte su reglamentación en tiempos y plazos que, al decir de la experiencia normativa peruana, nadie puede precisar.

Hoy existen 250 mil maestros comprendidos en la Ley del Profesorado, 50 mil profesores incorporados efectivamente en la Carrera Pública Magisterial, es decir, más de trescientos mil profesores en la más absoluta incertidumbre.

Anunciar e implementar la llamada Ley de Desarrollo Docente trastocará nuevamente  el tantas veces sacudido sistema educativo que, desde la famosa Reforma de la Educación impuesta por el general Velasco en tiempos de la dictadura militar en el siglo pasado, parecía haber encontrado al fin, una ruta consensuada con la Ley de la carrera pública magisterial (CPM) a la que se opone ahora, la falta de un conocimiento real de la administración de la cosa pública, de la tarea educativa y, al parecer, un pernicioso e inexperto juego político-sindical que podría –cual bomba senderista-, estallarle en las manos al propio gobierno.

A TAL SEÑOR, TAL HONOR

Abel Salinas Izaguirre a muerto…

02Hay personalidades cuya ausencia se siente y que tras su partida definitiva, deja huellas sensibles e imborrables. Ese es el caso de mi buen amigo y compañero ABEL SALINAS IZAGUIRRE, aprista disciplinado, amigo de los buenos y compañero preocupado –incluso más allá de su propia capacidad humana-, por el destino del país y del partido.

Nació el mismo año que se fundó el partido del Pueblo, en 1930,  y su vida estuvo signada por esa noble y enorme preocupación por el destino de los más pobres a los que conoció de cerca en su natal Puerto Supe y a los que siempre, discretamente, supo darles el mejor de sus tiempos.

Su acercamiento al aprismo data de tiempo muy distante, de aquellos en los que todo se daba, nada se pedía y lo poco que se recibía eran encargos, sacrificios y lealtades.

Ingeniero de profesión, tuvo una fina personalidad signada por una enorme simpatía que algunos sostenían, no eran concurrente con el gesto duro con el que solía ser retratado. Hombre de capacidades personales reconocidas, mantuvo la firmeza de sus convicciones y sus amistades por encima de los vaivenes y los tiempos de esa rara política que lo condenó al silencio en el último tramo de su vida.

Tuvo encargos difíciles desde que Alan García en su primer gobierno lo nombrara Ministro del Interior para combatir el terrorismo y luego, asumiría con dedicación todos y cada uno de los encargos partidarios que recibiera. Fue Ministro de Energía y Minas, Ministro de Economía y Finanzas y en 1990 fue elegido Senador de la República donde registra ser  gestor de una larga data de iniciativas.

En el plano partidario tuvo también una actividad intensa. Fue afecto al encuentro permanente con sus compañeros y escuchaba mucho. Lo recuerdo intenso y preocupado en los años posteriores al fin del primer gobierno aprista, llamándome muy entrada la noche porque “era necesario dialogar sobre los temas y la situación del partido”, siempre dispuesto además, a facilitar las transiciones democráticas derivadas de alguna intolerancia o de tensas elecciones o confrontaciones internas. Era un hombre que escuchaba y se dejaba escuchar, mérito de pocos.

Fue dirigente partidario en su agrupación profesional, miembro del CEN del PAP y un vocero prestigioso del aprismo. Rechazó con todo el calor de su convencimiento el autogolpe del 5 de abril de 1992, y se convirtió en un honestísimo activista por la insurgencia consagrada constitucionalmente, por lo que fue detenido y procesado, acusado de haber participado en intentos de desobediencia civil y de llamados a la insurgencia popular por el restablecimiento de la democracia en el país.

Tuvo detractores y sufrió agravios a los que siempre respondió con una sonrisa   y su propia hoja de vida. Su salud fue resquebrajándose aún cuando nunca su ánimo, ni su capacidad de mirar con esperanza el futuro. En su memoria permaneció siempre su enorme preocupación por el partido y el recuerdo de Haya de la Torre.

Hoy una noticia sorprende al aprismo, Abel Salinas partió en medio del dolor de sus compañeros, el sentimiento de sus amigos y el respeto del país. Que el toque del silencio de la CHAP entonces se escuche en su mejor melodía, que el Cóndor de Chavín señale la ruta del viaje a las estrellas que hoy inicia, que la legión predecesora de mártires y viejos apristas sean la corte que acompañe a este gran hombre del Perú cuya muerte respondemos con una frase que pone en evidencia quien fue: A tal señor, tal honor.

