¿GOBIERNA EL PUEBLO O MANDA LA TURBA?

A la luz de la historia, el llamado gobierno directo que gustan evocar los autócratas sigue siendo una aspiración a pesar que los plebiscitos y referéndums para que los ciudadanos “ejerzan por si mismos” las funciones del Estado puedan sugerirlo, cuando en realidad aquello, en términos estrictos, no sucedió ni siquiera en Grecia, donde se afirma que el Ágora reunía ciudadanos para discutir y resolver las cuestiones de gobierno, encubriendo en realidad, la preeminencia de una aristocracia excluyente en la que por ejemplo, esclavos y mujeres no tenían ninguna participación.

En el Perú, desde que se recuperó el poder para los civiles en los años ochenta, se ha tratado de construir un Estado de Derecho sujeto a las normas elementales de convivencia ciudadana, derechos humanos y una idea generalizada del bien común como norte, sin embargo, los modelos ideológicos que juegan desde la anarquía hasta la brutal dictadura, establecieron un doble rasero por el cual, “las urgencias de la población” constituyen un referente de gobernabilidad que no siempre se usa para dictar medidas y gobernar para las mayorías, ya que la oligarquía, antes terrateniente ahora financiera, siempre ha sido esquiva los modelos que, como en Europa, encontraron equilibrios en para que los sistemas de gobierno lograran una mejor distribución de la economía, lo que en nuestros países no sucedió porque los privilegios de antaño se mantienen haciendo que el Estado siga siendo una herramienta de opresión de una clase sobre otra, abriendo cada vez más las brechas que separan a ricos y pobres.

Por su parte, la informalidad nos agobia, es contra-histórica y da cuenta de una realidad cuya economía está basada en modelos excluyentes que promueven una neo cultura chicha que juega a usar modales democráticos en las formas, pero autoritarios e ilegales en el fondo, convirtiendo nuestra endeble democracia representativa, en un modelo cada vez mas inexplicablemente imperfecto, precisamente para que no cubra las expectativas de la gente y de esa forma el escepticismo la degrade, a pesar incluso que surge legítimamente desde una elección popular que al poco tiempo, se convierte en fuente de desaliento al ser petardeada desde una prensa interesada que la deslegitima, imponiendo, sólo el interés del gobernante adornado de “verdades y consensos” que éste logra en medio de una muchedumbre (muchas veces minoritaria pero aparatosa) que es movilizada al compás de la mano de titiriteros que se erigen como los grandes jueces que pueden hacerlo todo, incluso, cuestionar las decisiones de Estado.

En este escenario, cuando un joven y perturbado fiscal puede dejar la prudencia impresionado por los reflectores y la fama mediática para cuestionar decisiones institucionales en materia jurisdiccional, la cosa es mas seria de lo que nos imaginamos porque la conducta autoritaria del régimen comienza a expandirse entre quienes entienden al país dividido entre buenos y malos, dándole a la población el terrible mensaje que todo está en entredicho, alentando una turba que desafía al sistema y reniega de todo.

Este es un gobierno que no construye nación, que no ve el futuro como una posibilidad, que no educa al soberano, ni forma ciudadanos, pero que administra la crisis pescando a rio revuelto y olvidando que un pueblo que no aprende de sus errores, está condenado a repetirlos. Al respecto, saltan los ejemplos tras recordar el drama del presidente Leguía quien purgó prisión y murió en ella, así como, la ejecución de los hermanos Gutiérrez quienes, abusando y manipulando a las masas lograron éxitos pasajeros, pírricos, pero luego…

Cuidado con quienes elevan a los altares al gran señor de la calles, ese que sin rostro, ni sentimiento, pareciera decidirlo todo en medio del oscurantismo que prevalece y que encubre groseramente a quienes en la sombra sostienen al presidente accesitario que gobierna con encuestas en la que las preguntas van en todos los sentidos imaginables, pero siempre, condicionadas –cual espada de Damócles-, a una verdad maniquea: “lo que la calle mande”.

Este es un gobierno que no construye nación, que no ve el futuro como una posibilidad, que no educa al soberano, ni forma ciudadanos, pero que administra la crisis pescando a rio revuelto y olvidando que un pueblo que no aprende de sus errores, está condenado a repetirlos. Al respecto, saltan los ejemplos tras recordar el drama del presidente Leguía quien purgó prisión y murió en ella, así como, la ejecución de los hermanos Gutiérrez quienes, abusando y manipulando a las masas lograron éxitos pasajeros, pírricos, pero luego…

Alguien debería pasarle la voz al despistado Martín Vizcarra que nos gobierna sobre el ánimo de esas masas que hoy lo aplauden y que mañana también lo acompañaran, pero al cadalso, recordándole que si esto sigue así, su cabeza, en bandeja de plata, será llevada por las mismas lloronas vestidas de riguroso negro que hoy lo adulan -en incomprensible alianza caviar-, pero en cuyas faldas esconden la hoz y el martillo, armas con las que apenas puedan, le darán la estocada final.

 

 

 

 

 

Gráfico Internet: Sistemas políticos org.

LA JORNADA DE LAS OCHO HORAS Y HAYA DE LA TORRE

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Texto de «La Revolución de los Espíritus»

A manera de introducción

El aprismo fundamentalmente es un frente, un gran movimiento social y un partido político que afinca sus raíces en la heroica lucha del pueblo. Su pensamiento recoge lo mejor del progresismo socialista y el humanismo revolucionario. Define su origen marxista sólo como un método de interpretación y/o estudio de la realidad, pero suma a la evolución de las ideas políticas, la experiencia científico-social como parte ineludible de su propio desarrollo dialéctico.

El aprismo es de Izquierda, entendiendo esta definición como una respuesta política que la sitúa en una alianza permanente con sectores nacionales en lucha contra toda fuente de opresión y sojuzgamiento, en tanto dinámica y realista, porque promueve un Estado capaz de convertirse en justo árbitro de las complejas relaciones entre el capital y el trabajo.

El APRA afirma con Haya de la Torre, su fundador, que su tarea histórica propende al desarrollo o cumplimiento de las etapas económicas harto estudiadas por las ciencias sociales y económicas, validando precisamente, una economía plural y emprendedora que ponga énfasis en el impulso de las diversas formas existentes, alentando el desarrollo cooperativo y autogestionario de profunda raigambre nacional.

El APRA es por excelencia la organización de la lucha antimperialista en Indoamérica y fue fundada por el ilustre patriota nacionalista peruano Víctor Raúl Haya de la Torre un 7 de mayo de 1924 en la ciudad de México, lugar desde donde se irradió la fuente del pensamiento indoamericano que llamaron aprismo, hacia diversos países donde comenzaron a funcionar células, partidos apristas o movimientos que reconocen su inspiración filosófica e ideológica y que -a casi un siglo de aquella ocasión-, forman parte del bloque de la Izquierda Democrática Latino y Centroamericana, y, el Socialismo Democrático mundial que reconoce en Haya de la Torre, una de sus fuentes doctrinarias originarias más consistentes.

Como movimiento, registra una serie de antecedentes que nutrieron sustantivamente su etapa fundacional, entre ellos los que constituyeron la revolución de los espíritus, una sucesión de acontecimientos que cambiaron la historia de la nación indoamericana y produjeron una conmoción en la mente y el ánimo de los hombres libres. La Revolución Mexicana, la Revolución Rusa, la Reforma Universitaria, la lucha por las ocho horas de trabajo y la Jornada del 23 de Mayo de 1923 que -sumados al conjunto de los episodios más importantes de la lucha popular desde inicios del siglo XX-, constituyen el registro de un capítulo inconcluso de la historia mal contada del país.

Estas anotaciones, si bien no recogen totalidades, ni constituyen un tratado histórico, deben ser consideradas como apuntes que ayudarán a comprender la naturaleza del aporte del aprismo en la construcción de esa noción de nacionalidad que la visión precursora de Víctor Raúl haya de la Torre aportó. German Luna Segura

Gonzales Prada

DON MANUEL

Manuel Gonzales Prada fue un personaje extraordinario. Un intelectual y precursor de las grandes trasformaciones sociales en el siglo XX. Su pluma y verbo encendido generó respeto y al  mismo tiempo, sumó a su firme patriotismo, una rebeldía iconoclasta que sacudió las conciencias obreras y atrajo a las juventudes de la época.

