NUESTRA VERDADERA MARCHA DE LOS CUATRO SUYOS

Alejandro Toledo, el irreverente

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El retorno del poder a la civilidad fue un proceso tenso que obligó a los militares -tras una ardua y dolorosa lucha por las libertades-, a convocar a la Asamblea Constituyente en 1978.

Tras doce años del gobierno de las fuerzas Armadas, el pueblo tuvo una Constitución política adelantada a su tiempo y visionaria en materia de derechos humanos, civiles y políticos, la misma que firmada y promulgada en 1979 por el propio Haya de la Torre dio cuenta del inicio efectivo de la transferencia del poder, marcando un hito definitivo en la entonces compleja historia de las dictaduras en la política del siglo XX.

El siglo de los ilustres contó entonces con un influjo nacionalista desde todos los ángulos de la racionalidad, hombres de la Talla de Víctor Andrés Belaúnde, José Carlos Mariátegui y de Víctor Raúl Haya de la Torre, sentaron las bases, (cada cual desde su propia perspectiva) del entendimiento del Estado-Nación y de la necesidad del actuar ético en la democracia tal y como la conocemos en estos días.

En esa misma línea, Rafael Belaunde,  Raúl Porras Barrenechea, Fernando Belaúnde, Jorge del Prado, Luciano Castillo, Luis Bedoya Reyes, Luis Alberto Sánchez, Ramiro Prialé, Andrés Twonsend, entre tantos otros ciudadanos del Perú, construyeron  una nueva visión de la peruanidad que apunta la realización y la defensa de los grandes ideales que heredamos de las gestas liberadoras y de la moral del Imperio de los Incas que se sumó al espíritu rebelde y heróico de nuestro pueblo que sólo exige como contraparte, una elevada conducta pública y privada de sus referentes y líderes.

Nuestra democracia no es casual, no es el resultado de la imposición política de una casta o el escenario ideal de un grupete para administrar la cosa pública a su gusto. Nuestra democracia si bien es joven con respecto a otras, es representativa y recibe su poder delegado de las enormes expresiones de nuestra nacionalidad. Su amplia participación encuentra el voto consagrado de mujeres, de jóvenes, de analfabetos y de vastos sectores excluidos hasta entonces de la política y que ven en la alternancia y el respeto a la voluntad de las mayorías, el marco ideal de un nuevo y claro ejercicio de la política en donde el principio de la realidad se suma al Contrato Social para marcar la ruta en la construcción del desarrollo y la paz.

Pese a todo lo expuesto, construir un Estado Constitucional de Derecho no fue una tarea sencilla. Hubo que darle forma a las instituciones fundamentales, abrir una nueva perspectiva de la cosa pública aprendiendo que la democracia se expresa en nuevas formas de convivencia ciudadana y en la necesidad de distinguir la experiencia del servicio público del burocratismo nefasto.

La generación que sentó las bases de la democracia en el siglo XX, si bien supo mantener este compromiso, duró en tanto vivieron quienes la construyeron. Con su desaparición fisica, en pleno proceso de cambios mundiales, ese vacío no pudo ser llenado y la política fue tomada por asalto por bribones y corruptos que la tomaron de rehén, sometiéndola a toda clase de vejámenes en los que reinó la corrupción, el narcotráfico, la impunidad.

Los aventureros del poder, disfrazados de independientes, outsider, técnicos o tecnócratas se hicieron del estado y con su nefasta experiencia, produjeron el alejamiento y el desencanto  de las masas con respecto a la política, sus partidos y la democracia a la que desde entonces tildaron de ineficiente.

Toda esta crisis, como ha sido estudiado intensamente, sirvió para que los aventureros del poder en todas sus formas encubrieran su propia incapacidad para formar partidos, por lo que iniciaron una campaña sostenida, de mucho tiempo y largo aliento, para  desprestigiar la politica y al sistema, alentando por otro lado, movimientos aluvionales y liderazgos de coyuntura e intrascendentes que son motivados por el sólo deseo de llegar al gobierno a cualquier precio y de cualquier forma.

Así fue como en 1992, tras haber sido elegido Presidente Constitucional del Perú en 1990, Alberto Fujimori despreció la democracia y se declaró autócrata en el gobierno arguyendo los mismos argumentos que usaron los asaltantes del poder de todos los tiempos.

Esta experiencia duraría algunos años en los que el país seria testigo de los pies de barro de este nuevo gobierno que Vladimiro Montesinos (asesor presidencial) conducía con todo el país de rehén.

