LA JORNADA DE LAS OCHO HORAS Y HAYA DE LA TORRE

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Texto de «La Revolución de los Espíritus»

A manera de introducción

El aprismo fundamentalmente es un frente, un gran movimiento social y un partido político que afinca sus raíces en la heroica lucha del pueblo. Su pensamiento recoge lo mejor del progresismo socialista y el humanismo revolucionario. Define su origen marxista sólo como un método de interpretación y/o estudio de la realidad, pero suma a la evolución de las ideas políticas, la experiencia científico-social como parte ineludible de su propio desarrollo dialéctico.

El aprismo es de Izquierda, entendiendo esta definición como una respuesta política que la sitúa en una alianza permanente con sectores nacionales en lucha contra toda fuente de opresión y sojuzgamiento, en tanto dinámica y realista, porque promueve un Estado capaz de convertirse en justo árbitro de las complejas relaciones entre el capital y el trabajo.

El APRA afirma con Haya de la Torre, su fundador, que su tarea histórica propende al desarrollo o cumplimiento de las etapas económicas harto estudiadas por las ciencias sociales y económicas, validando precisamente, una economía plural y emprendedora que ponga énfasis en el impulso de las diversas formas existentes, alentando el desarrollo cooperativo y autogestionario de profunda raigambre nacional.

El APRA es por excelencia la organización de la lucha antimperialista en Indoamérica y fue fundada por el ilustre patriota nacionalista peruano Víctor Raúl Haya de la Torre un 7 de mayo de 1924 en la ciudad de México, lugar desde donde se irradió la fuente del pensamiento indoamericano que llamaron aprismo, hacia diversos países donde comenzaron a funcionar células, partidos apristas o movimientos que reconocen su inspiración filosófica e ideológica y que -a casi un siglo de aquella ocasión-, forman parte del bloque de la Izquierda Democrática Latino y Centroamericana, y, el Socialismo Democrático mundial que reconoce en Haya de la Torre, una de sus fuentes doctrinarias originarias más consistentes.

Como movimiento, registra una serie de antecedentes que nutrieron sustantivamente su etapa fundacional, entre ellos los que constituyeron la revolución de los espíritus, una sucesión de acontecimientos que cambiaron la historia de la nación indoamericana y produjeron una conmoción en la mente y el ánimo de los hombres libres. La Revolución Mexicana, la Revolución Rusa, la Reforma Universitaria, la lucha por las ocho horas de trabajo y la Jornada del 23 de Mayo de 1923 que -sumados al conjunto de los episodios más importantes de la lucha popular desde inicios del siglo XX-, constituyen el registro de un capítulo inconcluso de la historia mal contada del país.

Estas anotaciones, si bien no recogen totalidades, ni constituyen un tratado histórico, deben ser consideradas como apuntes que ayudarán a comprender la naturaleza del aporte del aprismo en la construcción de esa noción de nacionalidad que la visión precursora de Víctor Raúl haya de la Torre aportó. German Luna Segura

Gonzales Prada

DON MANUEL

Manuel Gonzales Prada fue un personaje extraordinario. Un intelectual y precursor de las grandes trasformaciones sociales en el siglo XX. Su pluma y verbo encendido generó respeto y al  mismo tiempo, sumó a su firme patriotismo, una rebeldía iconoclasta que sacudió las conciencias obreras y atrajo a las juventudes de la época.

Haya dela Torre lo conoció y vivió su presencia desde la fortaleza de su pensamiento y, en toda su intensidad, acompañando su rechazo absoluto al conservadorismo y toda forma de acomodo.

Don Manuel trató en varios momentos de su vida de organizar un movimiento firme y decidido para hacer conciencia de sus ideales, sin embargo, prevaleció una constante superior que lo mantiene vivo y presente, su acercamiento a obreros, artesanos y juventudes permitió que su denuncia contra la política criolla no cayera en el vacío y su propaganda del anarquismo como credo social tuviera eco.