HAYA DE LA TORRE VIVE, VUELVE Y VENCERÁ

Tributo al Jefe, al lider y mi maestro, en la fecha de su partida … 

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Víctor Raúl Haya de la Torre fundó el APRA  como una Alianza Popular Revolucionaria Americana, como un movimiento continental, como un Frente Unico que agrupó a los sectores explotados por el fenómeno imperialista.

Fue además, un visionario y un estadista clarificado en el convulsionado mundo de las revoluciones, de la hegemonía imperialista, de las guerras mundiales y de la intensa y prolongada lucha bipolar por el control del mundo que le tocó vivir de manera intensa y comprometida.

Desde joven optó por un compromiso mayor al de la realización personal. Se nutrió de los valores de la intelectualidad de la época, fue amigo de Vallejo, Orrego, Mariátegui, entre tantos otros. Abrazó el marxismo y lo confrontó con sus profundas convicciones libertarias. Recibió consejo de Gonzales Prada y, tras su alianza con los trabajadores, luchó con ellos por el reconocimiento legal de las 8 horas de trabajo hasta lograr el decreto que lo consagra.

Elegido presidente de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP), lideró las jornadas de lucha por la Reforma Universitaria, fundó la Universidad Popular, y además los obreros, en reconocimiento a su colaboración y entrega a la causa proletaria, lo nombraron Presidente Honorario de la Federación Textil del Perú, así como delegado de la Federación Obrera Local de Lima, bajo cuya acreditación viajó por el mundo.

Fue intransigente en torno las conductas públicas y en la defensa de las libertades, por eso aparece decidido el año 1923 en la lucha por la libertad de conciencia, tarea que marcaria su vida por siempre. Perseguido y deportado, templó su personalidad en la sencillez de su aprendizaje permanente y su activismo lo que le permitió ir consolidando su aguerrida personalidad, al punto de convertirse muy joven, en un reconocido referente político mundial.

No hay momento en la historia política contemporánea en la que Haya de la Torre no aparezca siempre, al lado de su pueblo. Forjó las primaveras democráticas que vivió el Perú y, aun cuando fue impedido de postular reiteradamente, o se vetó su acceso a la Presidencia de la República, su voz es testimonio de fe y acción democrática.

Murió el dos de agosto del año 1979 tras estampar su firma con el último aliento de su vida en la Constitución Política del Perú que fuera promulgada el mismo año, lo que constituyó el honroso colofón de una lucha sin cuartel por la justicia social y la defensa de las libertades que desde entonces fueron principio y mandato legal.

Pero como suele suceder con las personalidades extraordinarias de este tipo, sería tras su muerte física que llegarían los tardíos reconocimientos. La proyección del pensamiento nacionalista de este ilustre peruano ahora es mundial, y expresa buena parte de la historia contemporánea.

A este respecto, una increíble gama de opiniones -algunas de personajes antagónicos entre sí-, coinciden sobre la dimensión de su obra y su visión progresista de la realidad Indoamericana a la que supo sumar el reclamo de oportunidades para todos, el entendimiento de los fenómenos económicos como parte de una realidad que no se puede obviar y la necesidad de compromisos reales de nuestros gobernantes con el bienestar o la justicia social.

Pocos son los líderes que se pueden sustraer de su notable influencia, y menos, de esa lógica de la historia que se define por sus características. Cuánta razón tenía el líder aprista cuando sostenía que la voluntad popular es mandatoria y el gobierno sólo instrumento de realizaciones, por eso, la socialdemocracia moderna, la izquierda democrática latinoamericana y las corrientes del socialismo centroamericano lo han convertido en uno de los referentes más sólidos del pensamiento de izquierda de nuestra región.

Este entusiasta organizador de voluntades nació el siglo XIX (1895), vivió y sufrió la política durante el siglo XX y dejó una obra cuya vigencia cubre las expectativas de los constructores del desarrollo que en pleno siglo XXI, buscan referencias para forjar la nueva civilización del futuro en los que la nueva idea de preservación de la vida, la ética y hasta la moral pública, constituyen elementos insustituibles para las nueva formas de convivencia ciudadana.

