EL INDULTO COMO JUEGO PERVERSO

Lo quieren libre, preso de por vida o como «cortina de humo»…

1350051745217-indulto.jpgLa historia de Alberto Fujimori es realmente extraordinaria, casi, casi, un juego de adivinanzas. Sin que se haya establecido realmente su origen, la naturaleza de su pensamiento y hasta las motivaciones de su forma de actuar y gobernar, saltó del anonimato a la popularidad hilando una serie de historias que manejó convenientemente hasta llegar al rectorado de una universidad y, con el tiempo, hasta la Casa de Pizarro, convirtiéndose nada menos que en el mismísimo Presidente de la República.

Pero su historia está también llena de ironías de las que dan cuenta su modesta vida de profesor universitario y agricultor, faceta que va dejando atrás cuando el éxito le comienza a sonreir y su ex esposa y casi todos sus ex socios políticos que le comienzan a estorbar en «CAMBIO 90», «NUEVA MAYORÍA», «VAMOS VECINO», «SI CUMPLE», «PERU 2000», «ALIANZA POR EL FUTURO» y presumiblemente hasta en «FUERZA 2011» Y «FUERZA POPULAR»,  encargándole a Vladimiro Montesinos «dejarlos en el camino», en nombre de una casi tormentosa relación de temor y complicidad que los vinculó estrechamente desde el tiempo aquel llamado fujimorato.

Pero puestas las cosas como están, nadie sabe exactamente cómo Fujimori llegó hasta donde está. De presidente perseguidor, a  profugo perseguido, capturado y extraditado para que pague «por los delitos que cometió» y con una familia a la que se le pide “que pidan el indulto”, en tanto sus hijos, responden politizando al extremo el tema, sometiendo a la opinión pública, a una serie de presiones y emociones con la finalidad de llevar cada quien agua a su molino.

Algunos analistas consideran que el tema del indulto a Alberto Fujimori ha dividido al país, pero la verdad es que estamos divididos hace mucho tiempo entre los que creen “que aquí no pasó nada” y que la experiencia del gobierno fujimorista se reduce a los logros de la pacificación y algunos éxitos económicos, frente a quienes reclaman “sanción ejemplar” a los actores del fujimorato al considerarlos violadores de los derechos humanos y corruptos que gozan de una inexplicable y vergonzosa impunidad criminal.

Lo que se muestra en torno a la complejidad del tema del indulto es patético y parte de un circo en el que pareciera que todos usan la mentira como fuerza central de sus argumentaciones, y donde se juega con medias verdades, convirtiendo las viejas “cortinas de humo”, en groseras persianas que se abren o se cierran, según sea el interés o escenario de los actores.

A este gobierno el tema le ha venido como anillo al dedo. No más debates sobre la violencia, no más investigaciones sobre presuntos actos de corrupción, no más declaraciones familiares, nada sobre huelgas y reclamaciones justas del pueblo, en fin, sólo una polémica roba-show que convierte la agenda nacional pendiente, en un parte monotemático que es además procesado en capítulos que mantienen en vilo y atención a toda la población, misma telenovela.

Los defensores del indulto gustan usar de la palabra “humanitario” porque de esa forma “sensibilizan” el tema ganando adeptos de buena fe; pero el alarde y la actitud desplegada por la familia para presentar la solicitud de indulto, conspira contra esta posibilidad ya que se suma a la torpe negativa de Fujimori a reconocer sus delitos y la falta de ese mea-culpa honesto que todos esperaban y que pareciera no llegar porque algún asesor sugirió que “eso es reconocer culpas”, olvidando que en realidad no hace falta reconocer nada, ya que Fujimori y su socio Vladimiro Montesinos han sido sentenciados, condenados y purgan prisión por delitos que han cometido y no por ninguna persecución personal.

Volvamos a poner las cosas en su sitio. El tema que nos ocupa versa sobre la salud, la moral pública y esa maldita impunidad que es crónica en países como los nuestros donde cuando muere un rico, todo se detiene y la familia recibe satisfacciones, pero cuando muere un pobre, entonces se convierte en estadística y la familia sufrirá de por vida la pérdida del ser querido sin que nadie la atienda o reivindique.

La forma como debe procesarse el indulto corresponde al ámbito de legalidad. Esa es una prerrogativa presidencial y merituar una petición en ese sentido, cualquiera la consideración política que la envuelva, debe producirse sin perder de vista que hablamos de la doctrina de los Derechos Humanos y que, cuando eso sucede, no se deben hacer distingos porque la adhesión a esos principios, implica una posición sin sesgos –cualquiera que sea la imputación o culpa criminal de quien lo solicita-, pues una dolencia preocupante, grave y de difícil manejo médico en prisión, debe ser observado y procesado -como se ha hecho con miles de personas, de manera excepcional y extraordinaria.

Hay que evitar que, tal y como pareciera hacer el gobierno, el tema sea usado como arma política para “negociar” alianzas o apoyos en varios planos, pero también, hay que cuestionar la soberbia con la que ha respondido la familia que cree que la liberación de Alberto Fujimori, puede beneficiar los ánimos electorales de la familia.

Oponerse a gestos de humanidad porque el odio impide mirar las cosas con la serenidad que el tiempo impone o, pretender que un indulto sea sinónimo de inocencia para maniqueísmos políticos, constituye en ambos casos, posiciones que muestran una preocupante involución, constituye una burla al país y, acaso,  la primacía de una especie de salvajismo político en la que la fauna en conflicto puede terminar despedazándose, en tanto nosotros y nuestros hijos, testigos y sufrientes mudos del drama, marcados ese juego perverso, sólo seguimos perdiendo.

EL FENÓMENO CAPRILES

El falso “socialismo” venezolano está herido de muerte….

 caproles_cahvz.jpgVenezuela ya es otra, las calles ya no las llenan solamente las reiteradas frases de superlativa vanidad que tanto gusta al comandante Hugo Chávez y su maquinaria -que a estas alturas no están compuestas de jóvenes universitarios y muchedumbres pobres-, lleva el registro de una milicia con tufo a banda paramilitar que asalta y mata en medio del respaldo de un régimen que proclama la defensa de las libertades y el avance del socialismo, al mismo tiempos que muestra desabastecimiento, carencia, hambre y desaliento.

Hugo Chávez Frías capitalizó los errores de la vieja política y hoy Capriles cobra la factura del engaño de una “revolución que sólo ha traído desolación y falta de oportunidades a los venezolanos”. El gobierno sigue pensando que frases simples, canciones y discursos le devolverán simpatía al chavismo sin darse cuenta que la misma desesperanza que lo llevó al poder, es la que le cobra cuentas por la falta de iniciativa y los signos alarmantes de corrupción. Una historia a la que había que ponerle fin.

La realidad, tras 14 años de “revolución chavista”, tiene sabor a insatisfacción y un olor a derrota nunca antes experimentada por un régimen acostumbrado a “triunfos aplastantes” y a opositores disminuidos por la falta de prestigio y talento. Y es que seguir “exportando” petróleo a precio de grano, comprando adhesiones con “ayuda social” sin poder abastecer de energía a su propio pueblo, son las características patéticas de un supuesto “éxito” que se exporta al mundo como “un modelo a seguir”, pero que en realidad esconde una terrible quiebra interna de claras connotaciones económicas, pero también, de increíble raigambre moral.

Es verdad que Capriles, el entusiasta candidato opositor a Chávez  no es el estereotipo del “candidato ideal”, pero con breves discursos y un tono pausado, distinto al agresivo y matonesco de su contrincante, ha logrado colocar tras de sí, no sólo la expectativa de los que algo han perdido con Chávez”, sino de quienes en las remotas “Villas amazónicas” o los peligrosos “barrios capitalinos” en los que se recibe mucha ayuda gratuita del gobierno”, sienten que el país de los emprendedores y los petrodólares, va camino a convertirse, por obra del gobierno, en una nación de mendigos sin iniciativa.

Ni la acusación de “títere de las élites empresariales” o «agente del imperio» ha sido suficiente para borrar del subconsciente popular, una afirmación que ha traído por los suelos toda la propaganda oficial: ¡Podemos estar mejor!.

Chávez se siente un elegido, superior, trascendente y gloria de la Nación. Pero Chávez no es Fidel Castro, y Venezuela no puede mostrar siquiera un ápice de los logros –en medio de todas las restricciones de Cuba-, que muestra el régimen de La Habana. Los altos niveles de ingresos contrastan con una desastrosa gestión en la administración de los dineros públicos con marcados aderezos de corrupción,  asesinato, persecución, falta de libertades, absurdos subsidios que no ayuda a la población pobre sino a los especuladores, controles  de precios sin sustento, «fracasadas» nacionalizaciones y “envíos solidarios de petrolero” que esconde tras formas democráticas, el mal uso del sistema para engañar al mundo y a los propios venezolanos en torno a la realidad de un tiempo de oprobio cuyo final, sin duda, se ha iniciado para no detenerse.

Frente a la definición histórica que pone a Venezuela en su “hora cero”, una serie de preguntas retumba el escenario político. ¿Qué ha hecho el socialismo chavista por Venezuela? ¿Cuántas escuelas ha construido? ¿Cómo están los hospitales? ¿Hay oportunidades de éxito y progreso para el común de los venezolanos? ¿No creen que llegó la hora de avanzar?», preguntas que son respuestas en sí mismas y que marcan el ocaso del chavismo de esta hora.