Tuvo una relación intensa y comprometida -intelectual y moralmente con Haya de la Torre-, y su obra refleja la importancia del momento político. Con los años, Luis Alberto Sánchez se convertiría en su biógrafo y Haya de la Torre heredó el legado intelectual y su biblioteca, mientras por su lado el aprismo lo reclamó como un precursor inmortalizando su nombre en el proyecto de las Universidades Populares, reivindicando así su obra y reconociendo su pensamiento como un aporte de sustantiva y valiosa trascendencia nacional.

LA LUCHA DEL ANARCOSINDICALISMO

En el contexto internacional, es el anarco-sindicalismo quien sienta las bases de la conciencia obrera, forja las primeras organizaciones proletarias y expresa el sentir de los trabajadores que Haya de la Torre recogería en esa concepción de su alianza obrero-estudiantil que lo marcaría y de la que hablaría por el resto de su vida.

No hay manera de mirar la obra del anarcosindicalismo en el mundo del trabajo, sin evocar un momento dramático, tal vez el punto de partida de una valoración superior de la organización de los trabajadores que nos lleva por los terribles sucesos ocurridos en Chicago el año 1886, cuando los movimientos anarquistas promueven una huelga por todo los Estados Unidos precisamente desde el primero de mayo de aquel año reclamando –entre otras pretensiones-, las ocho horas de trabajo.

La jornada paralizó más de cinco mil fábricas y cerca de 340.000 obreros expresaron al unísono su voluntad de lucha saliendo  a calles y plazas con manifestaciones que evidenciaron una contundente exigencia popular.Ejemplar

Ejemplar lucha de los trabajadores

Al tercer día de huelga, un importante número de trabajadores movilizados fueron reprimidos por bloques rompehuelgas en la puerta de la fábrica de maquinaria agrícola McCormick, dando paso a la intervención de la policía que disparó a quemarropa a la muchedumbre, provocando seis muertos, muchísimos heridos y un clima de violencia generalizada que el periodista Adolf Fischer exacerbaría aún más al difundir una proclama que entre otras frases contenía lo que las autoridades consideraron un abierto llamado a la guerra civil: “Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!”

Mártires de los trabajadores del mundo

Al día siguiente, un nuevo acto de masas reunida en la plaza Haymarket se tornó mucho más violenta y desbordó cuando una bomba explosiva cayó cerca de la policía, produciendo una respuesta oficial desproporcionada e incontrolable. Veinte mil personas sufrieron el ataque de armas de una compañía de ciento ochenta policías que  abrió fuego de manera indiscriminada. Las autoridades restringieron los derechos de las personas con medidas de emergencia dejándose llevar por la campaña de la prensa conservadora que exigía que los trabajadores anarquistas fueran detenidos y juzgados ejemplarmente por su rebeldía.

Tras estos últimos sucesos, ocho trabajadores fueron finalmente detenidos, golpeados, torturados y procesados en una farsa de justicia. Las sentencias condenaron a la cárcel a Samuel Fielden, pastor metodista inglés y obrero textil, condenado a cadena perpetua, Oscar Neebe, vendedor, condenado a 15 años de trabajos forzados y Michael Schwab, 33 años, tipógrafo alemán condenado a cadena perpetua; en tanto fueron llevados a la muerte: George Engel, 50 años, de nacionalidad alemana y tipógrafo, Adolf Fischer, de 30 años, periodista de nacionalidad alemana, Albert Parsons, periodista de 39 años de quien se probó que no estuvo presente en el lugar de los hechos, August Vincent Theodore Spies, periodista alemán de 31 años y Louis Lingg, 22 años, carpintero de sólo 22 años quien se suicidó antes de ser ejecutado.

El relato doliente del escritor y político cubano José Martí para el periódico argentino La Nación, describe el 11 de noviembre de 1887 el momento final de estos luchadores: “…sonríen, les leen la sentencia, les sujetan las manos con esposas…y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos… Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha… luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable…”

Recordar estas muertes le dan un sentido ulterior a esta fecha conmemorativa, pero muestran además, la naturaleza y trascendencia de estas conquistas que son un ejemplo de lucha unitaria sobre los que reposa la gesta que provocó en 1889 que el Congreso Obrero de la II Internacional Socialista reunido en Paris, rindiera justo tributo al acordar por unanimidad “dedicar cada primero de mayo al recuerdo los Mártires de Chicago, quienes fueron ejecutados por agitar las conciencias y levantar banderas reivindicatorias”.

