EL TRIUNFO DEL PRD Y LO QUE ESPERA INDOAMÉRICA EN PANAMÁ

¿Vuelve Omar Torrijos Herrera con el PRD panameño?

 Panamá es un pujante país ubicado al sureste de América Central, posee una vía interoceánica que une al océano Atlántico con el océano Pacífico y ha sido siempre una ruta estratégica del que lamentablemente la mayor ventaja geopolítica y económica fue para Norteamérica durante casi todo el siglo xx.

Pero aquel país fue también cuna de culturas ancestrales que sufrieron como todos los pueblos indoamericanos las inclemencias de la conquista con su dosis ambivalente de crimen y cultura, permitiendo su ubicación, ser un punto de encuentro de culturas de todo el mundo, razón por la que, entre otras consideraciones, Simón Bolívar la pretendió como eje de la unidad del continente sudamericano.

Tras su independencia respaldada por los norteamericanos, los panameños sin embargo fueron protagonistas de una historia de concesiones que le permitió comprar a USA los derechos del canal que terminaron de construir en 1914, convirtiéndose esta obra colosal desde entonces, en un recodo obligado del comercio mundial, administrada por manos no panameñas y frente a la que las banderas de dignidad flamearon en todas las direcciones, casi de manera permanente.

Culminada la guerra de los mil días a las que se refiere Hernán Porras aludiendo la fecha de su separación de la Gran Colombia, Panamá, tras su independencia, asistió, con la construcción de su canal –que divide literalmente el país en dos-, a una segunda y profunda división, la de los privilegiados y sus acólitos que vivieron del canal afincados en la pequeña ciudad de panamá cuyas narices colindaban con el pacífico, y sus pueblos, que mirando “hacia adentro” subsistieron sumidos en la explotación y el oscurantismo, realidad no muy distinta de la de los demás países de la región en las que, en medio de historias llenas de conflictos sociales muy agudos y sobresaltos políticos, se mantuvo un controversial y tensa relación con los norteamericanos.

Pero para Victor Raul Haya de la Torre, Panamá y el canal eran asuntos de preocupación, por eso, el 7 de mayo de 1924 en México, al fundar el APRA como una organización indoamericana de partidos antiimperialistas, se preocupó en proponer el cuarto punto programático de lucha continental de esta organización que proclamó «la internacionalización del Canal de Panamá» en clara condena a la conducta imperial de los Estados Unidos y como antecedente visionario de lo que sucedería el último tramo del siglo pasado, cuando el general panameño Omar Torrijos Herrera, comandante de la guardia nacional, cambió el curso de la historia cuando tomó el poder e inició una dura y por momentos incomprendida batalla por la recuperación de la dignidad nacional, exigiendo el retorno del canal a manos panameñas en medio de un gobierno popular y un partido (PRD) cuyo derrotero histórico vinculado al aprismo, lo colocó en el umbral de la historia.

Cobijo fraterno de perseguidos políticos, Panamá tenía ya una historia de solidaridad que fue ejemplo para otros países y tal vez por eso, uno de los episodios más sentidos por el mundo libre y el progresismo regional, fue la muerte de Omar Torrijos Herrera, nacionalista que lideró la recuperación de esa extraordinaria obra de ingeniería que sigue asombrando al mundo y que ahora, en manos de panameños, es una expresión de coraje, nacionalismo y desarrollo de la que Indoamérica entera se siente orgullosa.

Torrijos expresó a cabalidad el sentimiento de su pueblo y sus aspiraciones, luchó por mejores condiciones de vida para los suyos y su gobierno produjo reformas del sistema político que empezaron por el agro, pero que tuvo su punto más álgido precisamente en la naturaleza de la conciencia histórica que reclamaba y la importancia de la recuperación del canal que marcó un antes y un después en la historia del siglo XX.