Haya de la Torre lanzó su propuesta desde el marxismo, deslindó con el comunismo y sus ideas constituyen la más firme y posible propuesta en la lucha por el cambio social. Aún cuando tras los embates de su juzgamiento histórico haya sido condenado desde la perspectiva de los diversos fenómenos y momentos que el mundo experimentó, quienes lo han acusado de revolucionario extremista, revisionista y hasta conservador, hoy se inclinan reverentes para aceptar que la herejía de ayer, es verdad de estos tiempos en los que se reconoce que tras la evolución del capitalismo y sin existir aún la globalización y el desarrollo de las economías, su mérito radica en haber propuesto que los cambios que él reclamaba eran el resultado de la observación de una compleja realidad que merituaba además,  una redefinición del actuar político.

Adelantándose a su tiempo, proclamó desde 1924 la necesidad de la integración en el plano de la lucha regional y la regionalización, la defensa ecológica, la inclusión de los sectores marginados (mujeres, jóvenes, analfabetos y emergentes) en la construcción de su propio destino local. Por eso el pensamiento hayadelatorreano proclama lograr el bienestar en el marco de un nuevo Contrato Social que le devuelva al hombre, la capacidad de conducir su propio destino, sometiendo la economía a los proyectos de desarrollo, es decir, a eso que ha ocurrido en el mundo tras el fracaso de la ideología neoliberal, al fortalecer un nuevo tipo de Estado Nacional, capaz de ser árbitro justo entre las complejas relaciones entre el capital y el trabajo.

Al cumplir un año más de su partida, la enorme piedra triangular que da cara al Oriente Eterno, es testimonio de la enorme fortaleza de su obra. El lugar dondeYace La Luz, sigue siendo el derrotero por el que discurrirán los anhelos de nuestro pueblo y el reclamo de dignificar la política.

Que su ejemplo ilumine a sus discípulos para que sean dignos del pueblo y de su memoria redimida, porque mientras la obra del aprismo no se haya completado y su tarea histórica cumplido, declaramos que Haya de la Torre vive, vuelve y vencerá con su pueblo.

¡LA VIOLENCIA NO HA MUERTO? LA LUCHA CONTINÚA!

mineria.jpgA propósito de un gobierno que no acierta una…

La verdad es que hay momentos en que la ingenuidad linda con la torpeza y ambos con la incapacidad en toda su expresión humana.

Desde que alguien sindicó a los militantes del Partido Comunista del Perú, “Por el luminoso sendero de José Carlos Mariátegui” –que es como se conocía a la facción terrorista de Sendero Luminoso en predios universitarios -,  como simples abigeos, la cosa pareciera que se nos fue complicando hasta los linderos del tremendo drama del terror del que fuimos víctimas, fundamentalmente, en los aciagos y terribles años 80.

Desde entonces, toda la “experiencia en la lucha antisubversiva” está plagada seguramente de muy buenas intensiones, pero además de errores, tropiezos inconcebibles y hasta una falta inconcebible de objetividad que explican en buena medida, el sobreesfuerzo que tuvo que desarrollar el grupo de policías del GEIN para poder “batirse” como lo hizo,  aislados, sin recursos y en contra el escepticismo de comandos policiales preocupados más en tener llena la despensa de pertrechos, que en una “inteligencia” capaz de dar resultados auspiciosos.

Por eso es que fue titánica la tarea de encontrar y detener vivo a Abimael Guzmán Reynoso, no sólo porque hacerlo significaba golpear sensiblemente a su organización terrorista, sino porque con ello, era obvio que se frenaba la entonces “espiral” del terror impuesto por todo el país.

Miles de vidas dan testimonio del costo de esta lucha y de cómo civiles, policías y militares-, sobre todo en los tiempos del advenimiento de los años 90-, cuando le pisaban los talones a Guzmán. La comprensión cabal de los tremendos dramas sociales en los que reposaba el viral discurso senderista al que había que responder, obligaba a forjar una sólida alianza de los demócratas en la lucha ideológica y política contra la subversión, incluso, cuando otros actores violentos se alzaron en armas para sumarse en contra del sistema democrático.