Pero no son esas las únicas muertes que sacudieron la conciencia mundial, desde entonces, una larga e interminable lista de héroes populares en todo el mundo han generado conciencia sobre lo que los trabajadores con su esfuerzo, sus luchas y su dignidad han conquistado. Por eso cada Primero de Mayo es una fecha especial, un hito, un faro luminoso, el momento en el que la historia da un giro y los trabajadores se vuelven hacia su verdadera historia y la necesidad de la unidad de sus organizaciones, llamando la atención de políticos, líderes sociales, religiosos e intelectuales que aceptaron el llamado de la II Internacional Socialista que, reunida en Ámsterdam en 1904, pidió a “todos los partidos, sindicatos y organizaciones socialdemócratas luchar energéticamente en el Primero de Mayo para lograr el establecimiento legal de la jornada de 8 horas y que se cumplieran las demandas del proletariado para conseguir la paz universal”, esa paz que fue esquiva para los trabajadores por centurias y que hasta la iglesia Católica ayudaría a hacer realidad cuando en 1954 -a través del propio papa Pío XII-, decretó el 1 de mayo como día de la  festividad de San José Obrero.

EN EL PERÚ, SIN LUCHAS NO HAY VICTORIAS…

“…la huelga general, como arma de la revolución democrática es una expresión de altísima conciencia cívica y un testimonio de la responsable capacidad organizativa de un pueblo. Cuando ella se produce, no hay arma material que la venza”. Victor Raul Haya de la Torre

Haya de la Torre agitador de la conciencia proletaria

 

Producidas las más importantes manifestaciones gremiales en algunas zonas agrícolas del interior del país y en el puerto del Callao entre finales del siglo XIX y  los primeros años del siglo XX, ha pasado buen tiempo, y hoy podemos estudiar con mayor objetividad los momentos en los que el trabajador urbano-industrial y el rural-industrial, de la mano con la evolución del artesano originario o del campesino indígena-, reclamaba nuevas formas en las relaciones laborales en la ciudad y el campo, confrontando desde entonces y entre ambas, la necesidad de una organización colectiva de trabajadores.

En este contexto, por un lado se situaban los que defendían “el monoclasismo” nítidamente influenciados por las corrientes más radicales de la época, frente a quienes, impulsaban el fortalecimiento de una nueva experiencia surgida a partir de la interacción de los estudiantes con los obreros en la lucha por las ocho horas de trabajo y la formación de la Universidad Popular como experiencia en la que los estudiantes agrupados bajo la Federación de Estudiantes del Perú (FEP) crearon en el Perú y parte de Indoamérica para los obreros, centros de aprendizaje que serían los cimientos de lo que después se conocería como Sindicalismo de Frente Único, movimiento popular que frenaría por una lado los abusos de los “patrones” y gobernantes conservadores de turno e impondría una organización libre donde se respete la voluntad de los agremiados, desatando las iras del comunismo internacional que no aceptaba que prevaleciera ninguna tesis de alianza pluriclasista de  trabajadores como la que el APRA proclamaba desde 1924.

Unas apretadas secuencias de los principales movimientos de trabajadores realizados en esta época pueden graficarse en la llamada “Huelga de los Portuarios del Callao”, realizada en 1904 y que centró fundamentalmente sus reclamos en la exigencia de grupos ya organizados de obreros de fábricas y haciendas cercanas por asistencia médica y el pago de “indemnizaciones” por lo que calificarían como “riesgos de trabajo”. En torno a las paralizaciones, el primer y exitoso Paro General en Lima se realizó el año 1911 expresando su solidaridad con los obreros de Vitarte que habían sido masacrados por tropas del Gobierno por reclamos sin éxitos, en tanto otro movimiento de gran proporciones fue el llamado Paro General que arrancó los primeros días de enero y alcanzó plenitud hacia el 12 de enero del año 1919, momento en el que la Federación de Estudiantes del Perú que presidia Víctor Raúl Haya de la Torre intermedió en el conflicto a través de delegados que conquistaron el famoso decreto firmado por el gobierno, reconociendo la jornada laboral de 8 horas de Trabajo.