Haya dela Torre lo conoció y vivió su presencia desde la fortaleza de su pensamiento y, en toda su intensidad, acompañando su rechazo absoluto al conservadorismo y toda forma de acomodo.

Don Manuel trató en varios momentos de su vida de organizar un movimiento firme y decidido para hacer conciencia de sus ideales, sin embargo, prevaleció una constante superior que lo mantiene vivo y presente, su acercamiento a obreros, artesanos y juventudes permitió que su denuncia contra la política criolla no cayera en el vacío y su propaganda del anarquismo como credo social tuviera eco.

Tuvo una relación intensa y comprometida -intelectual y moralmente con Haya de la Torre-, y su obra refleja la importancia del momento político. Con los años, Luis Alberto Sánchez se convertiría en su biógrafo y Haya de la Torre heredó el legado intelectual y su biblioteca, mientras por su lado el aprismo lo reclamó como un precursor inmortalizando su nombre en el proyecto de las Universidades Populares, reivindicando así su obra y reconociendo su pensamiento como un aporte de sustantiva y valiosa trascendencia nacional.

LA LUCHA DEL ANARCOSINDICALISMO

En el contexto internacional, es el anarco-sindicalismo quien sienta las bases de la conciencia obrera, forja las primeras organizaciones proletarias y expresa el sentir de los trabajadores que Haya de la Torre recogería en esa concepción de su alianza obrero-estudiantil que lo marcaría y de la que hablaría por el resto de su vida.

No hay manera de mirar la obra del anarcosindicalismo en el mundo del trabajo, sin evocar un momento dramático, tal vez el punto de partida de una valoración superior de la organización de los trabajadores que nos lleva por los terribles sucesos ocurridos en Chicago el año 1886, cuando los movimientos anarquistas promueven una huelga por todo los Estados Unidos precisamente desde el primero de mayo de aquel año reclamando –entre otras pretensiones-, las ocho horas de trabajo.

La jornada paralizó más de cinco mil fábricas y cerca de 340.000 obreros expresaron al unísono su voluntad de lucha saliendo  a calles y plazas con manifestaciones que evidenciaron una contundente exigencia popular.Ejemplar

Ejemplar lucha de los trabajadores

Al tercer día de huelga, un importante número de trabajadores movilizados fueron reprimidos por bloques rompehuelgas en la puerta de la fábrica de maquinaria agrícola McCormick, dando paso a la intervención de la policía que disparó a quemarropa a la muchedumbre, provocando seis muertos, muchísimos heridos y un clima de violencia generalizada que el periodista Adolf Fischer exacerbaría aún más al difundir una proclama que entre otras frases contenía lo que las autoridades consideraron un abierto llamado a la guerra civil: “Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!”

Mártires de los trabajadores del mundo

Al día siguiente, un nuevo acto de masas reunida en la plaza Haymarket se tornó mucho más violenta y desbordó cuando una bomba explosiva cayó cerca de la policía, produciendo una respuesta oficial desproporcionada e incontrolable. Veinte mil personas sufrieron el ataque de armas de una compañía de ciento ochenta policías que  abrió fuego de manera indiscriminada. Las autoridades restringieron los derechos de las personas con medidas de emergencia dejándose llevar por la campaña de la prensa conservadora que exigía que los trabajadores anarquistas fueran detenidos y juzgados ejemplarmente por su rebeldía.

Tras estos últimos sucesos, ocho trabajadores fueron finalmente detenidos, golpeados, torturados y procesados en una farsa de justicia. Las sentencias condenaron a la cárcel a Samuel Fielden, pastor metodista inglés y obrero textil, condenado a cadena perpetua, Oscar Neebe, vendedor, condenado a 15 años de trabajos forzados y Michael Schwab, 33 años, tipógrafo alemán condenado a cadena perpetua; en tanto fueron llevados a la muerte: George Engel, 50 años, de nacionalidad alemana y tipógrafo, Adolf Fischer, de 30 años, periodista de nacionalidad alemana, Albert Parsons, periodista de 39 años de quien se probó que no estuvo presente en el lugar de los hechos, August Vincent Theodore Spies, periodista alemán de 31 años y Louis Lingg, 22 años, carpintero de sólo 22 años quien se suicidó antes de ser ejecutado.

El relato doliente del escritor y político cubano José Martí para el periódico argentino La Nación, describe el 11 de noviembre de 1887 el momento final de estos luchadores: “…sonríen, les leen la sentencia, les sujetan las manos con esposas…y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos… Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha… luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable…”

Recordar estas muertes le dan un sentido ulterior a esta fecha conmemorativa, pero muestran además, la naturaleza y trascendencia de estas conquistas que son un ejemplo de lucha unitaria sobre los que reposa la gesta que provocó en 1889 que el Congreso Obrero de la II Internacional Socialista reunido en Paris, rindiera justo tributo al acordar por unanimidad “dedicar cada primero de mayo al recuerdo los Mártires de Chicago, quienes fueron ejecutados por agitar las conciencias y levantar banderas reivindicatorias”.

Pero no son esas las únicas muertes que sacudieron la conciencia mundial, desde entonces, una larga e interminable lista de héroes populares en todo el mundo han generado conciencia sobre lo que los trabajadores con su esfuerzo, sus luchas y su dignidad han conquistado. Por eso cada Primero de Mayo es una fecha especial, un hito, un faro luminoso, el momento en el que la historia da un giro y los trabajadores se vuelven hacia su verdadera historia y la necesidad de la unidad de sus organizaciones, llamando la atención de políticos, líderes sociales, religiosos e intelectuales que aceptaron el llamado de la II Internacional Socialista que, reunida en Ámsterdam en 1904, pidió a “todos los partidos, sindicatos y organizaciones socialdemócratas luchar energéticamente en el Primero de Mayo para lograr el establecimiento legal de la jornada de 8 horas y que se cumplieran las demandas del proletariado para conseguir la paz universal”, esa paz que fue esquiva para los trabajadores por centurias y que hasta la iglesia Católica ayudaría a hacer realidad cuando en 1954 -a través del propio papa Pío XII-, decretó el 1 de mayo como día de la  festividad de San José Obrero.

EN EL PERÚ, SIN LUCHAS NO HAY VICTORIAS…

“…la huelga general, como arma de la revolución democrática es una expresión de altísima conciencia cívica y un testimonio de la responsable capacidad organizativa de un pueblo. Cuando ella se produce, no hay arma material que la venza”. Victor Raul Haya de la Torre

Haya de la Torre agitador de la conciencia proletaria

 

Producidas las más importantes manifestaciones gremiales en algunas zonas agrícolas del interior del país y en el puerto del Callao entre finales del siglo XIX y  los primeros años del siglo XX, ha pasado buen tiempo, y hoy podemos estudiar con mayor objetividad los momentos en los que el trabajador urbano-industrial y el rural-industrial, de la mano con la evolución del artesano originario o del campesino indígena-, reclamaba nuevas formas en las relaciones laborales en la ciudad y el campo, confrontando desde entonces y entre ambas, la necesidad de una organización colectiva de trabajadores.

En este contexto, por un lado se situaban los que defendían “el monoclasismo” nítidamente influenciados por las corrientes más radicales de la época, frente a quienes, impulsaban el fortalecimiento de una nueva experiencia surgida a partir de la interacción de los estudiantes con los obreros en la lucha por las ocho horas de trabajo y la formación de la Universidad Popular como experiencia en la que los estudiantes agrupados bajo la Federación de Estudiantes del Perú (FEP) crearon en el Perú y parte de Indoamérica para los obreros, centros de aprendizaje que serían los cimientos de lo que después se conocería como Sindicalismo de Frente Único, movimiento popular que frenaría por una lado los abusos de los “patrones” y gobernantes conservadores de turno e impondría una organización libre donde se respete la voluntad de los agremiados, desatando las iras del comunismo internacional que no aceptaba que prevaleciera ninguna tesis de alianza pluriclasista de  trabajadores como la que el APRA proclamaba desde 1924.