La enorme lista de miles de mártires del aprismo da cuenta del nivel que adquirió aquel enfrentamiento, y de cómo el entendimiento de los orígenes de la violencia política, constituye una herramienta insustituible en la lucha para derrotar al anti-sistema. Sólo la comprensión cabal de esta lógica, anuncia éxitos y descarta el mismo tiempo el exclusivismo y el desborde militar de un Estado en el que el razonamiento simplista de “acabar con los delincuentes terroristas” dejó de lado los límites de un accionar que terminó imponiendo una cultura de abuso e impunidad expresada en detenciones arbitrarias, muertes extrajudiciales, en  desapariciones y hasta en el asesinato de civiles inocentes. Cuando esto sucede, la barbarie se impone y el Estado responde de la misma forma en que es atacado, cumpliéndose en ese instante, el objetivo mayor de los terroristas, que es, el desprestigio del sistema.

La falta de conocimiento o criterio llevó a suponer -como algunos lo han hecho erróneamente hace muy poco tiempo-, que la ausencia visible de acciones específicas del terrorismo -por tiempos a veces prolongados-, supone su derrota y hasta su desaparición. Torpe error.

Si bien la violencia política es expresión de una realidad que sólo el actuar responsable de un Estado podrá hacer retroceder con políticas públicas y suficientes que atiendan las necesidades de la población de manera directa, está probado, que el estado de postración y abandono, constituye caldo de cultivo para la protesta que es efectivamente alentada por la violencia. Sin embargo, suponer que toda protesta es terrorista o que toda organización esta “copada” por el senderismo violento, no sólo es errado, sino que le endilga una capacidad que los terroristas no tienen. La guerra contra el terror no está en el plano de la lógica simplista, ni los discursos, ni es necesaria o exclusivamente de una actividad de las urbes en donde judicializar la protesta pareciera ser un arma recurrente por un gobierno que pareciera haber encontrado en el palo y la bala su mejor respuesta.

Hay que entender que la tantas veces comentada “modernidad” de las ciudades no llega adecuadamente a las provincias, sobre todo las más alejadas, en tanto la corrupción de las autoridades, la impunidad y la falta de agentes probos para la administración de la justicia, sigue siendo una realidad que los más pobres padecen, lo que podría ayudarnos a explicar buena parte del duro comportamiento social de respuesta a un Estado que en verdad, no sienten como propio.

La lejanía del Perú oficial hace lo suyo, nos oculta una realidad latente en medio de colectividades que claman por ser escuchados y que también son víctimas, en ese momento, de lidercillos locales cuya perspectiva estaría condenada al ninguneo, pero que la propia prensa gubernamental, con sus ataques y señalamientos, convierten en líderes de connotación nacional capaces incluso de “poner en riesgo al sistema”.

No convirtamos la rebeldía popular en parte de exquisitas estrategias políticas. No le demos más importancia al que realmente tienen las reclamaciones. Atender con premura y de manera efectiva simples peticiones puede darnos más de un sorpresa, evitando las dimensiones siderales que la torpeza o la impericia le regala a los revoltosos.

Cuidado con el viejo esquema fascista que  convierte a todos los revoltosos en terroristas. Ya antes, viejos pregoneros del terror aconsejaron esa ruta a otros mandatarios y el saldo fue tremendo. No hay que negarle al pueblo su capacidad de expresarse, hacerlo, es no entender la dinámica de su propio desarrollo. Tras el “quietismo” silencioso y casi resignado que algunos creen ver en los pobres, están siglos de rebeldía que emerge con virulencia si se les provoca groseramente.

No hay que permitir que quienes ven fantasmas (o los inventan según su conveniencia) le sigan haciendo daño al gobernante que a este paso, comienza a sentir que el piso se mueve por lo que hacen “los suyos”, antes que los extraños. Si bien es cierto que las facciones que siguen a Guzmán Reynoso y que Sendero Luminoso no han muerto, ni han sido totalmente liquidadas, tampoco es cierto que gocen de muy buena salud.

Una comprensión cabal de la realidad pasa por dejar de “senderizar” el escenario político, por no asumir la defensa empresarial convirtiendo al gobierno en “parte del problema”, por aperturar el dialogo, por designar agentes realmente responsables y capaces de articular un marco adecuado para el entendimiento y la solución de lo atendible, imponiendo autoridad, pero para todos y con las armas de la ley.

Frenar todos los excesos -vengan de donde vengan-, es parte de una nueva plataforma y compromiso nacional contra la violencia y en ensayar una real defensa de la democracia. A esta alianza de peruanos de buena voluntad sería bueno que se sume el gobierno, sus aliados y su partido, claro, si a estas alturas queda algo de él  y sus aliados no están liderando alguna protesta, huelga o movilización en contra de Ollanta Humala.