A estas alturas, tras la enorme movilización del pueblo y sus sectores nacionalistas en oposición al gobierno, ni siquiera es importante el triunfo mismo de Capriles, sino, la evidente derrota del chavismo que, aun a pesar de los fraudes y lo que pueda intentar hacer para evitar el desastre en ciernes, ya no podrá evitar la UNIDAD de los venezolanos por el cambio y ese sí que es, un triunfo de marca mayor.

Asistimos al punto de quiebre de una historia que parecía no tener fin y en la que la gente siente irónicamente que “la revolución necesita un cambio”, es decir, una nueva revolución a la revolución de los hermosos y casi poéticos sueños bolivarianos cuyo cambio más significativo que ha producido y exhibe tras 14 años en el poder, es el del rostro del libertador que ahora nadie reconoce.

EL CONGRESO NACIONAL DEL APRA

Presencia y vigencia de Haya de la Torre…

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El aprismo insurgió para trastocar la realidad de exclusión y explotación al que eran sometidos los pobres. Planteó una original y difundida  organización de los trabajadores por toda Indoamérica y elevó el sueño bolivariano de la Integración Continental al plano programático. Sus principales líderes, eran en su mayoría, jóvenes, trabajadores y mujeres con una clara visión progresista del futuro.

Propugnando no sólo una forma nueva de analizar y acometer el fenómeno imperialista, Haya de la Torre propuso un modelo de crecimiento propio, nacional y capaz de lograr el equilibrio en las relaciones internacionales, así como que las fuerzas de la producción internas se sometieran a las nuevas condiciones impuestas por un nuevo Estado Social que regiría las complejas relaciones entre el capital y el trabajo, buscando el bien común.

El aporte sustancial del aprismo tiene que ver con el impulso de la organización popular, el dinamismo de las muchedumbres y su deseo por participar en la construcción del desarrollo, respetando las libertades. Pero el aporte personal  de su fundador, Víctor Raúl Haya de la Torre, no está vinculado sólo con los aspectos de naturaleza social, política y económica, sino, con el carácter moral de su vida ejemplar que marcó la historia de lucha contra la corrupción y el mal uso de los recursos del Estado por parte de una clase política a la que combatió sin concesiones durante toda su vida.

Múltiples ejemplos de renuncia personal podrían ser la evidencia de la forma como este “gigante”  entendió la política, pero también, como el pueblo ponderó estas virtudes acompañándolo con su  adhesión y votos durante casi todo el siglo XX, lo que  explica las razones por las  que el Partido del Pueblo –su obra mayor-, sigue siendo una de las pocas organizaciones políticas que han sobrevivido a la hecatombe del neoliberalismo ideológico que, al finalizar el siglo pasado, desarrolló una intensa campaña conspirando contra la organización de los partidos y la democracia, para favorecer una conciencia individualista, aluvional y sin conciencia ni plataforma ideo-política, sometida a la voluntad de los intereses económicos que las promueven y sostienen.

Desarrollar la obra y cumplir la tarea histórica

El aprismo ha sorteado los vaivenes de la compleja realidad peruana. Signada por el prestigio de su fundador, ha debido sobreponerse a diversas contingencias que han provocado en algún momento roces y discrepancias internas en la que algunos han creído ver  una crisis que pondría en riesgo su unidad.

Sin embargo, la fortaleza del aprismo no radica sólo en esa especie de disciplina iniciática que todos le reconocen, tampoco en el prestigio de una historia de entrega y valor, sino que es el resultado de la dialéctica de la razón que hace que las “diferencias” sean elementos de procesos naturales y necesarios para que el aprismo no se congele y nos da una idea de lo que será el debate que se debe producir en torno a las perspectivas y el futuro del movimiento.

Su realización, que se realizará en el mes de febrero, justo en medio de las celebraciones por la Fraternidad -bajo el recuerdo y la presencia del Jefe-, permitirá abordar temas pendientes de su agenda partidaria y nos dan luces, sobre la enorme responsabilidad que recae en cada uno de sus delegados, quienes tendrán que evaluar su organización, definir su línea política y asumir el reto de la crítica, muto-critica y la autocritica para poder enfrentar otro debate mayor, el de la reafirmación ideológica que es el elemento sustantivo que hay que someter a esa realidad cambiante y revolucionaria que obliga a un aprismo dialéctico y moderno, ese aprismo que Víctor Raúl Haya de la Torre quería para el Perú.

La pregunta que surge tras estas consideraciones es si el aprismo, tras la movilización de su aparato partidario y la realización de su Congreso Nacional, remontará los escollos que impiden el reinicio de sus vínculos con la población, de su reinserción en el tejido social y podrá superar los individualismos, los peligrosos “ismos” y se repensará al aprismo del que hablamos, pero desde las bases, sin la presión de la coyuntura, la perturbación que genera la elección de sus dirigentes nacionales y esa perniciosa conducta opuesta a la renovación que ha convertido otros eventos partidarios, en cónclaves de menor valía, proyección, con tufo electorero y sin respeto a la memoria y la obra de Haya de la Torre.

Es la hora en la que el aprismo medirá su madurez, superará las trabas de su longeva –pero activa y dinámica-, organización y probará que es más grande que todos sus problemas.

Que concurra entonces lo más representativo del aprismo popular y provinciano es no sólo un deseo, sino una necesidad. Que  el Frente Único esté debidamente representado y que los trabajadores, los jóvenes, las mujeres y los sectores emergentes de tanta presencia en el mundo moderno, tengan suficiente voz y votos como para preservar los fines y objetivos del partido de los pobres que fundó una generación de avanzada y progresista, en los albores del siglo pasado.

Que se entienda que es ésta, una estupenda oportunidad para repensar al aprismo mirando el futuro y sometiéndola, claro, al escrutinio de la historia, definiendo su rumbo con claridad, sin concesiones, distante del neo-populismo y en contra de cualquier acto de corrupción y desviación ideológica derechista.

En el marco de una agenda pendiente de cumplir con los que menos tienen, reiteremos que los pobres y los trabajadores son la razón fundamental de nuestra existencia. Hagamos del aprismo esa herramienta estupenda de lucha contra la corrupción y la impunidad y rindamos justo tributo a nuestros héroes y mártires manteniéndonos unidos y ¡Firmes en la Izquierda Democrática!.

¿ES HORA DE ABRIR LAS CÁRCELES?

Del indulto, la amnistía y otras consideraciones…

  ni_olvido_niperdon_copia.jpgAl aparente clima de inestabilidad que vivimos con un parlamento que sobrevive a duras penas en la simpatía popular por la que pocos “padres de la patria” hacen algo, un poder judicial detenido en el limbo y jueces enredados en sus propias galimatías, una tormenta de reclamaciones que el propio primer mandatario alentó en algún momento pensando “que perdía la elecciones” y medios de comunicación que privilegian el amarillismo y desinforman a la población narrando episodios dantescos de muerte y violencia diaria con una solemnidad digna de mejores tareas, se suma un tema recurrente que viene generando demasiadas opiniones encontradas que bien vale la pena comentar.

Como se recordará, el ex presidente Alberto Fujimori Fujimori, tras el fin de un período de gobierno signado por el autogolpe del 5 de abril del año 1992, actos de corrupción y reiteradas violaciones de los Derechos Humanos, fugó del país y tras su huida, se inició un largo y tedioso proceso de extradición que tuvo un epílogo dramático para el país con su captura y la de su socio político Vladimiro Montesinos, comprobándose además, la existencia de una compleja red de corrupción muy extendida por diversas (sino todas) las áreas del quehacer de la administración Pública, así como cuantiosos “botines” expresados en incontables millones de dólares en manos del ex jefe del Servicio de Inteligencia y en distintos personajes del entorno más cercano del gobierno Fujimorista, muchos de los cuales mantienen pendientes aún, una serie de procesos y cuestionamientos legales frente a los cuales el propio ex mandatario no ha podido deslindar, ni marcar distancia.

Quien prefirió huir y hacer prevalecer (en Asia) su condición de ciudadano japonés, casándose con una ciudadana de dicho país para “naturalizarse” y candidatear luego a una senaduría en la Dieta japonesa con la evidente finalidad de “acreditar su condición de extranjero”, mostraba así su evidente afán de evitar la persecución de la justicia peruana. Sin embargo, tras su captura en chile  en noviembre del año 2005, fue procesado y recluido en prisión, generándose desde entonces, una verdadera “cruzada” del fujimorismo por su liberación.

A los casi 70 años (imposible de precisar atendiendo a la cantidad de datos falsos sobre su origen, incluyendo su fecha de nacimiento) Fujimori adolece de una penosa enfermedad que ha motivado que haya quienes sostengan, buscando su liberación, que “ha llegado el momento de iniciar un tiempo de reconciliación”, pretendiendo el indulto presidencial. Por su parte el gobierno, se ha pronunciado de manera inesperada, aludiendo en la propia voz del gobernante, que la solicitud «no llega», sin descartar la posibilidad de atenderla, si esto sucediera.