A este respecto, es pertinente notar que fueron años de gobierno de comerciantes, banqueros y terratenientes, elementos que impusieron una cultura del abuso que permitió la movilización y la organización de los trabajadores por derechos laborales no reconocidos. Son las primeras planas de los diarios y revistas “La Prensa”, “Los Parias”, “La Crónica” y “Actualidades” y “Variedades” las que dan cuenta de la evolución y el activismo de la organización de los obreros cuyas protestas contra esas injusticias sociales daban nacimiento, en medio de la represión, al glorioso movimiento sindical peruano que a pesar de su embrionaria forja, a inicios del siglo pasado ya exhibía como conquistas laborales: La asistencia médica, indemnización por riesgos laborales, la supresión del trabajo nocturno y el propio decreto de la jornada laboral por 8 horas en la que intervino de manera definitiva Haya de la Torre y cuya implementación tuvo una fase preliminar para los trabajadores del Callao, en tanto que a partir del 15 de enero de 1919, se aplicaría para todos los trabajadores del país.

La ocasión recuerda el impulso de nuevas formas de lucha de la organización proletaria – campesina y de las intensas relaciones de Frente Único que desde inicios del siglo XX fuera elemento medular para el éxito de las conquistas sociales y las experiencias sindicales, sobre todo, a partir de la interacción de los estudiantes con la lucha obrera y, como no, en la aspiración suprema de la conquista de las ocho horas de trabajo. Una apretada secuencia de los principales movimientos precursores de la organización proletaria y la unidad sindical en el Perú nos lleva desde 1896 por las huelgas de los tejedores de Vitarte que fue seguida por las luchas de los trabajadores cigarreros, los tipógrafos y los pasteleros -vinculados con la organización originaria de los panaderos-, que en 1901 pasó a llamarse por acuerdo unánime de sus integrantes Federación de Obreros Panaderos Estrella del Perú.

La llamada “Huelga de los Portuarios del Callao” realizada el año 1904 es otro gran momento ya que mostró reclamaciones que fueron más allá de las peticiones inmediatas de asistencia médica y el pago de “indemnizaciones” por “riesgos de trabajo”, dando, por su contundencia, un ejemplo de organización unitaria al que se sumaron sindicatos organizados en fábricas y haciendas cercanas.  Le seguirían diversas paralizaciones y crisis que dieron pié a históricas jornadas de lucha como las que lideraría en diversas ocasiones la gloriosa Federación de Obreros Panaderos Estrella del Perú.


Panaderos y Tejedores, entusiastas organizadores de la originaria fuerza sindical

Otras organizaciones que aportaron en este esfuerzo fueron la Unión de General de Jornaleros que exigía puntualmente la jornada laboral de 8 horas, cobertura médica en accidentes de trabajo, y otras reivindicaciones como paso previo a una Huelga General, en tanto en Talara y Negritos ,en el norte del país-, los petroleros defendiéndose contra los despidos injustos por parte de la empresa inglesa Duncan Fox que sufrió sabotajes por el apoyo de los obreros del Callao que la emprendieron contra los embarques y desembarques de dicha empresa.

Está claro que por su dimensión, contundencia y continuidad, esta sucesión de actos sociales mostraba entre otras, la importancia, crecimiento y fuerza de la organización obrera -a pesar incluso-, del fracaso del primer intento de creación la Confederación de Artesanos Unión Universal y de los constantes ataques al anarcosindicalismo y sus dirigentes por parte de la prensa de la época. Los trabajadores en toda esta etapa, evolucionaban del mutualismo y el asistencialismo hacia un sindicalismo mucho más organizado, programático y comprometido con la realidad. Prestaron mucha atención a la prédica anarcosindicalista y al discurso de Manuel González Prada, sin perjuicio de la también notoria influencia de la masonería progresista acreditada por las intensas relaciones de ésta con diversos líderes estudiantiles como la que se conoce entre Cristian Dam, prominente miembro de la Gran Logia Masónica del Perú, con el dirigente panadero Manuel Caracciolo Lévano, dirigente anarco-sindicalista quien alentó la formación de mayores sindicatos libres, absorbiendo esta corriente a los militantes del anarquismo ideológico y produciendo una espléndida simbiosis en la más amplia concepción de la participación directa de los trabajadores, expresada en el respeto de la voluntad de los agremiados,  tal y como fue entendida en las originarias organizaciones proletaria.