GENERALIDADES Y MEDIAS VERDADES

Humala y el discurso presidencial

humala_web.jpgSi uno de los temas más controversiales para el gobierno ha sido el del denominado Proyecto Conga en Cajamarca, el gobierno debió darle prioridad y no dejar pasar el mejor momento para anunciar soluciones sobre este conflicto, mostrándose además, seguro y con la autoridad suficiente como para desmentir todas y cada una de las imputaciones de impericia y torpeza política que la coyuntura le ha refregado sobre el rostro a Humala en los últimos tiempos.

Pero ese, no es el único punto débil de un discurso que merecía un mejor tenor, la cantidad de generalidades en las que ha recalado el discurso presidencial ha desnaturalizado su valor e importancia, al punto que la percepción del mismo lo muestra como un recuento -pormenorizado es verdad-, pero recuento al fin, de tareas de menor vuelo político en cada uno  de los sectores a los que se refirió el primer mandatario.

Otro aspecto que llama la atención tiene que ver con las inexactitudes  propaladas y que hablan del impulso de “nuevos programas que atienden las necesidades de la población”, cuando en realidad, el presidente terminó aludiendo a los recursos y la ampliación de cobertura de antiguos programas sociales a los que simplemente este gobierno le ha cambiado el nombre.

La expectativa generada por el discurso presidencial tiene que ver con la urgencia que las fiestas de la patria constituyan un escenario de aliento y esperanza para el pueblo, así como, un buen momento para corregir los errores o formular reorientaciones que produzcan un mejor clima político.

Volver a las ofertas electorales es un error por eso, sobre todo, si se pierde de vista que no se inicia un nuevo gobierno, sino que acaba su primer año. Nadie esperaba una reiteración de anuncios como el de los aumentos a los maestros, policías y militares, sino, que estando los primeros en huelga, y esperando la Policía Nacional y las FF.AA el tantas veces ofrecido incremento de sus haberes, estos se pudieran concretar de una buena vez.

Humala tiene demasiados problemas y un pasivo político poco deseable como para dejar pasar este tipo de oportunidades. Un discurso denso, aburrido, mal leído y sin contenido no ayuda porque genera, como efectivamente ocurrirá, la sensación de un manejo interesado (o apresurado) de medias verdades en el marco de un año perdido por un gobierno sin mayores definiciones, que inicia su segundo año, precedido por el nombramiento de un gabinete que representa más de los mismo.

Queda pendiente la necesidad de explicaciones y autocritica, de una conveniente conceptualización en torno a la aplicación social de la llamada “Hoja de Ruta”, el reenganche con la población y la necesidad -por la gobernabilidad-, que el gobierno supere esta crítica etapa de impopularidad que refleja los sondeos de opinión.

Sin duda, el discurso no ha satisfecho las expectativas, lo grave en todo caso será que tras esta nueva oportunidad perdida, en poco tiempo, los conflictos sociales podrían reanudarse y el gabinete Jiménez, que va en la misma  línea de su antecesor, termine haciendo agua una vez más.

Humala insiste en no hablar claro. No es suficiente el twitter para tratar, en dos líneas, de formular declaraciones que requieren explicaciones para que podamos saber que piensa,  cual es el sentido y la opción del gobierno que tiene en sus manos, el futuro de todos los peruanos. En todo caso que después no se queje. Un discurso presidencial en estas condiciones merecía ser algo más que un simple y obligado “saludo a la bandera”.

NUESTRA VERDADERA MARCHA DE LOS CUATRO SUYOS

Alejandro Toledo, el irreverente

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El retorno del poder a la civilidad fue un proceso tenso que obligó a los militares -tras una ardua y dolorosa lucha por las libertades-, a convocar a la Asamblea Constituyente en 1978.

Tras doce años del gobierno de las fuerzas Armadas, el pueblo tuvo una Constitución política adelantada a su tiempo y visionaria en materia de derechos humanos, civiles y políticos, la misma que firmada y promulgada en 1979 por el propio Haya de la Torre dio cuenta del inicio efectivo de la transferencia del poder, marcando un hito definitivo en la entonces compleja historia de las dictaduras en la política del siglo XX.