Unas apretadas secuencias de los principales movimientos de trabajadores realizados en esta época pueden graficarse en la llamada “Huelga de los Portuarios del Callao”, realizada en 1904 y que centró fundamentalmente sus reclamos en la exigencia de grupos ya organizados de obreros de fábricas y haciendas cercanas por asistencia médica y el pago de “indemnizaciones” por lo que calificarían como “riesgos de trabajo”. En torno a las paralizaciones, el primer y exitoso Paro General en Lima se realizó el año 1911 expresando su solidaridad con los obreros de Vitarte que habían sido masacrados por tropas del Gobierno por reclamos sin éxitos, en tanto otro movimiento de gran proporciones fue el llamado Paro General que arrancó los primeros días de enero y alcanzó plenitud hacia el 12 de enero del año 1919, momento en el que la Federación de Estudiantes del Perú que presidia Víctor Raúl Haya de la Torre intermedió en el conflicto a través de delegados que conquistaron el famoso decreto firmado por el gobierno, reconociendo la jornada laboral de 8 horas de Trabajo.

A este respecto, es pertinente notar que fueron años de gobierno de comerciantes, banqueros y terratenientes, elementos que impusieron una cultura del abuso que permitió la movilización y la organización de los trabajadores por derechos laborales no reconocidos. Son las primeras planas de los diarios y revistas “La Prensa”, “Los Parias”, “La Crónica” y “Actualidades” y “Variedades” las que dan cuenta de la evolución y el activismo de la organización de los obreros cuyas protestas contra esas injusticias sociales daban nacimiento, en medio de la represión, al glorioso movimiento sindical peruano que a pesar de su embrionaria forja, a inicios del siglo pasado ya exhibía como conquistas laborales: La asistencia médica, indemnización por riesgos laborales, la supresión del trabajo nocturno y el propio decreto de la jornada laboral por 8 horas en la que intervino de manera definitiva Haya de la Torre y cuya implementación tuvo una fase preliminar para los trabajadores del Callao, en tanto que a partir del 15 de enero de 1919, se aplicaría para todos los trabajadores del país.

La ocasión recuerda el impulso de nuevas formas de lucha de la organización proletaria – campesina y de las intensas relaciones de Frente Único que desde inicios del siglo XX fuera elemento medular para el éxito de las conquistas sociales y las experiencias sindicales, sobre todo, a partir de la interacción de los estudiantes con la lucha obrera y, como no, en la aspiración suprema de la conquista de las ocho horas de trabajo. Una apretada secuencia de los principales movimientos precursores de la organización proletaria y la unidad sindical en el Perú nos lleva desde 1896 por las huelgas de los tejedores de Vitarte que fue seguida por las luchas de los trabajadores cigarreros, los tipógrafos y los pasteleros -vinculados con la organización originaria de los panaderos-, que en 1901 pasó a llamarse por acuerdo unánime de sus integrantes Federación de Obreros Panaderos Estrella del Perú.

La llamada “Huelga de los Portuarios del Callao” realizada el año 1904 es otro gran momento ya que mostró reclamaciones que fueron más allá de las peticiones inmediatas de asistencia médica y el pago de “indemnizaciones” por “riesgos de trabajo”, dando, por su contundencia, un ejemplo de organización unitaria al que se sumaron sindicatos organizados en fábricas y haciendas cercanas.  Le seguirían diversas paralizaciones y crisis que dieron pié a históricas jornadas de lucha como las que lideraría en diversas ocasiones la gloriosa Federación de Obreros Panaderos Estrella del Perú.


Panaderos y Tejedores, entusiastas organizadores de la originaria fuerza sindical

Otras organizaciones que aportaron en este esfuerzo fueron la Unión de General de Jornaleros que exigía puntualmente la jornada laboral de 8 horas, cobertura médica en accidentes de trabajo, y otras reivindicaciones como paso previo a una Huelga General, en tanto en Talara y Negritos ,en el norte del país-, los petroleros defendiéndose contra los despidos injustos por parte de la empresa inglesa Duncan Fox que sufrió sabotajes por el apoyo de los obreros del Callao que la emprendieron contra los embarques y desembarques de dicha empresa.

Está claro que por su dimensión, contundencia y continuidad, esta sucesión de actos sociales mostraba entre otras, la importancia, crecimiento y fuerza de la organización obrera -a pesar incluso-, del fracaso del primer intento de creación la Confederación de Artesanos Unión Universal y de los constantes ataques al anarcosindicalismo y sus dirigentes por parte de la prensa de la época. Los trabajadores en toda esta etapa, evolucionaban del mutualismo y el asistencialismo hacia un sindicalismo mucho más organizado, programático y comprometido con la realidad. Prestaron mucha atención a la prédica anarcosindicalista y al discurso de Manuel González Prada, sin perjuicio de la también notoria influencia de la masonería progresista acreditada por las intensas relaciones de ésta con diversos líderes estudiantiles como la que se conoce entre Cristian Dam, prominente miembro de la Gran Logia Masónica del Perú, con el dirigente panadero Manuel Caracciolo Lévano, dirigente anarco-sindicalista quien alentó la formación de mayores sindicatos libres, absorbiendo esta corriente a los militantes del anarquismo ideológico y produciendo una espléndida simbiosis en la más amplia concepción de la participación directa de los trabajadores, expresada en el respeto de la voluntad de los agremiados,  tal y como fue entendida en las originarias organizaciones proletaria.


Fiesta de la Planta jornadas de deporte, expresión de una creciente cultura popular.

Todo este período fue también de alegría y conciencia visionaria. El Deporte expresado en diversas manifestaciones y una mirada a lo que fueron las prácticas de diversas disciplinas serían compartidas por la creciente afición a los clubes Alianza Lima y Universitario de Deportes que nos acercan a un temperamento en el que además, las actividades en tributo a la naturaleza fueron importes porque de alguna manera, mostraron el lado humano y sensible de estudiantes y combatientes proletarios juntos.

Los registros aluden la fiesta de la planta como el escenario ideal para la formación de diversos núcleos formativos y artísticos como el “Centro Artístico Obrero” con notoria influencia del llamado “Grupo Norte” y que, si bien fue efímero, sirvió de aliciente para la creación y puesta en marcha de nuevos y varios escenarios de difusión de nuestra música y acervo popular.  

Le siguieron otros grupos como el “Centro Artístico de Vitarte” que reunió a anarquistas de renombrada presencia, el “Centro Nueve de Enero” que promovieron  Adalberto Fonken y Noé Salcedo en homenaje a un obrero de apellido Videla quien fue asesinado por la policía cuando participaba activamente en una huelga. Una serie de actividades de carácter social eran el complemento del actuar sindical.

Hemos mencionado La Fiesta de la Planta porque constituye una visionaria actividad que alude la defensa de la naturaleza que promovió y fundó el propio Haya de la Torre, ocasión en la que  el  líder obrero estudiantil, simbólicamente, no sólo sembró un árbol que hasta ahora existe en el parque 9 de enero de Vitarte, sino que alentaba la fraternidad porque se aprovechaba para presentar equipos que, en sana competencia de futbol entre motoristas, sombrereros y textiles, se batían en campeonatos contra estudiantes en los que se replicaban populares encuentros entre hinchas de los equipos de Alianza Lima y Universitario de Deportes.

Pero sin duda, fue la lucha misma por las ocho horas de trabajo en el Perú el mejor ejemplo del compromiso y solidaridad en lo que podríamos considerar una precursora plataforma unitaria que marcó y definió la historia del movimiento popular.

Los obreros en conflicto fueron muy responsables, supieron desarrollar estrategias de lucha  aplacando los brotes de personalismo. El trabajo se distribuyó y se formaron comisiones para visitar las fábricas que no se habían comprometido con la huelga. Se impulsaron jornadas intensas de solidaridad obrera y diversos autores coinciden que desde la última semana de diciembre de 1918 los obreros textiles de San Jacinto, Victoria, Vitarte y La Unión habían paralizado parte importante de la fuerza laboral pero, sin que esto fuera suficiente para lograr los objetivos que la propia Huelga General planteaba, razón por la que se abrieron otros frentes de lucha que incluyó coordinaciones con delegados gremiales de otras actividades y también con los dirigentes representantes de los universitarios Bruno Bueno, Valentín Quesada y Víctor Raúl Haya de la Torre.

