EL HOMBRE ARAÑA Y TARZÁN

(2) Contrastes de “Lima la horrible” 

El_Hombre_Arana_en_lo_alto_faceboojk.jpgHace algunos años publiqué una nota sobre la forma en la que tratan las compañías de servicios telefónicos y de energía eléctrica a la “tres veces coronada villa”, es decir, a la “ciudad jardín” (aunque queden pocos jardines), a la capital del Perú, a Lima, a ese escenario ideal para la implementación de un “circo abierto” en el que malabaristas y/o equilibristas podrían darse de la mano con otros personajes de antología en el imaginario popular como el joven “Peter Parker”, más conocido como el sorprendente hombre Araña y Johnny Weissmuller, quien dio vida al Tarzán.

La relación propuesta entre estos personajes produjo la ira de los entonces funcionarios públicos a cargo de la Compañía Peruana de Teléfonos y Electrolima, empresas estatales que pretendió, sin comprender realmente mi comentario, iniciarme alguna acción judicial por agravios no cometidos.

Hace sólo unos instantes, parado entre las esquinas del Jirón Parinacochas y Las América, en el pujante distrito de la Victoria, a la expectativa que nadie “se lleve” mi celular, levanté la mirada y vi exactamente la misma escena que produjo el artículo comentado, es decir, la misma realidad, sólo que varias décadas después y con dos actores diferentes: Telefónica del Perú y Edelnor.

Un irresponsable, intrincado, confuso e inexpugnable conjunto de cables se cernían sobre mi humanidad, mostrándome con indignación el “sentido técnico” y el respeto a los ciudadanos de los operadores de los servicios por los que los pobladores de Lima pagamos.

La cantidad de cables enredados, cortados, algunos sin dirección definida, otros sin servicio o uso que enrumban con dirección desconocida muestra la falta de respeto y sentido del ornato de estas transnacionales que suponen que, porque nadie les dice nada, simplemente es posible hacerlo. ¿En Madrid, o Santiago de Chile esto sería posible? Claro que no.

¿Cuál es entonces la razón por la que este conjunto de elementos tóxicos, que dañan el medio ambiente y violentan la seguridad y la estética permanecen allí, sin uso lógico y expuesto por tantos años? Pues porque nuestra ciudad tiene un conjunto de autoridades que reeditan sucesivamente malas costumbres. Algunos se preocupan efectivamente por el llamado ornato pero de “las calles que se ven, las más transitadas”, por tanto en ellas, la pintura sobra, siempre hay un “barredor” y circulan afanados los “fiscalizadores municipales”, en tanto en las zonas de menor desarrollo comercial o residencial, la acumulación de basura, la falta de servicios higiénicos y hasta la limpieza misma no son hechos constantes, es el drama de vivir en una zona no considerada como “vía principal”.

De esta lógica surge la “preocupación” de estas empresas por realizar “un mejor servicio en las llamadas zonas residenciales”, lugares donde por lo general, los trabajos son subterráneos (tratándose de tendido de energía) y las conexiones de telefonía son “derivadas de sendas y presentables cajas de control” que ordenadamente llegan a las vivencias “cuidando los detalles”, dejándole en cambio a los que menos tienen y las zonas donde viven, el saldo de todas desinteligencias y conchudez que comentamos.

La realidad muestra escenas increíbles. Cantidad de cables imposibles de calcular muestran un enmarañado tejido (acumulado por mucho tiempo) que le sería muy útil al “Sorprendente Hombre Araña” o que ayudaría mucho al desplazamiento del mítico personaje de Tarzán quienes podría darle un uso “racional” a toda esa cablería.

 Ambos podrían reproducir el escenario ideal de sus hazañas, cruzar la ciudad sin mayores complicaciones, ganarle al crimen organizado y no organizado, volando de poste en poste, uno lanzando su tela de araña y el otro, usando estos despojos que atentan contra el medio ambiente, pero como modernas “lianas” en un tiempo en el que en la selva, valgan verdades, la tala  indiscriminada no ha dejado árboles en pie y a Tarzán de capa caída.

Pero si alguien pensó que eso era todo, se equivocó. Dicen que el suministro de energía, la instalación del servicio de agua potable, el desagüe y hasta la colocación de una línea telefónica prueban el nivel de desarrollo de una localidad. Ergo, quien tiene luz, inicia su camino al desarrollo y se despide objetivamente de la extrema pobreza y de alguna manera es verdad. ¿Pero, son los derechos iguales para todos?

Para estas empresas la cosa parece no ser necesariamente así. Por lo general, en las zonas llamadas residenciales -y en las que a veces no hay ninguna residencia-, la instalación de estos servicios es individual, guarda los estándares internacionales, cumplen con las normas locales e internacionales y además, son “procesados o instalados” estratégicamente, según el diseño del propietario del inmueble-, es decir, en lugares que guardan relación estética con el hogar del vecino. Incluso, cuando se hacen las obras civiles (por lo general subterráneas) el resane “es cuidadoso” ya que al propietario del inmueble que contrató el suministro, “le gusta que la vereda de acceso a su casa, a cargo de la empresa proveedora del servicio,  se vea siempre bien”.

Por eso en Lima hay calles lindas, bien cuidadas y en ellas no viven los pobres. En las zonas residenciales las conexiones son subterráneas, “para que no afeen el lugar” a fin que además, no impidan el crecimiento de arboles, algunos de los cuales “dan sombra y buena vista” al patio interior de las casas. Escenario de novela, sin embargo, en los pueblos en formación, en las zonas más populares, un tejido horroroso de cablería y postes mal colocados no sólo pone en riesgo la vida de los pobladores, sino que por encima de sus cabezas, o muy cerca de sus ventanas o puertas, “pasan” las redes de extensión, claro, cuando no es un poste el que ha sido instalado (plantado)  en medio de la puerta principal de acceso a este domicilio.

Es decir, cuando camino por un barrio residencial la mirada prístina al cielo me inspira poesía, en tanto cuando asomo a cualquier urbanización popular, mejor llevo un palo para levantar los alicaídos cables de corriente o telefonía, evitando llevármelos de encuentro o sufrir un accidente lamentable.

Dicen que para las poblaciones de menor desarrollo los suministros de energía “deben ser comunes y visibles” porque “los pobres roban luz”. Que no es posible instalar líneas del servicio telefónico porque “pinchan los cables y las conexiones”. Torpe raciocinio ya que me gustaría poder describir la naturaleza del origen de muchas fortunas en Lima y señalar a quienes con cuello, corbata, buenos sueldos y una vida cómoda, desde hace muchos años “encontraron” la forma de no pagar por la energía eléctrica que usan, de “quebrar” con estilizados mecanismos informáticos las claves de la Internet para usarlo cómodamente, conectarse clandestinamente para obtener agua “gratis” para sus fábricas o negocios y hasta “piratear” el cable de televisión que usan y consumen, literalmente, robando.