El siglo de los ilustres contó entonces con un influjo nacionalista desde todos los ángulos de la racionalidad, hombres de la Talla de Víctor Andrés Belaúnde, José Carlos Mariátegui y de Víctor Raúl Haya de la Torre, sentaron las bases, (cada cual desde su propia perspectiva) del entendimiento del Estado-Nación y de la necesidad del actuar ético en la democracia tal y como la conocemos en estos días.

En esa misma línea, Rafael Belaunde,  Raúl Porras Barrenechea, Fernando Belaúnde, Jorge del Prado, Luciano Castillo, Luis Bedoya Reyes, Luis Alberto Sánchez, Ramiro Prialé, Andrés Twonsend, entre tantos otros ciudadanos del Perú, construyeron  una nueva visión de la peruanidad que apunta la realización y la defensa de los grandes ideales que heredamos de las gestas liberadoras y de la moral del Imperio de los Incas que se sumó al espíritu rebelde y heróico de nuestro pueblo que sólo exige como contraparte, una elevada conducta pública y privada de sus referentes y líderes.

Nuestra democracia no es casual, no es el resultado de la imposición política de una casta o el escenario ideal de un grupete para administrar la cosa pública a su gusto. Nuestra democracia si bien es joven con respecto a otras, es representativa y recibe su poder delegado de las enormes expresiones de nuestra nacionalidad. Su amplia participación encuentra el voto consagrado de mujeres, de jóvenes, de analfabetos y de vastos sectores excluidos hasta entonces de la política y que ven en la alternancia y el respeto a la voluntad de las mayorías, el marco ideal de un nuevo y claro ejercicio de la política en donde el principio de la realidad se suma al Contrato Social para marcar la ruta en la construcción del desarrollo y la paz.

Pese a todo lo expuesto, construir un Estado Constitucional de Derecho no fue una tarea sencilla. Hubo que darle forma a las instituciones fundamentales, abrir una nueva perspectiva de la cosa pública aprendiendo que la democracia se expresa en nuevas formas de convivencia ciudadana y en la necesidad de distinguir la experiencia del servicio público del burocratismo nefasto.

La generación que sentó las bases de la democracia en el siglo XX, si bien supo mantener este compromiso, duró en tanto vivieron quienes la construyeron. Con su desaparición fisica, en pleno proceso de cambios mundiales, ese vacío no pudo ser llenado y la política fue tomada por asalto por bribones y corruptos que la tomaron de rehén, sometiéndola a toda clase de vejámenes en los que reinó la corrupción, el narcotráfico, la impunidad.

Los aventureros del poder, disfrazados de independientes, outsider, técnicos o tecnócratas se hicieron del estado y con su nefasta experiencia, produjeron el alejamiento y el desencanto  de las masas con respecto a la política, sus partidos y la democracia a la que desde entonces tildaron de ineficiente.

Toda esta crisis, como ha sido estudiado intensamente, sirvió para que los aventureros del poder en todas sus formas encubrieran su propia incapacidad para formar partidos, por lo que iniciaron una campaña sostenida, de mucho tiempo y largo aliento, para  desprestigiar la politica y al sistema, alentando por otro lado, movimientos aluvionales y liderazgos de coyuntura e intrascendentes que son motivados por el sólo deseo de llegar al gobierno a cualquier precio y de cualquier forma.

Así fue como en 1992, tras haber sido elegido Presidente Constitucional del Perú en 1990, Alberto Fujimori despreció la democracia y se declaró autócrata en el gobierno arguyendo los mismos argumentos que usaron los asaltantes del poder de todos los tiempos.

Esta experiencia duraría algunos años en los que el país seria testigo de los pies de barro de este nuevo gobierno que Vladimiro Montesinos (asesor presidencial) conducía con todo el país de rehén.

El pueblo responde a régimen con pies de barro

La respuesta fue la lucha organizada del pueblo, esa misma lucha que es materia de recuerdo en estos días. En calles, sindicatos, universidades, los partidos democráticos y en todo espacio social la confrontación fue permanente. Tampoco la organización fue casual. Nos organizamos desde el autogolpe del 5 de abril del año 1992 y desde entonces, los Partidos Politicos, los Foros Democráticos, los activistas de un sin número de movimientos de todo tipo, se la jugaron dia a dia en defensa de la democracia y en lucha contra la corrupción.