Un minucioso y leal desarrollo de los acontecimientos acompaña estas épicas jornadas llenas de valentía y entusiasmo. Ninguna gestión, ni la exhortación del propio presidente de la república a los obreros tuvo éxito. Diversos “mensajes” se chocaron con la firmeza de la conciencia proletaria al que los estudiantes se sumaron con toda la fuerza de sus convicciones,   razón por la que el año 1919 se iniciaría, colocando literalmente al gobierno contra la pared.

La lucha -ya con nuevos actores y de características nacionales-, se radicalizaría, sobre todo, cuando el 8 de enero el Presidente Pardo suprimió las garantías individuales y la violencia se impuso como respuesta del régimen. Los huelguistas insistirían “en el Paro General, la libertad de los apresados, la condena a la fuerza militarista que reprime la huelga y un llamado para la conquista de las 8 horas por la acción directa”.

Haya de la Torre con sindicalistas en la primera década del siglo XX

La represión recrudecía y desde entonces, un movimiento de estas proporciones que inmovilizaría al país en el campo y la ciudad, sería una señal inequívoca del éxito que lograrían pronto los trabajadores. Lo que vino después, fue la conquista a pulso de la jornada laboral de ocho horas, los enfrentamientos en las calles y una noción de organización mucho más moderna que los trabajadores hicieron suya, nutriéndose desde entonces, de una conciencia mayor y crítica que ayudó a entender la nueva alianza obrero-estudiantil y el Frente Único.

El día 15 de enero de 1919, tras memorables jornadas de negociación que encabezarían los dirigentes del movimiento obrero y el propio Víctor Raúl Haya de la Torre con el Ministro de Fomento Manuel Vinelli, tuvo resultados de los que se daría cuenta personalmente en el local de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP), ante el Comité de Huelga y los representantes. El Decreto que oficializó las 8 horas de Jornada laboral era una realidad, en tanto otro funcionario, el Director de Fomento de apellido Figueroa, haría lo propio ante los Huelguistas que se encontraban a la expectativa en el Parque Neptuno, en pleno centro de la  ciudad.

La alegría replicaba en los rostros de los trabajadores la connotación de la victoria y entre él recuerdo emocionado de los viejos luchadores, los anarcosindicalistas levantaban sus manos en clara señal de triunfo. En Barrios Altos, en el centro de coordinación de la agremiación panadera, el frenético trabajo de propaganda cesó y mientras volaban por los aires cientos de volantes que preparaban, los trabajadores se abrazaron emocionados.     


    Haya en “El Obrero Textil”, 1924 Año 5, Nro.1

Tras la victoria, la organización obrera se fortaleció y bajo el aliento del propio Haya de la Torre, al día siguiente, se fundó la importante Federación de Trabajadores en Tejido del Perú, centro vital de la Federación Obrera que designó al propio  Víctor Raúl como su presidente honorario, en tanto el sindicato minero de Cerro de Pasco lo llamó “amigo fervoroso de la causa social obrera”. Era evidente el claro reconocimiento de los trabajadores a los estudiantes que el joven Haya representaba.

La propia Federación Obrera Local (FOL), lo designó delegado especial, otorgándole  una representación que  pone en evidencia su reconocimiento  por el aporte de este gran peruano a la lucha popular, la conquista de la jornada laboral de ocho horas de trabajo y la construcción de la plataforma unitaria de la naciente alianza obrero-estudiantil.

    Con el trascurrir del tiempo, la intensa relación de Haya de la Torre con los trabajadores se estrecharía. Fundó para ellos la Universidad Popular cuyo primer local funcionó en Vitarte proponiendo una formación integral, humanitaria y deportiva. Promovió una serie de conquistas sociales y laborales en el ámbito de la lucha social, como en el parlamento, llevando a través del aprismo a los primeros representantes obreros y campesinos al Congreso Nacional.

Impulsó de manera comprometida -a través de Luis Negreiros Vega y Arturo Sabroso-, la organización gremial y política de los trabajadores, que el Primero de Mayo del año 1944 se recuerde como fecha memorable para el movimiento proletario y se funde la gloriosa Confederación de Trabajadores del Perú (CTP), acaso, el más importante esfuerzo de la clase trabajadora por lograr la ansiada Unidad Sindical y un justo tributo a los nobles hijos del pueblo que entregaron su vida por la causa de la justicia.


Movilización popular de la gloriosa CTP, tributo de Haya de la Torre a los trabajadores (*) 


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(Foto. Diario El Peruano).

REFORMA SIN FORMA

¿El Perú ante una nueva oportunidad perdida?.

Algo grave debe estar sucediendo en el entorno palaciego mas íntimo cuando el primer mandatario, en vez de gobernar, decide disfrazarse en cada lugar que visita para perderse en ofrecimientos locales con evidente tufo electoral y, al mismo tiempo, inmiscuirse en tensos e improductivos debates con autoridades locales, funcionarios de todo rango, parlamentarios, el Fiscal de la Nación, Magistrados del Poder Judicial, y en general, con cuanta persona pareciera estar en desacuerdo con sus propuestas e intereses.

Pero estos son más que simples desencuentros, parecen ser parte de una guerra sin cuartel en el que las descalificaciones fluyen de la mano de interminables acusaciones –cada una más grave que la otra, «escuchas» incluidas-, que producen desaliento y hartazgo entre la gente que ante esta situación, bien podría comenzar a justificar brotes de violencia insurreccional de tan dramática recordación.

Peligroso escenario por el cual los aprietos de unos constituyen las victorias y justificaciones de otros, generando que los aparentes «ganadores» sean “los sin bandera”, es decir, aquellos que conspiran de manera permanente contra el sistema buscando imponer la grita, el linchamiento político, el desorden y la desestabilización.

Que el país aún no registre una situación de alarma en materia económica es bueno, pero debe llevarnos a la reflexión obligándonos a poner fin a este circo romano en el que las cabezas no son un símbolo de victoria, sino, los registros de una absoluta descomposición que se exhibe como trofeo para distraer y desorientar en tanto al mismo tiempo, se mantienen concertaciones dolosas que desde el poder tienen tufo ha grosero negociado.

Si bien la historia de las denuncias que hemos conocido en los últimos tiempos ha permitido mostrarnos rostros de impunidad impensados y que la justicia actúe, no podemos dejar de lado que el propio ex gobernador de Moquegua, Martín Vizcarra ha tenido que asumir parte del costo del drama. Denuncias que no son nuevas, suman cuarentiseís procesos en su contra y como en los más casos, ponen en evidencia que algo huele mal, explicando por otro lado el por qué la necesidad de controlar al Poder judicial y al Ministerio Público, mientras un coro de “angelitos limpios hacen el trabajo sucio del gobierno” señalando compulsivamente  a enemigos –con ventilador prendido-, en claro afán que no vean sus propias vigas.

En este contexto, el fantasma del cierre del Congreso y el nombramiento de una Comisión palaciega para la Reforma Política parecen ir en la ruta del despropósito a la que se suman todos los legicidios propuestos hasta ahora y en el que los gritos de sangre y muerte tras los linchamientos políticos cumplen su propósito distractivo, marcando una agenda conveniente que de alguna manera logra una extraordinaria adhesión popular que cómo llega, se irá volteando con el tiempo, también en horario estelar y afectando a quienes hoy mueven las marionetas desde el pent-house  de los constructores, la cómoda oficina de los dueños de los grandes medios de comunicación o, en los despachos de los operadores beneficiarios de concesiones como la de Chincheros en el Cuzco.

Es el orden social y político el que requiere ser cambiado y son valores los que deben imponerse y para eso se requieren consensos en que es la estructura del país la que hay que corregir si es que se pretende superar de manera definitiva el que la ética pública haya cedido nuevamente posiciones en favor de la corrupción, el acomodo y la impunidad. La reforma debe ser por eso, un proceso inalterable en el que el conjunto de medidas tomadas deben servir para modificaciones de fondo, significativas, irreversibles pero que comprometa el aporte nacionalista y consensuado de expertos representativos, pero también, de las organizaciones populares y sociales dispuestas a poner fin a un estado de cosas que mantiene en vilo desde hace buen tiempo al propio Estado de Derecho y en cruel agonía a una democracia que la gente siente que no le sirve para nada.