La verdad es que el tema del indulto a Fujimori no es nuevo, dos ministros de este gobierno y un ex presidente del Congreso se pronunciaron favorablemente sobre el tema que al parecer esta inserto en medio de un curioso cálculo poco legal y  más político, al punto que por un lado el gobierno “sugiere la presentación formal de una solicitud” y por el otro, la familia «evalúa» su conveniencia. Curioso juego de intereses en el que ya nadie sabe qué está en juego realmente, en tanto Ollanta Humala, en su calidad de mandatario, debió -si ese era o es su parecer-, simplemente conceder o no el indulto, por ser esa su prerrogativa, y no desatar un debate innecesario (haciéndole un flaco favor a los que integran la corriente pro-indulto) cuando aún están pendientes resultados de sendas investigaciones en la que el ex presidente se mantiene involucrado.

Tampoco ha sido feliz la participación de quienes argumentan -para justificar la posibilidad de la excarcelación de Fujimori-, el sentido “humanitario” de esta decisión, ya que sostienen que su “enfermedad” es argumento suficiente para que se otorgue el indulto, sin percatarse que en la misma línea, abren peligrosamente un antecedente argumental que podría terminar beneficiando al mismo Abimael Guzmán, quien como sabemos, también padece de una enfermedad (soriasis) que podría ser invocada en el mismo sentido por quienes reclaman su libertad.

Por otro lado, algunos inesperados entusiastas han sostenido que «han habido hasta cuatro ocasiones en las que se han producido procesos de liberación de ciudadanos privados de su libertad, atendiendo a una voluntad de reconciliación”, sin percatarse que ninguno de los casos aludidos guarda relación, ni similitud con el tema Fujimori (acusado de liderar una red de corrupción que asaltó el país).

Veamos, en 1945 y 1956, tras una larga y cruel clandestinidad al que fue sometido el partido aprista bajo los regímenes del Estado de Emergencia y de ilegalidad política, dos procesos electorales en los que el Partido del Pueblo participó, determinó en uno el triunfo de Bustamante y Rivero y en el segundo, el de Manuel Prado respectivamente y ambos produjeron a su vez, sendas amnistías políticas e indultos que permitieron que, literalmente,  “medio país” saliera de la cárceles y miles de familias se reencontraran en lo que efectivamente fue el cese de una guerra civil y un doloroso pero lento proceso de reunificación y pacificación de la patria en aquel momento ostensiblemente dividida.

Es obvio que la naturaleza de la realidad en aquellas ocasiones era distinta a la presente. Fue el pueblo con sus votos el que impuso estos procesos liberadores, prerrogativa entonces parlamentaria que la ostensible presencia aprista en el congreso lideró. En 1980 por otro lado, la cosa no sería muy diferente. Convocada las elecciones en 1978 para elegir representantes a la Asamblea Constituyente, alguno de los elegidos “ganaron sus curules en el destierro” y, si bien retornaron al país en medio de algunas garantías para cumplir sus funciones, los procesos seguidos en su contra por los que se les expulsó de la patria se mantenían vigentes, por lo que uno de los primeros actos democráticos tras la elección de Fernando Belaunde Terry como Presidente de la República, fue declarar “concluido” todo acto hostil y de persecución política a través de una amnistía general que permitió el retorno de todos los expatriados y el fin de los procesos en medio de la imposición de un verdadero Estado de Derecho.

Finalmente  una comisión al que integró el padre Huber Lanzier, fue encargada  de evaluar y proponer indultos en una especie de mea-culpa del gobierno fujimorista que reconoció finalmente, por la presión internacional y la evidente cantidad de presos inocentes en cárcel, que algo andaba realmente  mal en el país y que la serie de denuncias sobre la vulneración de los derechos de los procesados, tenían sustento real y por ende muchas sentencias resultaban violatorias de derechos ciudadanos. Por eso es que con la “gracia presidencial”  se logró la excarcelación de varios cientos de presos, algunos efectivamente “injustamente encarcelados”, pero otros -sin cuestionar su adhesión a la violencia y su militancia terrorista-, fueron liberados “en el paquete”, atendiendo “haberse vulnerado el debido proceso o el derecho de defensa”, pero sin merituar realmente los antecedentes criminales de alguno de los liberados, pero ese, es otro tema en cuestión.

Todas estas consideraciones han sido expuestas en el debate mediático y prueba que las amnistías, o la propia reconciliación mencionada, en el registro histórico no han tenido motivaciones individuales, sino, por su clara naturaleza política, han sido resultado de una serie de consensos y urgencias fundamentalmente politico-sociales, en tanto, el caso del indulto, por su naturaleza individual como se ha reiterado hasta el cansancio-, puede otorgarse por la sola desición presidencial  y sin necesidad de pedido expreso, claro, a menos que el beneficiario tenga efectivamente algún grado de relación con el accionar de columnas senderistas que aún realizan actos de terrorismo, sea un aliado efectivo del senderismo, sea un corrupto, sirva a los intereses de quienes le robaron al estado y no evidencien  propósito de enmienda democrática, sobre todo si siguen pendientes una serie de procesos por los que pareciera no haber ha llegado el momento de la llamada reconciliación, afirmación audaz y demagógica a tenor de lo descrito.

Hay que considerar que efectivamente «nadie debe morir en la cárcel» y para eso están las evaluaciones que al respecto pueden confirmar diagnósticos o clarificar la idea que tenemos sobre el estado de salud de algún reo. Cientos de Indultos han merecido la gracia presidencial y el respeto de la ciudadanía frente a la adversidad que involucra no sólo al preso, sino a la familia. Por eso es que hacen mal en convertir en  un tema de coyuntura política, un asunto que debería haber discurrido por otro canal.

Cuidado, de mantener la forma de este debate, podríamos estar dando un pésimo mensaje a las generaciones futuras, sobre todo si tomamos decisiones apremiados por la coyuntura, la conveniencia, el frio cálculo electoral o sobre la base de un efímero sentimentalismo. El tema que nos ocupa es personal, tiene que ver con una persona que tiene una enfermedad con diagnóstico acreditado, mal pronóstico, edad avanzada y que purga condena, elementos que deben ser evaluados por el propio presidente para conceder o no el indulto.

Para todo lo demás y  para las amnistías, nos falta aún transitar por el tramo largo de los reencuentros ciudadanos y las “profesiones de fe”, de la verdad que señalará responsables, del mea-culpa y hasta del sinceramiento que permita que la democracia pueda ser percibida como un cúmulo de posibilidades que apuestan por lograr el bien común para todos, que castiga a los infractores y no un grotesco escenario lleno de mentiras y construido con tantos desniveles como para que los que no caminan derecho, lo puedan hacer sin dificultad.

Con temas de tanta importancia aún pendientes, queda claro que no hemos superado el pasado reciente y vergonzoso de violencia y corrupción, y en consecuencia, pareciera no haber llegado la hora de abrir las celdas y abrazarnos todos sin temor que tras ese gesto, nos vuelva estallar una bomba, aparezcan nuevamente imágenes denigrantes de cerros de dineros entregados a pillos y funcionarios públicos corruptos que podrían sentir que ha triunfado nuevamente la impunidad, lo que probaría irrefutablemente que aún no hay arrepentimiento ni propósito de enmienda, es decir, ni olvido, ni perdón.

TELEREALIDAD Y VOYERISMO MASIVO

Televisión sin valores, ni controles…

teve_basura.jpgVoy a entrar en el viejo debate sobre si és o no necesario poner algunos límites en torno a la programación televisiva que consumen los ciudadanos. Seguramente, al hacerlo, me saltarán al cuello los llamados “defensores de la libertad de prensa”, ensayando una serie de argumentaciones por la cual, tocar, controlar, cuestionar o sugerir contenidos de una programación, es para ellos, vulnerar la libertad misma.

Pero resulta que lo que está en juego no es la libertad de prensa o la libertad de empresa, sino la naturaleza (beneficiosa o dañina) de los productos que consumimos. Así como se obliga a consignar el origen de los insumos que usa un producto, la fecha de vencimiento y si es dañino o no para nuestra salud, las estructuras que nos brinda el producto televisivo también produce efectos sobre quien lo recibe (o consume) y, en consecuencia, podrían tener algún efecto en su salud mental.

El argumento que más recurre cuando alguien sugiere determinados “límites” en la emisión de programas sin ningún registro positivo, es que la libertad misma no debe estar nunca en entredicho, por lo que de lo que se trata es que “nadie toque” lo que a otros se les ocurre poner en ese inocente aparatito que “abre las puertas de nuestros hogares impunemente a cualquiera, y conmociona la mente de nuestros hijos”. He allí la gran cuestión.

Cada vez que ha sucedido algo que pone en tela de juicio los efectos que la programación que la televisión nacional o extranjera produce en la población, un debate asoma en torno a la naturaleza de la conducta social que promueve la tv y la decadencia de una visión absolutamente comercial por la cual los productos que expende, cualquiera sea su contenido,  “si venden”.

La respuesta de los propietarios de los canales ha sido “la auto regulación” como un paso propio al autocontrol de los contenidos, lo que nunca se ha producido, y que constituye una mentira usada como excusa para evitar abordar un tema que produce escozor y ahora, varios problemas directos y colaterales en los pingües negocios que se cobijan bajo este rubro.

tv_basura_1.pngEn la gama de «productos» de nuestra programación, los hay para determinados horarios, horarios para determinadas personas y hasta tiempos de “protección al menor”, hecho que en sí mismo reconoce  que existen contenidos de los que hay proteger a nuestros hijos, sin embargo, el lucro y el rating siguen constituyendo los elementos fundamentales del negocio televisivo y son los que han distorsionado  su contenido.