Fiesta de la Planta jornadas de deporte, expresión de una creciente cultura popular.

Todo este período fue también de alegría y conciencia visionaria. El Deporte expresado en diversas manifestaciones y una mirada a lo que fueron las prácticas de diversas disciplinas serían compartidas por la creciente afición a los clubes Alianza Lima y Universitario de Deportes que nos acercan a un temperamento en el que además, las actividades en tributo a la naturaleza fueron importes porque de alguna manera, mostraron el lado humano y sensible de estudiantes y combatientes proletarios juntos.

Los registros aluden la fiesta de la planta como el escenario ideal para la formación de diversos núcleos formativos y artísticos como el “Centro Artístico Obrero” con notoria influencia del llamado “Grupo Norte” y que, si bien fue efímero, sirvió de aliciente para la creación y puesta en marcha de nuevos y varios escenarios de difusión de nuestra música y acervo popular.  

Le siguieron otros grupos como el “Centro Artístico de Vitarte” que reunió a anarquistas de renombrada presencia, el “Centro Nueve de Enero” que promovieron  Adalberto Fonken y Noé Salcedo en homenaje a un obrero de apellido Videla quien fue asesinado por la policía cuando participaba activamente en una huelga. Una serie de actividades de carácter social eran el complemento del actuar sindical.

Hemos mencionado La Fiesta de la Planta porque constituye una visionaria actividad que alude la defensa de la naturaleza que promovió y fundó el propio Haya de la Torre, ocasión en la que  el  líder obrero estudiantil, simbólicamente, no sólo sembró un árbol que hasta ahora existe en el parque 9 de enero de Vitarte, sino que alentaba la fraternidad porque se aprovechaba para presentar equipos que, en sana competencia de futbol entre motoristas, sombrereros y textiles, se batían en campeonatos contra estudiantes en los que se replicaban populares encuentros entre hinchas de los equipos de Alianza Lima y Universitario de Deportes.

Pero sin duda, fue la lucha misma por las ocho horas de trabajo en el Perú el mejor ejemplo del compromiso y solidaridad en lo que podríamos considerar una precursora plataforma unitaria que marcó y definió la historia del movimiento popular.

Los obreros en conflicto fueron muy responsables, supieron desarrollar estrategias de lucha  aplacando los brotes de personalismo. El trabajo se distribuyó y se formaron comisiones para visitar las fábricas que no se habían comprometido con la huelga. Se impulsaron jornadas intensas de solidaridad obrera y diversos autores coinciden que desde la última semana de diciembre de 1918 los obreros textiles de San Jacinto, Victoria, Vitarte y La Unión habían paralizado parte importante de la fuerza laboral pero, sin que esto fuera suficiente para lograr los objetivos que la propia Huelga General planteaba, razón por la que se abrieron otros frentes de lucha que incluyó coordinaciones con delegados gremiales de otras actividades y también con los dirigentes representantes de los universitarios Bruno Bueno, Valentín Quesada y Víctor Raúl Haya de la Torre.

Un minucioso y leal desarrollo de los acontecimientos acompaña estas épicas jornadas llenas de valentía y entusiasmo. Ninguna gestión, ni la exhortación del propio presidente de la república a los obreros tuvo éxito. Diversos “mensajes” se chocaron con la firmeza de la conciencia proletaria al que los estudiantes se sumaron con toda la fuerza de sus convicciones,   razón por la que el año 1919 se iniciaría, colocando literalmente al gobierno contra la pared.