Una nueva oportunidad perdidas parece ser el nefasto corolario de la tragicomedia que ha puesto en escena el precario inquilino de la casa de Pizarro Martín Vizcarra, quien cree haber sintonizado con la expectativa popular aupado a personajes sin biografía democrática y pies de barro. La falta de visión de estadista puede hacernos pagar por eso una factura muy alta, sobre todo, porque mantener una conducta impositiva y autocrática conduce al gobierno con maneras poco transparentes al error, dejando de lado asuntos en los que los consensos son viables como lo prueban los avances en una estrategia común en la lucha anti-corrupción, el Código Electoral, la lucha contra la pobreza, la generación de empleo digno y hasta la propia bicameralidad, enmarcadas en plataformas significativas que han sido ahora dejadas torpemente de lado.

Mantener el escandalete puede distraer un tiempo, anima a comunistas que se reciclan en el insulto o el discurso panfletario, pero será inevitable que hoy o mañana se sepa toda la verdad, incluyendo qué intereses se jugaron y el por qué se renunció a gobernar enfrentando los problemas de fondo, perdiendo un tiempo valioso que mina la democracia porque niega al mismo tiempo la ilustración y desprecia el debate, ejes sustantivos de una verdadera reforma política, aquella que debe abordarse responsablemente en el contexto de las complejas relaciones de la comunidad, la participación ciudadana y naturalmente, ese Estado que sigue siendo instrumento de opresión y obscurantismo de unos sobre otros.

Es verdad que mientras se arrincone al adversario, se criminalice la política, la confusión reine y gobierne quien defiende la intromisión inconstitucional autocrática, la urgente refundación de la política seguirá siendo una utopía y, a la vez, la perfecta justificación para que a través de primeras páginas y la propaganda que usa millones de la publicidad estatal en favor de intereses poco santos,  los linchamientos seguirán siendo la mejor arma y el desayuno perfecto de quienes por ignorancia no saben que el curso de la historia es inalterable, que la precariedad del poder es cruel y anuncia tiempos de absoluta soledad porque la justicia tarda, pero siempre llega.

A PROPÓSITO DE MIGRANTES, PERSEGUIDOS Y REFUGIADOS

Entre integracionistas o simples chovinistas

Provengo de una familia integrada a la lucha por la libertad y la justicia y por eso conozco de cerca el drama de quienes tuvieron que marchar hacía el destino incierto del exilio. Milito toda mi vida en un partido cuya heredad por décadas se confunde en medio de quienes tuvieron que renunciar a seguir viviendo en su país llevándose a los suyos siguiendo una diáspora sin retorno que los llevó hacia tierras distintas y lejanas, pero fraternas, haciendo menos dramático el sufrimiento del duro pan del destierro.Soy parte de una legión de hombres que con Haya de la Torre creen en la Patria Grande y la Integración Indoamericana, por eso, basta de tomar el tema de los inmigrantes y refugiados con tanta ligereza e insania. ¡Solidaridad con todos los pueblos, clases y razas oprimidas del mundo!

EL PAÍS CUESTA ABAJO

Referendum y realidad política

Ahora pareciera que todo lo andado no importara. Nadie recuerda que se habló «del milagro peruano» y que el prestigio de nuestro país creció a la par que nuestro pueblo logró mejores condiciones vida… en sólo unos años, nadie recuerda los esfuerzos que tuvimos que hacer para mejorar y el país parece ser otro, el abandono es parte de nuestro andar cotidiano e incluso, tras la puesta en escena de una representación seudo democrática por la cual el mismísimo primer mandatario funge de propagandista de una de las partes –renunciando a la tradicional posición neutral del gobierno en una elección-, el último referéndum se ha convertido en una pírrica victoria para un gobierno que no sólo se conforma con poco, sino que pese al marcado ausentismo que lo deslegitima, cree haber ganado  contra la política en la que en términos reales, no tuvo contendor.

En medio de un afán por mostrar ante el mundo una legitimidad que le es esquiva, el régimen oculta su influencia en el Poder Judicial, el Ministerio Público y un sinnúmero de instituciones a las que les ha quebrado el brazo para controlarlas, por lo que necesita conseguir a cualquier precio -montándose incluso sobre las formas-, una certificación democrática incompatible con el recorte de libertades y la vulneración del ánimo democrático con el que debería construir  una sociedad libre y de sana convivencia, en vez de perderse en el obsesivo sueño de la autocracia por el que transita estos días.

La verdad es que para el actual régimen que vive peleando con enemigos inexistentes, los dramas de la miseria endémica, los altos índices de desnutrición y anemia de nuestros niños, la falta de infraestructura, trabajo, la carestía de los productos, son temas de menor valía frente a la necesidad de imponerse ante los partidos políticos, perseguir opositores y sembrar el país de condiciones que -cual sueño de opio-,  permitan “quedarse de alguna manera” en el poder después del año 2021.

La escasez de sentido trascendente de quienes llegaron al poder de manera impensada y ahora administran la cosa pública, parece ser la característica del gobierno del poco carismático señor Martín Vizcarra quien sigue dando pasos sin rumbo cierto en medio de una falsa popularidad que es acompañada de un aplauso fatuo y regalado que le brinda la concentración de grandes medios de comunicación que usan sus primeras planas para seducir al gobierno, tratando en realidad de ganar tiempo, indulgencias y  proteger a quienes tras los escándalos de los sobornos de las empresas brasileras, aún tienen cuentas pendientes con la justicia, pero gozan de grosera protección impune.

En este escenario, el APRA no ha podido ser arrinconado, a respondido y propuesto su propio escenario desenmascarando a los protagonistas de esta tragicomedia tras el telón, evitando la detención y el show mediático que pretendían poner en escena apresando al dos veces presidente de la república Alan García, pero además, alertando a sus bases y movilizándose a pesar del actuar diligente del brazo operador del régimen en el Ministerio Público (Fiscalía) que le abre procesos por doquier tratando de doblegar sin éxito al viejo partido de Haya de la Torre.

Por su parte,  el fujimorismo sigue envuelto en sus propios dramas y la extorsión a la que está sometido su partido, keiko y hasta la revocatoria del indulto de Alberto Fujimori, lo que lo mantendrá aún pasmado , mientras que en predios ppkausistas, la cosa parece estar más clara, miran con desagrado lo que sucede y no están dispuestos a abandonar la cancha, al punto que comienzan a marcar distancias respecto del propio Vizcarra reclamando su derecho de partido triunfador y denunciando a quienes desde palacio, prefieren asesores extranjeros truchos y a despistados comunistas locales que usan de su escasa perspectiva, su nula vocación de servicio y su falta de expertiz para gerenciar el país, para ganar espacios y controlar parte del aparato estatal en su propio beneficio.

En esa línea de análisis, esta claro que se siguen postergando los temas de fondo para imponer una agenda mediática en la que la suma de puntos en la estadística de las mediciones de popularidad, lo es todo, al punto que casi obsesivamente, dedican el mayor tiempo y recursos a ver como cimentan la adhesión al presidente, mientras el país parece ir cuesta abajo, literalmente a la deriva, sin una conducción visible que nos hable de un futuro,  surgiendo las inevitables preguntas: ¿Hay piloto? ¿Dónde está?.