Hasta hace algunos años, había consenso en  respetar espacios para la formación y la educación en la televisión abierta, incluso, se sostenía que el Estado -como sucede actualmente en varios países de Europa-, debía reservar señales objetivas para contribuir a la formación de los niños y jóvenes en el contexto del entendimiento de preservar la moral pública y con respetos de minorías discrepantes; sin embargo, tras la imposición de la corriente neoliberal en los años noventa y ese mal habido deseo de “venderlo todo” imponiendo “el lucro” como eje central y motivacional, la televisión se llenó de productos que recogen desde el abuso y mal uso del lenguaje, hasta el sometimiento de ciudadanos para la realización de actos visiblemente reñidos contra el sentido común, el bueno gusto y hasta la dignidad.

Lamer axilas, golpear y permitir que se golpee personas en público, exhibir lo peor de los hombres para “entretener”, fue el punto culminante de una práctica nociva y degradante de ese “entretenimiento” al que sin duda no ha colaborado la crítica periodística que se suma al morbo de los programas que sólo buscan “ampays” y escándalos, como si la conducta equivocada o no de un ciudadano, fuera “el contenido ideal” de un programa televisivo que termina hurgando en las miserias humanas de manera increíble.

La cosa no ha mejorado mucho con el tiempo. El desenfado, la violencia, el crimen y en estos últimos tiempos, la sobreexposición de la vida personal de las personas, dejó de registrar auto regulaciones, los límites de la sensibilidad y el respeto para terminar convirtiendo la TV en una feria de miserias en las que cuanto más bajo cae el participante, mas rating consigue el programa. Mismo circo romano.

La naturaleza de esta sobrecarga emocional, las razones que llevan a las personas a “desnudare ante todo el mundo” y la falta de criterio por decir lo menos, son parte de un mal entendido concepto de la libertad de la producción televisiva y vulnera el proceso educativo de nuestros jóvenes que se suman a una especie de voyerismo  público (y por ende masivo) como un nuevo deporte nacional. Tan grave como consignar una historia irreal, mentiras o falsos héroes en los textos escolares es que la televisión incorpore todo lo descrito a su menú diario, arguyendo además, que “la basura entretiene”.

No voy a sostener, como han escrito algunos despistados, que un programa televisivo o un conductor de televisión han provocado la muerte de una joven cuyo drama personal fue expuesto ante la opinión pública en nombre del llamado valor de la verdad.  Nadie puede prever las reacciones humanas frente determinados escenarios reales o imaginarios. Leer un libro, conocer un hecho, sentir la soledad o simplemente imaginarsela, puede producir el mismo efecto criminal en algunas personas desequilibradas como el que comentamos; sin embargo, lo que si queda en evidencia es que hay que tener mucho más cuidado en lo que permitimos que «se venda» por tv y lo que nuestros hijos “consumen”. Sólo el amor, tiempo dedicado y el respeto por los demás constituyen elementos que permitirán comenzar a superar el drama que hoy motiva la presente nota.

Sin perjuicio de lo expuesto, creo que es tiempo que convengamos que los controles si funcionan. Funcionan porque los derechos de los demás terminan donde comienzan los nuestros y porque, conforme los tiempos que vivimos en los que pasamos muchas horas del día trabajando y fuera del hogar, resulta imposible velar por el uso socialmente productivo del tiempo libre de los jóvenes o, establecer que deberian ver o no nuestros hijos, por lo que al amparo del derecho que nos asiste como consumidores, sería bueno que se produzca una reingeniería total en el concepto y la televisión pública en general.

El estado debe reservarse efectivamente señales para la educación, el entretenimiento y la formación, nadie debería tener más de un canal en la señal abierta para fomentar una real competencia que involucre contenidos y calidad, y la programación de cada emisora, debe incorporar obligatoriamente contenidos culturales, en vez de mantener exclusivamente programas que se caracterizan por la una superlativa vulgaridad, el morbo, y esa obscenidad que se da la mano con la pornografía y la violencia explícita que vende, es verdad, pero que a la luz de la agresión a la salud mental que sufre nuestro pueblo, también mata.

EN EL NOMBRE DE DIOS

Mil años de muerte y guerra santa…

 1348450032287-musulmanes.jpgPorque en el Corán y en la Biblia escrito está:                                                                              “Dios es grande” y “Dios es Amor”.

Cuando la barbarie y la muerte se han explicado  en el curso de la historia del hombre con argumentos religiosos, nuestra visión de la deidad se ha visto trastocada, tanto, como cuando la violencia de estos días toma el nombre de Dios y adquiere ribetes de tragedia incomprensible.

No estoy seguro de cuál es la “diferencia real” entre la violencia terrible alentada  por  cristianos y musulmanes a través del tiempo. Sólo fluye del análisis objetivo, que las llamadas “guerras santas” estuvieron en la mayoría de los casos dirigidas hacia objetivos geo-estratégicos, contra enemigos políticos y diversos intereses agazapados tras una mal intencionada fidelidad a una identidad religiosa.

Si bien las “cruzadas” han encontrado justificaciones en la defensa o reconquista de la” Tierra Santa” y los botines de las guerras que constituyen bienes sagrados de la Iglesia, no es menos cierto que una lectura ortodoxa y  literal de la Biblia o el Corán, pueden llevarnos erróneamente hacia los reductos inescrutables de un mandato simbólico o metafórico cuya dimensión violenta se torna inesperada en el criterio o el “buen” entender de las personas dependiendo de factores no necesariamente teológicos.

Un ejemplo próximo es el de la conmoción no mitigada aún por el derribamiento de las llamadas “torres gemelas” norteamericanas que provocó la respuesta del “otro” fundamentalismo, el anti islámico, que  redobló sus esfuerzos desde entonces para, tras la condena al terrorismo, difundir una asociación no real  de este demencial comportamiento, con la comunidad islámica en general, pretendiendo presentarla como una legión de desfasados y desadaptados cuya única misión además es, acabar con la cultura, países, gobiernos y pueblos occidentales. Es decir, los malos contra los buenos.

Si bien el fundamentalismo islámico y la serie de actos  terroristas que ha producido sectas en su interior ha dado pie a que haya quienes erróneamente sostengan que “el comportamiento de algunos, es el de todos”, esta es una lógica simplista que debería llevarnos por otro lado también a condenar a toda la feligresía  por el mal comportamiento de una curia insensible o por los errores de ésta.

En honor a la verdad y más allá de la “guerra santa”, hay que denunciar que los seguidores de Mahoma sufren persecución, segregación y exclusión en razón de su profesión de fe, de la misma forma que los seguidores de Jesús en buena parte del mundo islámico, son acosados por musulmanes pretendiéndolos impíos en medio de un escenario interminable de confrontaciones, en la que aparece una película que bien vale la pena comentar.

Hay que tener mucho cuidado con esa falsa modernidad en el que la libertad es asociada -más allá de los derechos de los demás-, a la posibilidad de hacer, decir o proponer lo que se nos venga en gana. Los estigmas que crea la cultura de la impunidad, en un mundo en el que somos proclives a odios sin sentido y respuestas desproporcionadas, puede ser un referente de la decadencia que tiene rostro de intolerancia con ribetes de libertinaje, y “la creación” es usada como arma letal que esconde burla o insulto, características que no tienen que ver con el  valor de la iniciativa, sino, de cómo esta se usan para la agresión que ofende y hiere directamente la sensibilidad o la fe de una determinada colectividad (mayoritaria  o minoritaria).

Imágenes que caricaturizan la representación de deidades, profetas, simbologías o ritos religiosos teatralizados sin gusto ni respeto, textos arbitrarios, impertinentes o interpretaciones antojadizas que relacionan ideas contrapuestas pueden, como de hecho afectan, la sensibilidad de creyentes y seguidores, pero pueden y son consideradas además como una grotesca provocación.

Por eso es que hay que recordar que tan grave como el film “La inocencia de los musulmanes” (Innocence of Muslims) en la que se retrata al profeta Mahoma como un mujeriego, pederasta y asesino y que ha originado la serie de revueltas mundiales, así como una feroz controversia que pone en entredicho nuevamente las razones de la violencia del mundo islámico, fue la exhibición de otra película un tiempo atrás, y en la que los agudos comentaristas que hoy condenan la violencia “desproporcionada por un simple film”, guardaron silencio.  “La Última Tentación de Cristo” (The Last Temptation of Christ) también produjo condenas, censuras, graves denuncias, movilizaciones  y hasta violentos incidentes en los que intervino el clero, la feligresía y hasta los fundamentalistas católicos que rechazaron la película en todos los tonos -pacíficos y violentos-, y que grafican los disturbios y víctimas de la época, llegando al punto de “censurarla”, prohibiendo su exhibición en varios países donde la imagen de un Cristo humanizado y sexualizado -se sostenía-, agredía directamente a los católicos y su iglesia que sentía vulnerar su más importante dogma de fe.

Otro aspecto que hay que resaltar es el que los fundamentalistas anti islámicos afirman que la conducta violenta de los musulmanes están acreditadas en frases del Corán y que esos  llamados a la violencia prueban la conducta terrorista de sus seguidores, olvidando sin embargo que en la otra acera, son diversas y acreditadas las citas que en la misma línea se encuentran en la Biblia, sin perjuicio del registro histórico de los” Cruzados”, la Santa Inquisición y hasta la quema de brujas.