La lucha -ya con nuevos actores y de características nacionales-, se radicalizaría, sobre todo, cuando el 8 de enero el Presidente Pardo suprimió las garantías individuales y la violencia se impuso como respuesta del régimen. Los huelguistas insistirían “en el Paro General, la libertad de los apresados, la condena a la fuerza militarista que reprime la huelga y un llamado para la conquista de las 8 horas por la acción directa”.

Haya de la Torre con sindicalistas en la primera década del siglo XX

La represión recrudecía y desde entonces, un movimiento de estas proporciones que inmovilizaría al país en el campo y la ciudad, sería una señal inequívoca del éxito que lograrían pronto los trabajadores. Lo que vino después, fue la conquista a pulso de la jornada laboral de ocho horas, los enfrentamientos en las calles y una noción de organización mucho más moderna que los trabajadores hicieron suya, nutriéndose desde entonces, de una conciencia mayor y crítica que ayudó a entender la nueva alianza obrero-estudiantil y el Frente Único.

El día 15 de enero de 1919, tras memorables jornadas de negociación que encabezarían los dirigentes del movimiento obrero y el propio Víctor Raúl Haya de la Torre con el Ministro de Fomento Manuel Vinelli, tuvo resultados de los que se daría cuenta personalmente en el local de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP), ante el Comité de Huelga y los representantes. El Decreto que oficializó las 8 horas de Jornada laboral era una realidad, en tanto otro funcionario, el Director de Fomento de apellido Figueroa, haría lo propio ante los Huelguistas que se encontraban a la expectativa en el Parque Neptuno, en pleno centro de la  ciudad.

La alegría replicaba en los rostros de los trabajadores la connotación de la victoria y entre él recuerdo emocionado de los viejos luchadores, los anarcosindicalistas levantaban sus manos en clara señal de triunfo. En Barrios Altos, en el centro de coordinación de la agremiación panadera, el frenético trabajo de propaganda cesó y mientras volaban por los aires cientos de volantes que preparaban, los trabajadores se abrazaron emocionados.     


    Haya en “El Obrero Textil”, 1924 Año 5, Nro.1

Tras la victoria, la organización obrera se fortaleció y bajo el aliento del propio Haya de la Torre, al día siguiente, se fundó la importante Federación de Trabajadores en Tejido del Perú, centro vital de la Federación Obrera que designó al propio  Víctor Raúl como su presidente honorario, en tanto el sindicato minero de Cerro de Pasco lo llamó “amigo fervoroso de la causa social obrera”. Era evidente el claro reconocimiento de los trabajadores a los estudiantes que el joven Haya representaba.

La propia Federación Obrera Local (FOL), lo designó delegado especial, otorgándole  una representación que  pone en evidencia su reconocimiento  por el aporte de este gran peruano a la lucha popular, la conquista de la jornada laboral de ocho horas de trabajo y la construcción de la plataforma unitaria de la naciente alianza obrero-estudiantil.

    Con el trascurrir del tiempo, la intensa relación de Haya de la Torre con los trabajadores se estrecharía. Fundó para ellos la Universidad Popular cuyo primer local funcionó en Vitarte proponiendo una formación integral, humanitaria y deportiva. Promovió una serie de conquistas sociales y laborales en el ámbito de la lucha social, como en el parlamento, llevando a través del aprismo a los primeros representantes obreros y campesinos al Congreso Nacional.

Impulsó de manera comprometida -a través de Luis Negreiros Vega y Arturo Sabroso-, la organización gremial y política de los trabajadores, que el Primero de Mayo del año 1944 se recuerde como fecha memorable para el movimiento proletario y se funde la gloriosa Confederación de Trabajadores del Perú (CTP), acaso, el más importante esfuerzo de la clase trabajadora por lograr la ansiada Unidad Sindical y un justo tributo a los nobles hijos del pueblo que entregaron su vida por la causa de la justicia.


Movilización popular de la gloriosa CTP, tributo de Haya de la Torre a los trabajadores (*) 


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(Foto. Diario El Peruano).