Grafico: Diario La Huella

SILENCIO…HA MUERTO ENRIQUE BERNALES

Don Enrique Bernales Ballesteros, fue  un constitucionalista, un crítico y analista político.  Nació en donde Lima adquirió perfil propio y Felipe Pinglo nos regaló  melodías del alma, en Barrios Altos y estudió en el conocido colegio La Salle, Derecho en la Universidad Católica para, recalar en Francia, donde no es posible ser joven,  vivir sin hacer política y ser progresista.
Tras culminar sus estudios en Europa, volvió a la patria cargado de ganas de cambiarla y se mantuvo en el trabajo Demócrata Cristiano, aventurándose con entusiasmo y pasión en el esfuerzo de la unidad de la izquierda peruana junto con Alfonso Barrantes con un discurso democrático que combatía al infantilismo de izquierda, sufriendo por ello, la incomprensión y el ataque de los sectores extremistas comunistas que entonces no le perdonaban su fe militante y esas formas que llamaban «democrático-burguesas».
Como Senador de la República entre 1980 y 1990 generó un ánimo de entendimiento entre las fuerzas progresistas, planteando la defensa del Estado de Derecho, afirmando sus marcados valores que lo llevaron a rechazar el golpe de Estado de 1992 que protagonizó Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos.
Maestro, humanista y compañero, mantuvo durante toda su vida incólume sus valores democráticos,  haciendo un gran esfuerzo intelectual y político por desarrollar una defensa culta y legal de la Constitución de Haya de la Torre de 1979 versus el  llamado Estatuto de Fujimori.
Como experto en temas de Derechos Humanos, fue miembro de la Comisión de la Verdad y Reconciliación donde aportó serenidad crítica y partes sustantivas de la descripción y comprensión de la violencia terrorista vivida en el Perú.
Autor de innumerables textos, artículos y ensayos, sus reflexiones constituyen fuente de análisis permanente y valoración de nuestra historia y la realidad. Tuvo una visión agónica de la Nación y un deseo inagotable de construir el futuro sobre todo con los jóvenes que lo acercaron mucho al pensamiento de la Izquierda Democrática, revalorando a Haya de la Torre en el contexto de su visión patriótica, nacionalista y democrática de la sociedad.
Lo saludé en el Congreso de la República cuando -pese a su penosa enfermedad-, acudía presto en defensa de la bicamerialidad en medio del debate parlamentario y, hace solo unos días, una fotografía lo volvía a mostrar acompañando al ex presidente García en una reunión con algunos jóvenes del aprismo.
Una frase habla de él, de su valía y además podría resumir parte de su legado: El Perú –sostuvo-, es una nación que muere todos lo días sumido en los dramas de su gente, pero que renace al mismo tiempo tras sus nuevas formas y cultura, esa que propone infinitas e increíbles posibilidades de lograr -a pesar de todo-, el bienestar y un futuro realmente diferente…
Hasta pronto, leal amigo.

 

EL CÓNDOR ESTÁ EN EL NIDO…

AGP, asilo político y derrota del gobierno de turno

Cuando Alan García ingresó a la residencia del embajador de la República Oriental del Uruguay solicitando asilo político tras una decisión partidaria y personal muy difícil, la frase “El Cóndor está en el nido” le devolvía la tranquilidad a quienes tocó acompañar en este trance al dos veces presidente de la república peruana. Con este acto, el país era notificado de la evidencia de un tiempo en el que la voluntad autoritaria del régimen se expresaba nítidamente a través de la persecución desatada en su contra y la emboscada que se le preparaba con el concurso entusiasta de sicarios políticos-judiciales que la historia sabrá juzgar.

Precedieron gravísimas denuncias de corrupción que envolvieron a empresarios, jueces, fiscales, políticos, medios de comunicación y hasta deportistas en una larga cadena de dramas producidos para la televisión nacional y las primeras planas que un día sindicaban responsabilidades que llevaron a la cárcel a unos, mientras al día siguiente, protegían la identidad de amigos en el fragor de un singular estilo de esa lucha anti-corrupción librada por esa justicia tuerta que apresa a quienes roban relojes de 30 soles  y carteras chinas en la vía pública que pagan con prisión, pero brinda grosera impunidad a “cuellos blancos”, a “cuellos rojos” y en los últimos tiempos, a un gobierno que se dedica a construir aeropuertos y que parece deambular entre los linderos del populismo clientelista, donde urde patrañas para liquidar y sacar del camino a la competencia, conquistando adhesiones pasajeras a cualquier precio, incluso el de la dignidad.

En ese teatro de puestas en escena de baja estofa, los partidos políticos fueron «el objetivo mayor«, haciéndose los locos con los escándalos producidos por estos mercaderes de la política que compraron votos y lograron representaciones sin acreditar el origen licito de los fondos usados en campaña. Gritan ¡Al ladrón, al ladrón! para dirigir las miradas  contra los partidos políticos y tras conspirar para vacar al presidente, luego distancian a los incómodos.  Aupados los comunistas, arrinconan a toda oposición usando de métodos vedados como el del sicariato político del que ahora se ufanan dejando huellas de la infamia a la que contribuyeron la tibiesa de Duberlí Rodríguez les regaló el Poder Judicial colocando un nuevo presidente que brilla por su ausencia para  luego, cargados en los brazos de los progres-comunistas del IDL, abalanzarse con sangre en los ojos contra el Ministerio Público, fraccionarlo, enfrentar a sus autoridades y romper el principio de autoridad sin esperar la respuesta institucional que rompería el juego peligroso en el que el presidente Vizcarra “juega mantequilla” tras los hilos del ahora privilegiado super juez llamado IDL.

Validar el mal uso de los procedimientos preliminares fue la vara mágica que lo doblega todo ya que, sin guardar sentido y proporción,  jueces penales anti-corrupción y fiscales sin experiencia, ni sabiduría, juegan en pared a ser dioses logrando “confesiones” de colaboradores que nadie corrobora, razón por la cual, cuando creían haber «acorralado» a AGP presentando un refrito del pago de una de las 40 conferencias que brindó y que se aclaró ante la llamada Mega Comisión congresal que presidio Sergio Tejada y, sin lograr que algunos de los imputados por los sobornos del Tren Eléctrico pudiera señalarlo, la solicitud de asilo ante Uruguay los descolocó -cual jugada maestra de ajedrez-, produciendo de paso, uno de los golpes políticos más efectivos y sentidos que han recibido quienes desde el poder a esas alturas estaban listos para celebrar «la captura del premio mayor».

Cuarentiocho veces fue citado y cuarentiocho veces asistió AGP al MP atendiendo causas que se investigaban “por el sólo criterio subjetivo de un fiscal”, sin prueba alguna y un absoluto desconocimiento de la realidad de los partidos políticos, de su organización, ideales y estructura, pretendiendo, por tal ignorancia, comprometer  -vía denuncia-, a los más de cuatrocientos mil afiliados que tiene el PAP, quienes, en automático, aparecen como integrantes de lo que se conoce en estos expedientes como una vasta, multitudinaria y popular organización criminal.

Si bien este no es el espacio ideal para debatir sobre aspectos judiciales, la vulneración objetiva de las garantías procesales –sobre todo en el caso García-, hace necesario incidir en ellos, así como el oportuno aviso en torno a los planes de detención en marcha por parte de la fiscalía a cargo de Domingo Pérez que dieron la señal de alerta y sustento a los reclamos del Apra que además, tomó conocimiento que el gobierno instruía a sus funcionarios y a miembros de la Policía Nacional -días antes que el Juez de la causa mandara impedimento de salida del País-, para realizar seguimientos y se extremaran medidas de reglaje y control migratorio.

Que sólo el aprismo y otras dos organizaciones políticas sean consideradas bandas criminales,  da una idea de cómo, para quienes no conocen absolutamente nada de lo que significa un partido político y menos su historia, resulta imposible comprender su funcionamiento, ni la naturaleza de las adhesiones que genera. Por eso, preservar la vida de Alan García fue un objetivo a cumplir  exitosamente dándole sentido trascendente a esas horas de lucha por la dignidad, momentos que nos muestra al hombre en su grandeza y al líder en su vocación más profunda, aquella en la que incluso la violencia y el atropello dejan de intimidar.

Ya planteará el aprismo su plataforma de lucha y la resistencia del Partido del Pueblo se hará sentir porque desde que se abrió a la información pública la dimensión de la penetración de la corrupción en el país, no es posible hacerse de lado frente a quienes han pretendido manipular el sentimiento popular tras una exigencia de linchamiento exacerbado que el gobierno y sus operadores de justicia parecieran apoyar,  tratando de cubrir las tropelías de amigos y mentores, de aquellos que sindican a los partidos como organizaciones criminales, mientras las constructoras, los comerciantes y los que se beneficiaron con los sobornos y los saldos de las coimas siguen contratando con el Estado en nombre de quienes han administrado la cosa pública y la justicia desde siempre, precisamente en un país en el que todo parece estar construido en desniveles,  para que no se note a los que caminan torcido.