Sin duda que en pleno siglo XXI construir la sociedad del futuro pasa por resolver primero los graves y definitivos problemas mortales y preservar la vida en el plano terrenal de las propias manos del hombre, pero también es momento de ir resolviendo “los otros problemas”, esos de naturaleza  superior, espiritual y de fe, ya que no habrá ninguna posibilidad de avanzar en la construcción de ningún “mundo mejor”,  si la tolerancia y el respeto no se convierten en el eje de las relaciones de la convivencia humana.

Hay quienes me han dicho que el debate de fondo está en “la interpretación anacrónica o moderna del mandato de Dios”, es decir, en la forma como se interpretan los textos religiosos. Creo, de vuelta al plano mundano, que es la forma como el hombre involuciona cerrando las puertas al respeto común y las libertades lo que está en juego.

Si sólo lográramos entender que la fuerza de la grandeza de Dios (o de nosotros mismos)  no radica en nuestro entendimiento de él, sino en sentir el hálito divino de la fuerza de la creación -cualquiera sea la idea personal que tengamos de ella-, como expresión de amor entre los hombres para que las desigualdades de todo tipo desaparezcan a pesar de las armas, la corrupción, las “guerras santas” y las no tan santas que el mundo soporta.

Habrá quienes piensen que todo lo escrito es parte de un ideal compuesto de buenos deseos, y, posiblemente de alguna manera lo sea, pero eso es preferible a escribir sobre la causa torpe de las guerras buscando excusas y seguir usando a Dios como pretexto para la violencia. Todos los textos religiosos coinciden que Dios es el arquitecto supremo del universo y la vida y entonces, si eso es verdad, como efectivamente lo es, no es posible seguir usándolo para justificar los desvarios de la pequeñez humana, la muerte y en consecuencia, el tiunfo del diablo. Amén.

JAVIER SILVA RUETE

Se fue un piurano de corazón gigante…

javier.jpgCaminábamos rumbo a las elecciones de la Asamblea Constituyente, y la mezcla de reclamos por el pronto retorno a la civilidad, los derechos postergados de los trabajadores derivados de la reorientación de nuestros recursos para  el pago “obsesivo” de la deuda externa peruana, así como el desgaste natural tras doce años de gobierno militar, era parte de un panorama complicado para la estabilidad económica y política del país.

El entonces ministro de Educación José Guabloche, nos había recibido en su despacho ubicado en el Parque Universitario, sede del ministerio de educación, para “escuchar con una atención a los escolares que tomábamos las calles de Lima en medio de las huelgas de los profesores”.

“Quiero entenderlos”, repetía el ministro loretano con insistencia, en lo que parecía ser un gesto de apertura que distaba de la imagen represiva del gobierno con el que confrontábamos en las calles. Cuando llevábamos algo más de una hora juntos, recibió una nota que su Edecán le colocó sobre la mesa, la leyó, y nos pidió que suspendiéramos la reunión unos instantes. Al poco rato, reingreso con quien llamó, “un tipo especial”.

En aquel momento conocimos nada menos que a Javier Silva Ruete, un abogado de profesión con oficio de economista que sería convocado con el tiempo, por varios gobiernos,  para ser ministro de Estado y consejero económico.

Años después lo volví a encontrar envuelto en esa imagen de “ministro malo y ortodoxo de las políticas yanquis”. Nada más alejado de la realidad tal y como lo comprobé cuando, aliado del aprismo en su primer gobierno, pude relacionarme con él y conocer su pensamiento.

Contra lo que muchos suponen, Silva Ruete nunca “alquiló” su talento, ni se puso al servicio de causas en la que no creyera. Cada convocatoria para asumir algún cargo público, fue precedida de una serie de condiciones de autonomía en materia económica que entonces nos sonaban excesivamente liberales, en tiempos en los que el estatismo aún seducía a intelectuales y políticos jóvenes.

Duramente criticado y más allá de sus aciertos y errores, en realidad fue adelantado a su tiempo. Su visión de largo aliento en materia económica permitió sentar las bases de una  re-conceptualización del modelo necesario para países como el nuestro, al punto que, sin transitar por el neoliberalismo, mantuvo una visión de la economía mucho más cerca del llamado socialdemócrata “Estado de Bienestar”,  que de la duras políticas liberales alentadas desde la Casa Blanca en tiempos Republicanos.

Con una enorme capacidad de trabajo, fue consultor internacional  y amigos de sus amigos. Hace un tiempo, nos reunimos con su hijo Carlos  con la finalidad de intercambiar ideas sobre su postulación al directorio del Banco Central de Reserva. Había que convencerlo. Ya estaba en los Estados Unidos y nos parecía que en un contexto como el que vive el país, sin duda que su opinión y consejo seria de suma importancia. Confieso sin embargo, que en esa misma línea, distintos actores políticos, de distintas ideologías y partidos, probarían poco tiempo después, que  no éramos los únicos que estábamos apostando por aquella idea.

La muerte nos arrebata a un peruano ilustre y la sorpresa con la que nos toma la noticia de su desaparición física nos hace detenernos para rendirle tributo a un hombre honorable y honrado que, pese haberse desempeñado en distintos momentos de su vida en importantes cargos públicos, no reeditó la triste historia de quienes se aprovechan de su protagonismo pero para acumular fortunas mal habidas.

A Carlos, su hijo, y a toda su familia, sólo nos queda trasmitirle nuestro sentimiento más fraterno. Que descanse en paz  este piurano de corazón gigante, y que los suyos encuentren consuelo en el reconocimiento y la gratitud de todos los peruanos de bien.

LA NOCHE QUE CAMBIO LA HISTORIA

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                                      La fundación del Partido Aprista Peruano…

                AL NOBLE PUEBLO APRISTA

A cada uno de los humildes militantes que en la base sectoral,en el sindicato, la universidad y las organizaciones populares mantienen inhiestos los ideales de justicia y los valores de ese aprismo auroral, honesto y sin condiciones
que dio origen y sustento al Partido del Pueblo.

La semilla que germinó

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1923 sería un año definitivo. El aprendizaje y las experiencias en el joven Víctor Raúl Haya de la Torre habían consolidado su liderazgo y, como consecuencia de los luctuosos sucesos del 23 de mayo, en el que obreros y estudiantes se opusieron tenazmente a la utilización política de “la consagración de Lima al Corazón de Jesús” por parte del presidente Augusto Bernardino Leguía, fue deportado y partió al destierro en el vapor “Negada” en medio de la protesta popular.

A partir de entonces, el estudio intenso en la búsqueda de la verdad y  la consolidación del trabajo desplegado determinarían que el 7 de mayo de 1924, Víctor Raúl Haya de la Torre, fundara la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), en un salón de la Universidad de México en una sencilla, pero significativa ceremonia en la que simbólicamente entregaría la bandera Indoamericana. A partir de entonces, el trabajo intenso de las principales células apristas en muchos países se puso en marcha.

Los principios bajo los que se funda la nueva organización política de los trabajadores aparecen claramente expuestos en el número de diciembre del año 1926 de la revista inglesa “The Labour Monthly”, What´s the A.P.R.A.

En dicho artículo se señalan cuales son los cinco puntos que justifican la creación de un Frente Único integrador de los países del sur y centro América (1.- Acción contra el imperialismo, 2.-Por la unidad política de América Latina, 3.- Por la nacionalización de tierras e industrias, 4.- Por la internacionalización del Canal de Panamá, 5.- Por la solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas el mundo). Original plataforma de lucha de una organización internacional antiimperialista que en poco tiempo daría que mucho que hablar.

Por otro lado, en el Perú habían sido superadas con la separación definitiva de los facciosos, las interesadas divergencias que un pequeño “grupo comunista” promovía encabezado por Eudocio Rabines, personaje sombrío que proponía la conformación de un “partido de clase”, opuesto a la formación de un gran Frente Único de Clases Explotadas.

El resultado de esta confrontación se sentiría tras la pérdida paulatina y sistemática de “Amauta” y “Labor” (la primera revista del pensamiento libre y tribuna del APRA, y la segunda, órgano de los trabajadores), revistas que, en medio de las dolencias de salud de José Carlos Mariátegui y su posterior muerte, acaecida en abril del año 1930, quedarían sometidas totalmente a los dictados de la III Internacional Comunista.

Víctor Raúl Haya de la Torre coordinó y lideró personalmente el despliegue de un impresionante trabajo propagandístico. Llevó su prédica por Panamá, Cuba, parte importante de Centroamérica y México.

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También visitó la Unión Soviética, así como, Suiza, Inglaterra, Francia y parte de Europa donde tomó contacto con la obra y la intelectualidad progresista de la época, así como con líderes de la época como el comisario político Soviético Anatolio Lunatcharski, el dirigente sindical Ruso Lozowoski, Romand Rolland, Albert Einsten, Ramsay MacDonald, David Lloyd George, Bernard Shaw, George Lansbury, entre otros.

En lo que respecta a la promoción fundadora que acompañaría al fundador del aprismo, la mayoría conocía las estrecheces del destierro y la cárcel, no llegaban a los cuarenta años, sobresalían con nitidez aguerridos anarcosindicalistas, Alcides y Belisario Spelucín, Serafín del Mar, Carlos Manuel Cox, Manuel Seoane, Fortunato Quesada y Magda Portal  quienes llamaban con cariño “viejo” a Haya de la Torre quien proponía una reflexión serena sobre la crisis que vivía el continente y específicamente el Perú y respondía incansablemente cuanta comunicación llegaba desde donde las células apristas recalaban o intensificaban su labor propagandística, es decir, desde todo el Perú, México, Francia, Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia, Cuba, Panamá y Costa Rica.