El pueblo responde a régimen con pies de barro

La respuesta fue la lucha organizada del pueblo, esa misma lucha que es materia de recuerdo en estos días. En calles, sindicatos, universidades, los partidos democráticos y en todo espacio social la confrontación fue permanente. Tampoco la organización fue casual. Nos organizamos desde el autogolpe del 5 de abril del año 1992 y desde entonces, los Partidos Politicos, los Foros Democráticos, los activistas de un sin número de movimientos de todo tipo, se la jugaron dia a dia en defensa de la democracia y en lucha contra la corrupción.

Con la llegada del año 2000, la Plaza San Martín era el centro más reconocido de la oposición al régimen. En ella, decenas de jóvenes universitarios, escolares y trabajadores salían con dirección a todos los confines de la patria para coordinar las acciones de la resistencia civil.

Furtivas y discretas reuniones en las Centrales sindicales, mostraban grupos de trabajadores que  se convirtieron en propagandistas de la férrea oposición a las pretensiones dictatoriales del fujimorismo.

No es verdad como algunos han hecho creer que la Marcha de los Cuatro  Suyos fuera “una movilización popular realizada en el Perú  los dias 26, 27 y 28 de julio del año 2000″,  menos, que tuviera un liderazgo único.

La verdad histórica anota que esta fue una movilización popular en la que se embarcaron todos los sectores democráticos que surgió tras el autogolpe de estado que produjo el presidente Alberto Fujimori, violentando la democracia, el 5 de abril de 1992.

Desde entonces, en toda la sociedad, los activistas se organizaban y lideraban la protesta. En los mercados por ejemplo, valientes mujeres delegadas de los Clubs de Madres y el Vaso de Leche hacían lo suyo, en tanto una enorme coordinadora de lucha “mantenía” efectivos nexos entre todas las organizaciones sumadas a las jornadas de lucha.

Nada fue dejado a la suerte. Dinámicas coordinaciones entre el los sectores más responsables de la izquierda, el APRA, el Partido Popular Cristiano, Colectivos Evangélicos, Foros Democráticos surgidos desde la conciencia más patriótica y hasta organizaciones deportivas reclamaban su lugar hasta que confluyeron, tras el nuevo fraude perpetrado para una tercera reelección consecutiva presidencial de Fujimori en la jornada final y donde algunos liderazgos que hoy aturden propagandísticamente no aparecían o aún permanecían acomodados en las faldas de la dictadura con una inacción vergonzosa.

Nos enfrentamos a la más dura represión, pero la democracia se defendió hasta que tras la lucha mayor en julio del año 2000, cayó el dictador y con él, su régimen de corrupción.

Valentín Paniagua, congresista y jurista de prestigio asumió la Presidencia del país tras la fuga de Fujimori. El convocaría a elecciones limpias y transparentes, recuperando la democracia plenamente. La historia será contada seguro por mejor pluma. Allí se verán en toda su plenitud los falsos profetas, pero también aparecerán los muertos de aquellos días, los caídos por mano asesina tras la infeliz escalada de terror impuesta por el propio gobierno de Fujimori para desprestigiar la protesta y que hoy constituye la más grave de las pruebas usadas en sus juzgamientos.

Hoy pagan con prisión sus culpas, los que le arrebataron al Perú su derecho a la paz, pero eso, tampoco da derecho a politiqueros de medio pelo, a pretender usar aquella gesta, como escudo de intereses mezquinos y personales como el que emerge de aquel escenario levantado para “celebrar la marcha de los 4 suyos” y en la que el lucimiento de vanidades se impone, presentándonos a “gallardos combatientes” que en realidad sólo llegaron a la lucha a  última hora y para la foto.

Todos sabemos quienes estuvimos en las calles, quienes pusieron el pecho en las jornadas de lucha y durante cuánto tiempo hubo que protestar, TODOS LOS DIAS, en defensa de la democracia y el retorno de las libertades. Todos sabemos de dónde y quienes lideraron las marchas que confluyeron en la enorme manifestación de los 4 suyos y como en algún momento hubo quienes se colocaron las máscaras para mostrarse hipócritamente ante la gráfica periodística de los diarios.

Ningún discurso engolado, ni las palabras de un castellano americanizado y mal hablado, ninguno de los corruptos que acompañaron a Toledo en el homenaje realizado, puede borrar de nuestras mentes las banderas honestas de los hombres libres que agrupados en batallones demócratas exigimos dignidad y un puesto en la lucha, renunciando entonces incluso, como lo hizo el APRA, a su logotipo, poniendo por delante el llamado de la patria por el que además muchos se jugaron la vida.

Que nadie enqueñezca la gesta, que ninguna vincha someta la heroica lucha del pueblo a un apellido y a quienes hoy se suben a estrados de vanidad levantados exactamente donde antes cayeron vidas de peruanos inocentes. Sepan que la sangre del pueblo representa a la nación y no, a ninguna candidatura señor Toledo, por legítima que usted crea que esta sea.