LAVA JATO Y LOS COMUNISTAS CRIOLLOS

Victoria de la lucha anticorrupción y derrota del antiaprismo…

Un largo y agonizante camino de descomposición política los alejó de su esencia revolucionaria inaugurando una ruta sinuosa que los hizo guardar silencio cómplice en la lucha contra el terrorismo  que con el tiempo, tras el aupamiento amoral a cuanto vientre de alquiler se presentara, les permitió mantener una representación congresal cuyo objetivo fue evitar que sean borrados literalmente de la escena política, explicando la falta de reparos al sumarse a la escandalosa comparsa del llamado Foro de Sao Paulo y los auspicios millonarios de las empresas de la corrupción brasilera a través del PT y el ex presidente Lula.

Tras la caída del muro de Berlín y el ocaso del mal llamado “socialismo real”, los comunistas locales sufrieron un trastorno de identidad política con complejo de culpa, derivado de «la ausencia de una verdad que los avale» y el cuestionamiento a hombres de la talla de Alfonso Barrantes, a quienes acusaron por décadas de reformistas por sus posiciones democráticas, para, finalmente, caer rendidos ante la fuerza de la historia que impone la lealtad como un valor, la política como el ejercicio pleno de la ciudadanía y la necesidad que las masas nunca más sean usadas como instrumentos del oscurantismo para la realización de intereses propios y pequeños de cualquier naturaleza.

Tras conocerse la dimensión de la corrupción brasilera, socios y beneficiarios, el comunismo peruano trató -tal y como lo hizo con el financiamiento chavista antes-, de desmarcarse sin mucho éxito, razón por la que finalmente aparece comprometido de la mano con la derecha en el Informe de la Comisión Lava Jato -tal vez el más importante respecto de la corrupción y su brazo extendido transversalmente a toda la sociedad peruana-, que parecía ser una buena señal  por haber logrado altos niveles de consenso y frente al cual,  pese haber levantado la alfombra poniendo al descubierto la dimensión de los dramas de la patria, los comunistas reaccionaron con un ánimo sospechoso de encubrimiento que llevó a los parlamentarios que representan los rezagos del comunismo, a ser protagonistas vergonzosos de una defensa malsana y conjunta con quienes patrocinan corruptos, guardando silencio frente a las graves denuncias que se consignan en el referido documento.

En airada confrontación y con argumentos dignos de mejores causas, la lógica de «incluir a todos» pasó a ser el centro del debate, aunque no existan denuncias puntuales. Las tensas polémicas en medio de una suerte de maniobras desesperadas, pretendían desnaturalizar el debate y viciar de nulidad el informe mismo para pasar por alto, por ejemplo, las acreditadas responsabilidades de la gestión de la ex alcaldesa de Lima, Susana Villarán, sus vínculos con empresas brasileras y el otorgamiento de millones en sobornos depositados en cuentas abiertas en paraísos fiscales por su entorno mas cercano.

Confundir como siempre a la opinión pública fue la tarea bajo una monserga monotemática. Jugaron al alimón con el gobierno y la derecha tratando de incluir a Alan García en el informe mencionado, sin mencionar, ni individualizar ningún delito, encontrando a una Célula Parlamentaria Aprista no sólo firme en sus posiciones, sino, dispuesta –como finalmente lo hizo-, a destruir ideológica y políticamente todas y cada una de las argumentaciones.

Tal vez lo más delicado de la situación presentada, esté en la conducta de quienes pusieron en evidencia una visión sesgada de la corrupción, al que además, se dice combatir con doble rasero y montados en una lógica maniquea por la cual la complicidad pasa a ser el argumento de sobrevivencia apoyada por los grandes medios de comunicación conservadores que aún no se recuperan del golpe recibido por la llamada Ley Mulder, norma que impidió por un buen tiempo, que varios millones de dólares del pueblo peruano, recalaran en sus arcas.

No han sido suficientes los años en los que ex presidente García viene siendo investigado, que existan varios procesos abiertos en su contra en el Ministerio Publico actualmente, ni que por cinco años una Mega-Comisión, con todo lo que eso significa, por auspicio, mandato y dirección del humalismo lo haya sometido a sus fueros sin que hayan podido imputarle seriamente nada, tal  como además se deduce de sus conclusiones.

El país perdía la enorme posibilidad de reencontrarse con el rumbo democrático, de despercudirse de la miasma auspiciada por corruptos y delincuentes procesados actualmente en medio de esta estrategia que trató de incriminar a “todo el mundo” para convertir la sospecha generalizada, en el arma del que se camufla tras el desaliento y el desconcierto.

La falta de sentido común y la buena fe han hecho lo suyo, en tanto los comunistas, con refritos en una mano y el diario El Comercio en la otra, fracasaron en el intento de agudizar las contradicciones y, aliados como siempre con el gran capital, levantaron groseras banderas de antiaprismo que el pueblo sabrá castigar. Cuánta razón tenía el genial Manuel Seoane cuando en los años 30 del siglo pasado desenmascaró a los comunistas en una conocida polémica pública, mostrándolos en su pequeñez moral, en la ignorancia y en su real faceta de conspiradores, llamándolos con justeza rábanos, en alusión a la conocida planta herbácea cuya raíz roja lo identifica popularmente, aunque ese color, como en el caso de los comunistas, solo sea un revestimiento externo y circunstancial.

CIRCO, PODER Y VERDAD ESQUIVA

 

 

 

 

 

El drama de una tragi-comedia por capítulos…

Someter a la gente a espectáculos sin sentido, parece reducir la política al mezquino objetivo de mantenerlos alejados de los problemas reales, los de fondo y, de paso, someter al país en su conjunto, a la agonía de mantenerse suspendido en un hilo tras funciones continuadas de un circo mediocre que logra el aplauso del respetable vía un combo perturbador de morbo y neopolítica que ha postergado la agenda pública que en estos días registra signos de titulares de prensa amarilla, en tanto la corrupción y la impunidad pasan piola resaltando los atributos de personajes que son absolutamente buenos o absolutamente malos, según el interés del titiritero que dirige las funciones.

Vivimos un desfile grosero de culpables (algunos no tan culpables y otros mucho más delincuentes de lo que parecen) quienes, por el sólo mérito de delatar (o inventar), terminan convirtiéndose en personajes de mucha sintonía en medios de comunicación y eficaces patriotas que lavan sus penas, bajo el imperio de miserias que se juzgan al compás y libre albedrío de unos llamados operadores de justicia, que fungen de árbitros exhibicionistas de un poder mediático del que gustan hacer gala en horario estelar, sacrificando la imparcial y correcta administración de justicia por pagar favores al poder de turno.

Cual gladiadores de vieja data, los infelices acusados compiten en las arenas del circo por culparse entre ellos o ponerse a buen recaudo pensando evitar de alguna manera la muerte civil, aspirando ganar un tiempo adicional de libertad que saben, dependerá del ánimo palaciego o su necesidad de ganar titulares para aumentar su popularidad. En tanto un público, adobado en morbo y sediento de sangre y sufrimiento, goza de la función mientras se cae a pedazos el edificio institucional que los alberga, llevándose de encuentro, de paso, los valores y paradigmas que hicieron posible nuestra vida en común como pueblo y Estado en nuestra aún incipiente democracia.

El daño es incalculable. Estudiando las características del desarrollo de la crisis que vivimos, convenimos en que el debilitamiento del sistema lo hará colapsar en lo que parece corresponder a una edad previa a la civilización en la que la modernidad, termina siendo sólo una nomenclatura intrascendente ya que la situación, refleja el desarrollo de una tragi-comedía con guion mediocre que pretende mantener en el poder a quienes no aportan absolutamente nada, han barbarizando la política y se empeñan en mantener en el absoluto oscurantismo a un pueblo al que pretenden mover entre la infamia y la ignorancia, ruta empedrada y funesta del desconcierto y la improvisación que por el que ya han transitado  algunos para llegar al gobierno.