De esa original visión de la coyuntura y la necesidad de responder los apremios que la realidad imponía, surgió “Por la Emancipación de América Latina”, obra primera de Haya de la Torre que recoge ensayos escritos desde 1924 que apareció el año 1927 editado en Buenos Aires.  Este mismo año apareció en las revistas “The Labour Montly” y “Socialist Review”, las primeras respuestas a la polémica continental sobre aprismo y comunismo que dieron forma y contenido al libro fundamental del aprismo, “El Antiimperialismo y el APRA”, editado finalmente el año 1936 en Santiago de Chile a cargo de la editorial “Ercilla”.

Otra vez un taller de carpintería…

El reclamo de la vanguardia obrera local y de los estudiantes integrados al aprismo para formar la “Sección Peruana del APRA”, dio pie para que Serafín del Mar, Alcides y Belisario Spelucín invitaran a una reunión para recibir “los encargos de Haya de la Torre y escuchar al delegado enviado al Perú”. En esta oportunidad, la reunión no se realizaría en la casa de Carlos Muñoz, sito en la Calle del Milagro, frente al Hospital “Ruiz Dávila” que usualmente se usaba para las reuniones, sino, en el taller de un carpintero ubicado en la Plazuela del Teatro Principal.

Luis Heysen y Luis Eduardo Enríquez, ambos desterrados y líderes de primera importancia del exilio aprista constituían la avanzada y los delegados encargados por Haya de la Torre para desarrollar específicas labores políticas en Perú.

Heysen pisó suelo patrio sin mayores complicaciones, en tanto Enríquez lo hizo sorteando mil y un afanes por el Cuzco, donde fue finalmente apresado. Hubo que esperar entonces la libertad de Enríquez, por lo que entre las 7 y las 8 de la noche del día 20 de setiembre, comenzaron a llegar al lugar de la convocatoria entre cuarenta y cincuenta personas inicialmente. Ya iniciado el cónclave se dio lectura a una proclama que para la ocasión, fechada y remitida desde Berlín, remitió el propio Haya de la Torre.

Si bien se fueron integrando unas veinte personas más, algunas de las cuales no se conocían entre sí por la diversidad de sus oficios y actividades, una curiosa camaradería hizo sentirse muy cómodos a los presentes, sobre todo, tras los informes de la intensa actividad aprista desplegada.

La reunión dio cuenta de una ceremonia sencilla y puntual, con mucha fraternidad, casi un acto de fe y de reafirmación de los más preciados valores de la lealtad y consecuencia. Hay quienes hablan incluso de “un acto de iniciación” probablemente influenciados por la presencia masónica de muchos de los asistentes. En dicha reunión, se socializó parte de la  simbología del aprismo y las “formalidades impuestas” por los anarco-sindicalistas que los presentes aceptaron de buen agrado.

Si bien las motivaciones de este reducido grupo de hombres fue inicialmente “sólo la de organizarse e iniciar un trabajo más consistente”, hubieron quienes como Alcides Spelucín, mantuvieron firme la idea de darle al evento una mayor connotación, porque “concurrían a este episodio, las fortalezas derivadas del ejercicio democrático de las protestas que desde 1919 impulsó el compromiso de la Alianza Obrero-Estudiantil, la lucha por las Ocho Horas de Trabajo y la Reforma Universitaria que en 1923, tuvo su expresión más dramática con la muerte de un obrero tranviario y un estudiante”.

Desde la organización proletaria, anidada básicamente en la organización Sindical de los Panaderos “La Estrella” y la ya importante “organización de tejedores” fue que llegó parte del apoyo logístico que consolidó las primeras épocas del trabajo gremial, en tanto, con el peculio personal de los “iniciados”, se puso en marcha los proyectos más urgentes de propaganda, en medio de un país que se debatía entre conspiraciones militares, golpes oligárquicos y un clima de inestabilidad política y económica general.

Quien hubiera podido sospechar que en el Perú, como en la vieja historia del cristianismo, en un humilde taller de carpintería, ubicado en la Plazuela del Teatro número 278, entre el jirón Huancavelica y las calles Calonge y Lartiga, al frente del Teatro Principal -hoy Teatro Segura-, en el centro mismo de la ciudad de Lima, se produciría un acontecimiento fabuloso que definiría el nuevo rumbo de la historia agrupando el espíritu de cambio de las generaciones precursoras del siglo XX, acompañando a las juventudes en su larga lucha contra la pobreza y la opresión desde entonces.

Placuela_del_teatro.jpgPlaza del Teatro. En la esquina, a la izquierda el local donde se fundó el PAP

De la protesta a la acción

Por las circunstancias casi clandestinas en las que se desarrollaron los acontecimientos en el Perú, no ha sido posible precisar con exactitud la hora en la que se produjo el acto formal de la fundación del Partido Aprista Peruano, sin embargo, por testimonios confiables, la Sección Peruana del APRA Continental vio la luz entre la noche del 20 y la madrugada del 21 de septiembre de 1930, cuando la vigilia nocturna encubría el asolapado bochorno que producía el humeante calor del vetusto farol que alumbraba el local.

El lugar fue el único que consiguieron y respondía a las necesidades del momento en las que por cierto, no había mayor pretensión. Con los años, dicho predio fue demolido para construir a mediados del siglo pasado, un moderno complejo de oficinas que administra hoy, una orden de la Iglesia Católica, el lugar sigue siendo punto de peregrinaje y homenajes que rompe, cada 20 de setiembre, ese panorama grisáceo de una Lima en la que todas las puertas y ventanas se parecen, esconden sigilosamente una sucesión de historias si bien, disimiles y definitivas, a la vez tan dramáticas como la propia realidad de pobreza y explotación en toda la nación.

Alcides Spelucín fue quien realizó las faenas de vigilia en la puerta, en tanto cuidaba celosamente el ingreso de los invitados que, confundidos entre los transeúntes y los asistentes al Teatro Principal de Lima -ubicado exactamente al frente del local-, eran guiados para evitar que la policía política descubriera el lugar de la convocatoria.

Una sencilla mesa vulnerada por el tiempo, las labores de ebanistería y la cotidianidad a las que era sometida por el propietario del lugar, lucía cubierta por una bandera roja en cuya parte central, en círculo dorado, se reflejaba el perfil de Indoamérica, era la misma bandera con la que se fundó el APRA en México años antes y en cuya elaboración participó el eximio pintor y muralista Diego de Rivera. De alguna manera, un hilo conductor integraba también ideales y sentimientos como los que se consagraron en la primera Acta Constitutiva que se inserta en el cuaderno escolar de tapa roja en el que se da cuenta de la fundación del PAP.

A esa ceremonia casi iniciática por las formas y la solemnidad que la envolvió tal y como se ha dicho, fueron llegando y reencontrándose uno a uno los invitados miembros de los claustros universitarios, activistas del movimiento obrero hasta entonces simpatizante de la prédica anarcosindicalista.

En la misma reunión también hubo gente del campo a los que se sumaron intelectuales de vanguardia vinculados a través de la bohemia de la época y concentrada en lo que siguió al “Grupo Norte”, a “Claridad”, “Amauta” y a los ensayos de lo que sería la revista “APRA” cuyas ediciones por cierto, fueron encargadas luego a Víctor Polay Risco y Juan Valdivia, expertos propagandistas que perfeccionaron sus técnicas en medio de las penurias posteriores que sufrirían en las cárceles.

Destacaron por su entusiasmo y compromiso en esta etapa auroral, Serafín del Mar, Alcides y Belisario Spelucín, Luis Eduardo y Cesar Enríquez, Alfredo Gamboa, Leoncio Muñoz, Francisco Galarreta, Magda Portal, Fabricio Ungaro, Rodrigo Franco Guerra, Crisólogo Quesada, José A. Carvalho y Víctor Polay, entre otros, quienes se enteraron de lo que acontecería luego de escuchar los informes del intenso activismo mundial que provocó un intenso debate en torno a las condiciones políticas del país y la labor y el esfuerzo realizado hasta la fecha por los exiliados en la construcción del movimiento, hechos que permitió ratificar como un imperativo la necesidad además impostergable de fundar el partido en el Perú.

Luis Eduardo Enríquez presidió la sesión fundacional del PAP y lo hizo bajo la inspiración de Haya de la Torre. A él se le encargó la secretaría general del nuevo movimiento, en tanto el nuevo Comité de Acción que representaría, preparaba el regreso de los exiliados y realizaba sendos eventos preparatorios del Congreso Nacional.

La tensa realidad, la persecución y los encargos a cumplir por Enríquez en el extranjero determinaron que en el mes de noviembre del mismo año se reajustara el Comando de Acción que desde entonces lideraría Carlos Manuel Cox, como Secretario General del partido.

El 6 de agosto del año siguiente (1931) se realizó en Trujillo, ciudad ubicada al norte de la capital peruana, el I Congreso Nacional del PAP donde se ratificaron los cinco puntos del Programa Máximo Continental del APRA consignados en el Acta Fundacional y se aprobaron las líneas generales del Programa Mínimo o Plan de Acción Inmediata del Aprismo que Haya de la Torre presentaría a la Nación poco tiempo después.