Su muerte, envuelta en misterio, no pudo evitar que su obra y pensamiento calaran bajo el signo de su movimiento, el PRD que se levanta en estos días victorioso, rechazando los dramas de la corrupción, señalando responsables y exigiendo cambios urgentes para impregnar de moral el ejercicio de la política y la cosa pública en Panamá.

El Partido Revolucionario Democrático de Panamá (PRD) es una organización popular que integra la Internacional Socialista, sigue la línea nacionalista del general Omar Torrijos Herrera, ex presidente y líder que mantuvo una posición digna contra la intromisión y la presencia del imperio, en medio de un sentimiento nacionalista que le dio legitimidad a su discurso y expresa –aun en estos días-, raíces profundamente arraigadas en lo más sensible del pueblo pobre panameño, ese pueblo que exige, que tras la gestión del presidente Juan Carlos Varela, el PRD triunfador de las elecciones democráticas, reactive la economía, genere empleo digno, luche contra la corrupción sin concesiones, pero además, atienda de manera urgente la deuda social  que se expresa en groseros índices de crisis en la salud pública y la justicia, donde la percepción de impunidad es absoluta.

En Panamá, como en buena parte de los países de la región, los movimientos sociales parecen sobrepasar a los partidos políticos, pero la imagen y la presencia de Torrijos creció reabriendo espacios en los que a pesar del desgaste de los liderazgos y las crisis de los partidos, Laurentino Cortizo, del Partido Revolucionario Democrático, surgió como triunfador sobre la derecha (Cambio Democrático) y la suma de los llamados independientes mostrando una sólida plataforma de gobierno y un movimiento de respaldo ciudadano muy sólido.

Por eso ha sido posible el triunfo del PRD, porque se mantuvo firme en sus convicciones políticas, porque entendió la dinámica de los tiempos y la modernidad, porque deslindó con la corrupción y porque hizo esfuerzos dialécticos contra la ortodoxia comprendiendo la lógica de la economía mundial en la que tal vez un aporte sustantivo desde el partido, haya sido luchar por preservar una dignidad como pueblo, estado y nación que no implique renunciar a negociar en el marco del comercio mundial con ningún país, pero tampoco, a someterse a la influencia de ninguna potencia imperial.

La apertura de las economías con China ayuda a comprender esta lógica y a que un nuevo orden mundial se vaya imponiendo para no reeditar las terribles condiciones de semicoloniaje del pasado contra la que insurgió la óptica antimperialista de Torrijos Herrera quien aparece como guía victorioso. Su movimiento representa al disconforme, al que protesta y también al que rechaza a los partidos que no han sabido responder a la difícil situación que se vive en panamá, por eso se habla de urgentes reformas políticas que por otro lado expresan mejores niveles de conciencia que el presidente Cortizo y el PRD parecen representar cabalmente y a la que se suma la probada y eficaz estructura partidaria en la que descansa esta victoria electoral que se la deben a los militantes del PRD que han sido el soporte leal de una propuesta por la que Panamá ha vuelto a apostar.

En este contexto se vienen reformas que deben corregir los dramas producidos por la desaceleración de la economía en los últimos tiempos que ha producido una burocracia perversa, insensible y corrupta, pero también, en el ámbito internacional, la nueva visión de una economía progresista debe expandirse hacia Centroamérica, propiciando la inversión pública y privada, generando empleo digno y un estadio de bienestar que frene la perorata malsana de ortega en Nicaragua y que nos recuerde a Omar Torrijo Herrera quien supo deslindar sin concesiones con la dictadura cuando apoyó al sandinismo legitimo en su lucha  inicial contra Somoza, en la misma ruta en la que la nueva administración deberá condenar la vergonzosa dictadura chavista en Venezuela.

Tamaña tarea le queda a un mandatario que parece no asustarle los retos, ni los compromisos y que avanza seguro hacia la construcción de un real Estado de Bienestar bajo un nuevo triunfo de Torrijos y bajo en entonar emocionado de las muchedumbres que en todo panamá gritan: «con el PRD, hasta la victoria final».