Con la llegada del año 2000, la Plaza San Martín era el centro más reconocido de la oposición al régimen. En ella, decenas de jóvenes universitarios, escolares y trabajadores salían con dirección a todos los confines de la patria para coordinar las acciones de la resistencia civil.

Furtivas y discretas reuniones en las Centrales sindicales, mostraban grupos de trabajadores que  se convirtieron en propagandistas de la férrea oposición a las pretensiones dictatoriales del fujimorismo.

No es verdad como algunos han hecho creer que la Marcha de los Cuatro  Suyos fuera “una movilización popular realizada en el Perú  los dias 26, 27 y 28 de julio del año 2000″,  menos, que tuviera un liderazgo único.

La verdad histórica anota que esta fue una movilización popular en la que se embarcaron todos los sectores democráticos que surgió tras el autogolpe de estado que produjo el presidente Alberto Fujimori, violentando la democracia, el 5 de abril de 1992.

Desde entonces, en toda la sociedad, los activistas se organizaban y lideraban la protesta. En los mercados por ejemplo, valientes mujeres delegadas de los Clubs de Madres y el Vaso de Leche hacían lo suyo, en tanto una enorme coordinadora de lucha “mantenía” efectivos nexos entre todas las organizaciones sumadas a las jornadas de lucha.

Nada fue dejado a la suerte. Dinámicas coordinaciones entre el los sectores más responsables de la izquierda, el APRA, el Partido Popular Cristiano, Colectivos Evangélicos, Foros Democráticos surgidos desde la conciencia más patriótica y hasta organizaciones deportivas reclamaban su lugar hasta que confluyeron, tras el nuevo fraude perpetrado para una tercera reelección consecutiva presidencial de Fujimori en la jornada final y donde algunos liderazgos que hoy aturden propagandísticamente no aparecían o aún permanecían acomodados en las faldas de la dictadura con una inacción vergonzosa.

Nos enfrentamos a la más dura represión, pero la democracia se defendió hasta que tras la lucha mayor en julio del año 2000, cayó el dictador y con él, su régimen de corrupción.

Valentín Paniagua, congresista y jurista de prestigio asumió la Presidencia del país tras la fuga de Fujimori. El convocaría a elecciones limpias y transparentes, recuperando la democracia plenamente. La historia será contada seguro por mejor pluma. Allí se verán en toda su plenitud los falsos profetas, pero también aparecerán los muertos de aquellos días, los caídos por mano asesina tras la infeliz escalada de terror impuesta por el propio gobierno de Fujimori para desprestigiar la protesta y que hoy constituye la más grave de las pruebas usadas en sus juzgamientos.

Hoy pagan con prisión sus culpas, los que le arrebataron al Perú su derecho a la paz, pero eso, tampoco da derecho a politiqueros de medio pelo, a pretender usar aquella gesta, como escudo de intereses mezquinos y personales como el que emerge de aquel escenario levantado para “celebrar la marcha de los 4 suyos” y en la que el lucimiento de vanidades se impone, presentándonos a “gallardos combatientes” que en realidad sólo llegaron a la lucha a  última hora y para la foto.

Todos sabemos quienes estuvimos en las calles, quienes pusieron el pecho en las jornadas de lucha y durante cuánto tiempo hubo que protestar, TODOS LOS DIAS, en defensa de la democracia y el retorno de las libertades. Todos sabemos de dónde y quienes lideraron las marchas que confluyeron en la enorme manifestación de los 4 suyos y como en algún momento hubo quienes se colocaron las máscaras para mostrarse hipócritamente ante la gráfica periodística de los diarios.

Ningún discurso engolado, ni las palabras de un castellano americanizado y mal hablado, ninguno de los corruptos que acompañaron a Toledo en el homenaje realizado, puede borrar de nuestras mentes las banderas honestas de los hombres libres que agrupados en batallones demócratas exigimos dignidad y un puesto en la lucha, renunciando entonces incluso, como lo hizo el APRA, a su logotipo, poniendo por delante el llamado de la patria por el que además muchos se jugaron la vida.

Que nadie enqueñezca la gesta, que ninguna vincha someta la heroica lucha del pueblo a un apellido y a quienes hoy se suben a estrados de vanidad levantados exactamente donde antes cayeron vidas de peruanos inocentes. Sepan que la sangre del pueblo representa a la nación y no, a ninguna candidatura señor Toledo, por legítima que usted crea que esta sea.