En aquel evento se elegiría también un nuevo, formal y definitivo Comité Ejecutivo Nacional del PAP, ratificándose en él, la elección de Carlos Manuel Cox como Secretario General del partido y a Julián Petrovick, como el primer secretario de Organización del CEN.

En las hojas de un cuaderno se registró la historia

La inminencia de elecciones generales en el país, y la forma como había prendido el mensaje de Haya de la Torre entre los más pobres, las mujeres  y los jóvenes, produjo la necesidad de expresar políticamente al aprismo en Perú.

Fue el abogado trujillano Francisco Galarreta quien guardó el cuaderno escolar de pasta roja que fue adquirido al precio de 30 centavos en la librería “Herrera Méndez” ubicada en la esquina de las calles de Juan Pablo y Trinidad, en cuyas modestas hojas rayadas, se registró la voluntad del pueblo de fundar al aprismo, según el testimonio de Víctor Polay Risco en, testigo de excepción del acto fundacional.

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Debe saberse como dato de interés, que la solemnidad de aquel acto del que hemos hablado, sólo se quebró ante el discreto y viril llanto de algunos de los asistentes, quienes “juraron lealtad”, invocaron a los ausentes perseguidos y presos, recordando con emoción “la presencia del jefe”, forma como se empezó a llamar a Haya de la Torre por su liderazgo moral y talla ética desde aquel preciso instante.

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Las noticias «vuelan» y el “pan caliente” no se vende en panaderías

Pero si la fundación del Partido Aprista, desde entonces el “Partido del Pueblo”, pasó desapercibida para algunos, otros en cambio, en medio de una ciudad relativamente pequeña aún, y desde sus barrocas oficinas de la dirección del diario “El Comercio” registraban los acontecimientos con preocupación.

A pesar que las anotaciones policiales sobre el tema fueron incinerados,  con el tiempo se conoció que el gobierno de la época nunca pudo establecer con absoluta certeza quienes asistieron al acto de fundación del aprismo, sus organizadores, ni el lugar exacto de la reunión, pese que la unidad de investigaciones políticas promovió bonificaciones a soplones y agentes que desplegaron un operativo destinado a detener a los representantes de la nueva “secta extremista internacional”, tal y como narraría la nota oficial que requiere la información del evento

Que se recuerde para entender el contexto, que en el año 1930 el aprismo se afirmó y consolidó como la organización política de la lucha antiimperialista proponiendo romper la hegemonía civil-oligárquica e incorporando al escenario del debate nacional, a los llamados entonces “cholos”, a los mestizos, provincianos y a las mujeres, proclamando increíblemente desde 1931 -momento en el que se hace público el “discurso programa”-, una alternativa ideológica forjada entre 1919 y 1928 y que revolucionó la nación con una propuesta de descentralización que, entre otras, de haberse puesto en marcha, le hubieran ahorrado al Perú, décadas enteras de atraso.

Cabe anotar que no hubo que esperar mucho para que el pueblo respondiera a la oligarquía. La organización y los aportes pequeños, pero multitudinarios, generaron una economía que permitió que circulara el diario “LA TRIBUNA”.

1348148029325-2.jpgEste importante medio de comunicación vio la luz el 16 Mayo de 1931 y estuvo llamada a convertirse en el diario más popular y de mayor tiraje del país, con el mayor registro de decomisos, intervenciones y embargos, al que se conocía desde la discreta distribución en las épocas clandestinas como “el Pan Caliente” y cuyo singular origen se produjo en medio de una empresa “de unos pocos soles, pero un millón de esperanzas”.

Su primer director fue Manuel Seoane Corrales quien había retornado al país en noviembre del año anterior luego de su exilio en Buenos Aires y a él se sumó la colaboración de Manuel Solano y Luis Alberto Sánchez, este último ya adscrito al aprismo y quien se encargó de inmediato de la co-dirección del diario que marcó un hito en la historia de la libertad de expresión y se constituyó en una herramienta de las clases más necesitadas porque desde ese instante, “los pobres pudieron hablar…” .

LA TRIBUNA fue pionera de la prensa libre y el más importante diario comprometido con el cambio que registra la historia de la nación, al punto que se ha escrito con justeza que si se evalúa la historia del Perú en el siglo XX, deberá ésta confrontarse a través del debate ideológico producido en las páginas de los diarios “El Comercio” y “La Tribuna”, ambas trincheras contrapuestas que fueron la expresión de la oligarquía y el pueblo, enfrentados por el destino de la nación, sus protagonistas y los intereses que cada cual representaba.

Desde su primer número, LA TRIBUNA fue la respuesta viva del aprismo y por sus páginas habló Haya de la Torre y lo más trascendente del pensamiento progresista.

Nunca más el Perú fue el mismo

Cuando Haya de la Torre hizo su arribó a Talara el 12 de Julio del año 1931, una apretada multitud lo recibiría entonando en simultáneo las notas de “La Internacional” y la letra de la novísima Marsellesa Aprista de la autoría de Arturo Sabroso Montoya, líder obrero que evolucionaba del anarco-sindicalismo al aprismo auroral.

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Con treinta y seis años de edad y convertido en la expresión de la esperanza de los que menos tienen, Haya de la Torre recorrió parte del país a lomo de caballo, llegando por primera vez a estaciones indígenas y parajes olvidados, sentando precedentes de una convocatoria hasta entonces desconocida que produjo temor en el civilismo y la oligarquía por la irrupción de las muchedumbres en la actividad política, sobre todo, después de las apoteósicas convocatorias para escuchar al líder del aprismo realizadas entre agosto y noviembre del año 1931 en las que la Plaza San Martín y la Plaza de Toros de Lima mostrarían un nuevo rostro popular.

Pese a todo el esfuerzo desplegado en la campaña y la enorme simpatía popular por el aprismo y su joven candidato presidencial, el fraude impidió finalmente el acceso del aprismo al poder. Luis M. Sánchez Cerro inició un período de gobierno nefasto y la más larga persecución que haya sufrido movimiento popular alguno en América Latina.

Tres siglos y un solo mensaje

Un hombre que nació el siglo XIX, que combatió y se entregó a las causa de los que menos tienen durante todo el siglo XX y que mantiene una presencia innegable por la vigencia de su pensamiento en el siglo XXI, tiene sin duda, el mérito de haber construido para la América Latina una propuesta de futuro que es a la vez, un sentimiento transformador, asignándole al pueblo –hasta entonces sólo parte del coro anónimo del drama-, tareas en la construcción de su propio destino.

Si bien no se le permitió a Haya de la Torre acceder a la presidencia, no pudieron por otro lado desconocer la enorme votación que obtuvo la entonces primera Célula Parlamentaria Aprista en 1931. Llegaron al Congreso líderes populares e intelectuales de vanguardia que revolucionaron el statu-quo, la formalidad burguesa de un parlamento anquilosado y de espaldas al pueblo, sembrando en la conciencia nacional la necesidad del cambio que sólo algunos años después, a través de una lucha aprista permanente, permitirá una serie de conquistas sociales y le daría el voto a los analfabetos, a las mujeres y también a los jóvenes.

El recién fundado movimiento aprista, representaba una colectividad de avanzada que garantizaba una lucha frontal por el derecho a la huelga, a la negociación colectiva y también a la libertad sindical, en un esfuerzo visionario que conquistó además, la educación gratuita y casi todos los espacios que los pobres le arrancaron a la democracia formal en lo que fue parte del siglo XX.

El aprismo es, por su historia, “la mejor expresión de un partido de masas, enriquecido por su vitalidad organizativa, por la extracción chola y provinciana de la mayoría de sus miembros, lo que continúa distanciándola del grupo privilegiado y propietario”, tal y como ha sostenido Alan García, sin duda,  uno de los dirigentes apristas más reconocidos.

El aprismo es un movimiento adelantado a su tiempo. A este respecto, la proyección de la obra del pensamiento de Víctor Raúl Haya de la Torre habla por sí misma en estos días que se entiende la globalización como un proceso integrador cuya filosofía (aun cuando no, su aplicación neoliberal) tiene sólidos antecedentes en las tesis apristas de la integración continental, en tanto la regionalización, como proceso de reversión de la crisis estructural que vive la patria, fue también una adelantada que ha tenido en los variados procesos descentralizadoras ensayadas, un antecedente innegable.

Y si todo esto no ha sido suficiente para el reconocimiento pendiente por su obra y presencia en la historia Indoamericana, el aporte moral de Haya de la Torre en el ejercicio de una ciudadanía impecable es también, un argumento irrebatible, sobre todo, para quienes no terminan de aceptar que quienes desde 1930, acusados de extremistas, sectarios y soñadores, tenían razón al creer que es posible cambiar la dramática situación de oprobio, miseria y subdesarrollo de los que menos tienen, buscando la justicia, pero sin abdicar de la libertad.

MATAR UN RICO, MATAR UN POBRE

Groseras desigualdades…

 1347971922841-vraemn.jpgLa desigualdad es un grave signo del subdesarrollo y este no sólo puede medirse por el índice de la producción de un país, la satisfacción de las necesidades, la capacidad de consumo de una población  o la eficiencia de los servicios que se presta en una colectividad. La desigualdad genera discriminación y una deformación de la conducta social que se expresa en esa torpe visión en la que la gente “que puede” otorga o niega derechos a los que “no pueden” en función a una imaginaria e inexistente “superioridad” derivada de una mal pretendida “capacidad cultural, económica, racial, de clase social, género, nacionalidad o concepción ideológica o religiosa.