Estamos a tiempo, reforzar la crítica y mantener el discurso orientador que cultive el alma y la razón del pueblo es una posibilidad. Exacerbemos la capacidad intuitiva de la gente, rechacemos en conjunto la trama de llanto en capítulos que nos vende a diario el gobernante de turno y volvamos a nuestra idea nacional de futuro que se nos pretende negar. La posibilidad de reencontrarnos como nación con futuro sigue presente, es posible y no nos es esquivo. Avancemos tras las huellas de Victor Andrés Belaúnde, Victor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui y entonces encontremos esos valores que defienden nuestra heredad patriótica en la misma línea que la sentencia del libro más antiguo de los libros sagrados que consagra que sólo la verdad nos hará libres.

Someter a la gente a espectáculos grotescos y sin sentido, parece reducir la política de estos tiempos, al mezquino objetivo de mantenerlos alejados de los problemas reales,  los de fondo y, de paso, someter al país en su conjunto, a la agonía de vivir suspendido en un hilo tras funciones continuadas de un circo mediocre que logra el aplauso del respetable vía un combo perturbador de morbo y neopolítica que ha postergado la agenda pública.

Vivimos en medio de signos de titulares de prensa amarilla que promocionan medios de comunicación co responsables de la crisis, en tanto la corrupción y la impunidad pasan piola, resaltando los atributos de personajes que para los periódicos son absolutamente buenos o absolutamente malos, según el interés del titiritero que gobierna el país y de paso, dirige las funciones.

Un desfile grosero de culpables (algunos no tan culpables y otros mucho más delincuentes de lo que parecen) cuyo único mérito es el proveer mucha sintonía en medios  lavando sus penas, bajo el imperio de miserias que se juzgan al compás y libre albedrío de unos llamados operadores de justicia, que fungen de árbitros exhibicionistas de un poder mediático del que gustan hacer gala en horario estelar, sacrificando la imparcial y correcta administración de justicia por pagar favores al poder de turno, en tanto cual gladiadores de vieja data, los infelices acusados compiten en las arenas del circo por culparse entre ellos o ponerse a buen recaudo pensando evitar de alguna manera la muerte civil, aspirando ganar un tiempo adicional de libertad que saben, dependerá del ánimo palaciego o su necesidad de ganar titulares para aumentar su popularidad, en tanto un público, adobado en morbo y sediento de sangre y sufrimiento, goza de la función mientras se cae a pedazos el edificio institucional que los alberga, llevándose de encuentro los valores y paradigmas que hicieron posible nuestra vida en común como pueblo y estado en nuestra aún incipiente democracia.

El daño es incalculable. Estudiando las características del desarrollo de la crisis, convenimos en que el debilitamiento del sistema lo hará colapsar en lo que parece corresponder a una edad previa a la civilización cuya “modernidad”, termina siendo sólo una nomenclatura intrascendente ya que la situación refleja el desarrollo de una tragi-comedía -con guion mediocre-, que pretende mantener en el poder a quienes no aportan absolutamente nada, han barbarizando la política y se empeñan en mantener en el absoluto oscurantismo a un pueblo al que pretenden además mover entre la infamia y la ignorancia, ruta empedrada y funesta del desconcierto y la improvisación por el que ya han transitado  algunos para llegar al gobierno.

Estamos a tiempo de probar que los partidos constituyen ejes del desarrollo social, son columnas del bien común y capaces de evaluar críticamente su desempeño, corrigiendo rumbos, reorientando el discurso, modernizándose, pero, sobre todo, señalando y condenando al corrupto.

Reforzar la crítica y mantener el discurso orientador que cultive el alma y la razón del pueblo es una necesidad. Exacerbemos la capacidad intuitiva de la gente, rechacemos en conjunto la trama de llanto en capítulos que nos vende a diario el gobernante de turno y volvamos a nuestra idea nacional de futuro que se nos pretende negar. La posibilidad de reencontrarnos como nación con futuro sigue presente, es posible aún y no nos es esquivo. Avancemos tras las huellas de Victor Andrés Belaúnde, Victor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui encontrando esos valores que defienden nuestra heredad patriótica en la misma línea que la sentencia del libro más antiguo de los libros sagrados que consagra que sólo la verdad nos hará libres.

DE OFICIO, FELÓN

Elecciones y electorerismo…

Cada vez que pienso en el APRA viene a mi mente la fortaleza de su unidad y los valores que la hicieron trascendente. La disciplina, su organización, el entendimiento de los liderazgos como resultado de una ejecutoria militante que siguen siendo elementos de primer valor, pero que marcan un antes y un después en la política, tal y como la conocemos estos días.

Veamos. El Partido del Pueblo, a pesar que sufre una crisis que le ha significado un público retroceso en las preferencias electorales, sigue manteniendo importancia en el contexto de la lucha política, razón por  la cual, de sus momentos difíciles, surgen esfuerzos críticos y autocríticos que permiten su recomposición partidaria y el correcto entendimiento de las complejas relaciones entre los ciudadanos y las representaciones que, por cierto, también han ingresado en un nivel de cuestionamiento sobre el que bien vale la pena reflexionar, sobre todo ahora, que ha terminado esta campaña electoral que perturbaba la reflexión serena sobre la importancia de los partidos, su unidad y consistencia como ejes de la democracia representativa.

La política se sustenta en movimientos y partidos construidos sobre idearios y obras, con adhesiones que aspiran –en el caso del PAP-, a cambiar las cosas, procurando un estado real de bienestar para los ciudadanos y, en ese esfuerzo, las fuerzas conservadoras procuran la defensa de sus privilegios produciéndose una lucha dura y difícil  en donde el aprismo establece sus objetivos de cara a una realidad política que le urge atender.

Pero, cuando en medio de ese proceso, salpicado de desaliento y campañas que anuncian el fin de las ideologías o el ocaso de los partidos políticos, surgen voces que incitan al abandono de los valores partidarios y de los partidos en si mismos, para «un ejercicio pragmático de la política» en donde el transfuguismo hace de las suyas y conspira contra la unidad del movimiento  que, de pronto, se ve sometido a las miserias de la traición por el acomodo de quienes sin inmutarse, hipotecan el destino colectivo por intereses personales, poniendo en juego el destino de la organización y supeditando el prestigio y el trabajo de toda la colectividad que conforma la organización misma -al más viejo estilo civilista-, a la perspectiva de intereses menores.

El aprismo no merece esto, pero sucedió con quienes fueron tentados por el dinero, cargos públicos, impunidad y grados de poder transferibles, razón por la que, más allá de los resultados electorales mismos de este momento, ingresar en esta campaña nos permite observar de cerca el destino de unos y otros, entendiendo la prueba difícil que les ha tocado vivir a los militantes del Partido del Pueblo que no han visto su estrella en las células, pero que por otro lado, han dado muestra ejemplar de fidelidad al reclamar enérgicamente lealtad a sus símbolos y valores institucionales, con éxito.

Queda firme la enorme posibilidad que, tras lo vivido, se pueda releer la realidad en el aprismo, midiendo la fortaleza de los enemigos de siempre, pero además, también del perverso sentido de la acción cainita de quienes llamándose “compañeros” hasta hace muy poco, no dudaron en servir “en bandeja de plata” sus diferencias, tratando irónicamente de ganar votos entre el universo de los adversarios, pero dividiendo gratuitamente a su partido.

En algún caso, no fue suficiente la advertencia formulada, ni alertar sobre como la derecha infló la votación del felón en ocasión anterior tratando de confundir a nuestras masas, exactamente como se hizo en el pasado, para dividirnos. Hubo quienes no aprendieron la lección y entonces, los errores se volvieron a cometer.

Hoy, la elección ha sido clara y ratifica las lecciones básicas de la política: El dinero no siempre lo decide todo, el antiaprismo no nos concede nunca mayor posibilidad que la voluntad del pueblo, la soberbia no ayuda en política, la moral sigue siendo un elemento trascendente, a cada quien la sabiduría popular le cobra sus culpas, la traición no paga y, a los seguidores del felón, sólo les queda el ostracismo de la miseria… sabiduría pura le dicen.