Los pobres son por lo general, la expresión clásica de esta discriminación. Sus derechos están supeditados a las dádivas de quienes detentan el poder y la  evidencia del maltrato que sufren, es sólo es una estadística que sirve para los “diagnósticos” con los que se llenan las propuestas electorales.

La discriminación tiene formas y modos. Una de ellas, tal vez la más grosera, es aquella por la cual existen modos de observar y acometer la realidad dependiendo de quién sea el afectado.

Este razonamiento se grafica a plenitud en el proceso de la violencia terrorista en el Perú cuando, tras años de muerte, zozobra y terror, la subversión tocó intereses específicos de los sectores “A” y “B”, para lograr una respuesta rápida del Estado en medio de esa “cainita” indiferencia por el cual los “objetivos” de Sendero Luminoso eran menos importantes cuando eran pobres campesinos o humildes viviendas en el campo o en zonas alejadas de las urbes, y, cuando las bombas destruían objetivos citadinos, cuando el poder sintió de cerca tocar sus intereses y cuando los muertos no eran sólo “gente común”, momento en el que el rechazo se convirtió en protesta y la condena en acciones tendientes a “resarcir el dolor de los deudos”.

La desigualdad es una realidad que promueve respuestas diferenciadas, increibles e incompatibles con la filosofía del desarrollo que hace a los ciudadanos iguales ante la ley y que se pone en evidencia cuando se encuentran cadáveres semi-enterrados en fosas comunes, se conoce de asesinatos en serie, de muertes selectivas de líderes locales y pobladores humildes en las alturas de la provincia, o cuando el afectado es un reconocido actor social por el que se pone en alerta y en movimiento, todo el aparato estatal.

Con el crimen organizado pasa exactamente lo mismo. Cuando los efectos del desborde de la violencia organizada o no, toca población civil, entonces se impone otra estadística, un frio registro en problemas a resolver, pero cuando este mismo fenómeno toca a algún miembro de la elite política, económica o social, entonces “la dimensión de la tragedia adquiere ribetes de la más urgente y mayor importancia”.

Hace muy poco tiempo, el intento de secuestro de la hija de un importante político, movilizo a toda la policía, determinó la imposición de un cerco de seguridad sobre este personaje y su familia, incluso la modificación de parte de la legislación agravando las penas sobre la materia, en tanto, barrios, colectividades y poblaciones enteras en la provincia o las zonas periféricas de la  misma capital, sufren a diario los embates de la venta de droga, el asalto, el secuestro y hasta el asesinato ante la indiferencia de autoridades.

Lo sucedido tras la nueva “impecable” intervención de las fuerzas combinadas contra el senderismo en el VRAEM, nos lleva al mismo tema, al abordar la discriminación como fenómeno incompatible con el ánimo civilizado que exige la realidad de un país que se reclama en franco proceso de crecimiento.

Uno de los registros del desarrollo tiene que ver con la ética de los gobernantes, la moral pública y los derechos de los ciudadanos con respecto al Estado. Un país con signos tan graves de violencia (de cualquier naturaleza) que no han podido ser superados, es un país condenado al subdesarrollo social permanente.

por eso el operativo cuestionado y mal explicado llama la atención. El gobierno, la Primera Dama y la Ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables “aparecen” en medio de un show mediático que pretendió “rescatar a tres pioneritos secuestrados”, en medio de respuestas inconsistentes de dos ministros (interior y defensa) cuando en realidad, todo parece indicar que los niños no estaban secuestrados, que fueron extraídos de su vivienda y de manos de quienes resultaron ser sus propios padres.

Que un operativo de esta dimensión no tenga justificación, en tanto se conoce que “la confrontación fue contra un solo senderista” ya es de por sí, un escándalo, pero que se haya pretendido ocultar la muerte de una niña de ocho años, Zoraida Caso, hermana de las otras tres “rescatadas”, cuyo cuerpo además fue escondido tras ser asesinada y arrojada lejos del teatro de operaciones para evitar el escándalo, habla de algo más que una simple falta de información, habla de discriminación y habla de desigualdad tras los sucesos producidos en el centro poblado de Ranrapata, distrito de Santo Domingo de Acobamba, en Junín.

Si esta niña fuera la hija de algún personaje “importante”, probablemente el país habría sido puesto en alerta, la condena pública motivaría el escándalo usando todos los recursos que el Estado posee y su identificación, sería prioridad y materia de una publicitada búsqueda. Pero claro, la niña es hija de campesinos, vivía en un paraje inhóspito, sin servicios, ni signos de civilización y además, era pobre.

¿Hasta cuando la muerte tambien tendrá estos signos de discriminación tan groseros? ¿Hasta cuándo matar un pobre seguirá siendo un registro de la estadística y una muestra de la brutal desigualdad en la que vivimos? Lamentablemente, esas preguntas siguen sin respuesta en pleno siglo XXI. 

EL VALOR DE LA MENTIRA

Una nueva pregunta para el gobierno…

Valor_de_la_verdad..jpgUn curioso programa televisivo ha puesto en evidencia las extrañas razones por las que hay quienes “complementan” sus verdades con mentiras que a su vez creen ocultar con más mentiras, pensando que estás nunca se descubrirán, o tratando a la vez de satisfacer frustraciones, valoraciones y necesidades personales, psicológicas, económicas, sentimentales e incluso políticas.

Durante varios programas hemos visto como un desenfadado conductor televisivo, hurga en lo más íntimo de sus invitados, de sus historias y heridas, invitándolos a confrontar su propia imagen y al sentido común. A partir de ese momento, pareciera que el buen nombre, la imagen,  la vergüenza y hasta la verdad misma, adquiere un precio que provee alguna ganancia, pero a costa de someter el espíritu y la dignidad.

Si bien éste es sólo un programa televisivo, y su estructura está diseñada para obtener réditos publicitarios a costa del drama personal de la gente, alguna notoriedad y beneficio ganan los interesados-participantes en su “hora de fama”, con dinero como fondo provocador y en la que sin pudor, delatan todas sus verdades en medio de la sorpresa de los que se supone, son quienes  los conocen a fondo, y ante un público ávido de un raro vogüerismo de la miseria en la que después de una mentira prolongada, la verdad se reduce al escarnio y la falta de consideración imperdonable.

Hace algún tiempo, el gobierno viene sufriendo una confrontación similar al que comentamos y que pone en evidencia todas sus «verdades ocultas», sus medias verdades y hasta sus mentiras.

Ante cada interrogante y tras una mentira que alguien hace creer que produciría algún beneficio momentáneo, aparece una verdad, y con ella, la sorpresa cuyo valor superlativo, no imaginado y además teóricamente contrapuesto a lo que creiamos, termina desnudando dolorosas y dramáticas incapacidades, lindantes con una preocupante mediocridad cuyo origen pareceria estar sobre todo en la asesoría gubernamental.

En poco tiempo, hemos sido testigos de cómo se cambian discursos, se relevan lealtades de improviso, se ofrece lo que no se piensa cumplir y se inventan operativos “impecables” y «rescates» inexistentes. Se ofrece además reconocimientos en medio de promesas que algunos prefieren olvidar al instante, se blinda al corrupto y se tolera la impunidad, en tanto, finalmente, como el punto más crítico de «la búsqueda de la verdad»,  la ironía convierte la mentira, en una constante que, en contraposición al slogan de la campaña electoral del actual presidente, efectivamente, termina haciendo una grave  «diferencia», pero en contra, con el pasado. Flaco favor al honesto sentimiento popular de quienes votaron por este gobierno, al nacionalismo etno-cacerista del humalismooriginal y también, de paso, al nuevo humalismo de la “Hoja de Ruta” que, casi casi, nos convence.

Con el terrible conocimiento de los detalles de lo  que el gobierno afirma fue “un operativo planificado y éxitoso”, sin fuego cruzado que justifique lo sucedido y, cuando las sucesivas declaraciones oficiales ponen en entredicho lo que habría sido todo un batallón de fuerzas combinadas para “atrapar” un sólo terrorista y “salvar” tres niños del seno de su propio hogar para ser traídos a Lima para una foto, asalta el recuerdo, la muerte de soldados abandonados a su suerte, de rehenes que se liberaron solos y de un gobierno que pretende sumarse triunfo falsos, en medio de un polígrafo imaginario que pone en evidencia el cruel debelamiento de la verdad.

Habrá quienes respondan por lo sucedido, renunciarán «los ministros del limbo», y una serie de explicaciones se darán en torno al porqué se embarcó a la Ministra de la Mujer y la propia Primera Dama en un show mediático en el que se reveló el asesinato de una cuarta niña a quien extrajeron del teatro de operaciones y arrojaron a una quebrada, para ocultar esa verdad por la que ahora todos preguntan.

Apremia la respuesta, la música le da un tono solemne al momento, los actores gubernamentales parecen atrapados en esa verdad que «los hará libres», en tanto se espera la respuesta y la verdad, mientras hay quienes sugieren desesperadamente «apretar» el botón, que es el «comodín”  que dejaría todo como está, sin respuestas y salvaría al gobierno de la hecatombe que se produciría cuando se responda la pregunta y aparezcan los responsables dejando en evidencia cuál es el valor de la mentira.