EL CÓNDOR ESTÁ EN EL NIDO…

AGP, asilo político y derrota del gobierno de turno

Cuando Alan García ingresó a la residencia del embajador de la República Oriental del Uruguay solicitando asilo político tras una decisión partidaria y personal muy difícil, la frase “El Cóndor está en el nido” le devolvía la tranquilidad a quienes tocó acompañar en este trance al dos veces presidente de la república peruana. Con este acto, el país era notificado de la evidencia de un tiempo en el que la voluntad autoritaria del régimen se expresaba nítidamente a través de la persecución desatada en su contra y la emboscada que se le preparaba con el concurso entusiasta de sicarios políticos-judiciales que la historia sabrá juzgar.

Precedieron gravísimas denuncias de corrupción que envolvieron a empresarios, jueces, fiscales, políticos, medios de comunicación y hasta deportistas en una larga cadena de dramas producidos para la televisión nacional y las primeras planas que un día sindicaban responsabilidades que llevaron a la cárcel a unos, mientras al día siguiente, protegían la identidad de amigos en el fragor de un singular estilo de esa lucha anti-corrupción librada por esa justicia tuerta que apresa a quienes roban relojes de 30 soles  y carteras chinas en la vía pública que pagan con prisión, pero brinda grosera impunidad a “cuellos blancos”, a “cuellos rojos” y en los últimos tiempos, a un gobierno que se dedica a construir aeropuertos y que parece deambular entre los linderos del populismo clientelista, donde urde patrañas para liquidar y sacar del camino a la competencia, conquistando adhesiones pasajeras a cualquier precio, incluso el de la dignidad.

En ese teatro de puestas en escena de baja estofa, los partidos políticos fueron «el objetivo mayor«, haciéndose los locos con los escándalos producidos por estos mercaderes de la política que compraron votos y lograron representaciones sin acreditar el origen licito de los fondos usados en campaña. Gritan ¡Al ladrón, al ladrón! para dirigir las miradas  contra los partidos políticos y tras conspirar para vacar al presidente, luego distancian a los incómodos.  Aupados los comunistas, arrinconan a toda oposición usando de métodos vedados como el del sicariato político del que ahora se ufanan dejando huellas de la infamia a la que contribuyeron la tibiesa de Duberlí Rodríguez les regaló el Poder Judicial colocando un nuevo presidente que brilla por su ausencia para  luego, cargados en los brazos de los progres-comunistas del IDL, abalanzarse con sangre en los ojos contra el Ministerio Público, fraccionarlo, enfrentar a sus autoridades y romper el principio de autoridad sin esperar la respuesta institucional que rompería el juego peligroso en el que el presidente Vizcarra “juega mantequilla” tras los hilos del ahora privilegiado super juez llamado IDL.

Validar el mal uso de los procedimientos preliminares fue la vara mágica que lo doblega todo ya que, sin guardar sentido y proporción,  jueces penales anti-corrupción y fiscales sin experiencia, ni sabiduría, juegan en pared a ser dioses logrando “confesiones” de colaboradores que nadie corrobora, razón por la cual, cuando creían haber «acorralado» a AGP presentando un refrito del pago de una de las 40 conferencias que brindó y que se aclaró ante la llamada Mega Comisión congresal que presidio Sergio Tejada y, sin lograr que algunos de los imputados por los sobornos del Tren Eléctrico pudiera señalarlo, la solicitud de asilo ante Uruguay los descolocó -cual jugada maestra de ajedrez-, produciendo de paso, uno de los golpes políticos más efectivos y sentidos que han recibido quienes desde el poder a esas alturas estaban listos para celebrar «la captura del premio mayor».

Cuarentiocho veces fue citado y cuarentiocho veces asistió AGP al MP atendiendo causas que se investigaban “por el sólo criterio subjetivo de un fiscal”, sin prueba alguna y un absoluto desconocimiento de la realidad de los partidos políticos, de su organización, ideales y estructura, pretendiendo, por tal ignorancia, comprometer  -vía denuncia-, a los más de cuatrocientos mil afiliados que tiene el PAP, quienes, en automático, aparecen como integrantes de lo que se conoce en estos expedientes como una vasta, multitudinaria y popular organización criminal.

Si bien este no es el espacio ideal para debatir sobre aspectos judiciales, la vulneración objetiva de las garantías procesales –sobre todo en el caso García-, hace necesario incidir en ellos, así como el oportuno aviso en torno a los planes de detención en marcha por parte de la fiscalía a cargo de Domingo Pérez que dieron la señal de alerta y sustento a los reclamos del Apra que además, tomó conocimiento que el gobierno instruía a sus funcionarios y a miembros de la Policía Nacional -días antes que el Juez de la causa mandara impedimento de salida del País-, para realizar seguimientos y se extremaran medidas de reglaje y control migratorio.

Que sólo el aprismo y otras dos organizaciones políticas sean consideradas bandas criminales,  da una idea de cómo, para quienes no conocen absolutamente nada de lo que significa un partido político y menos su historia, resulta imposible comprender su funcionamiento, ni la naturaleza de las adhesiones que genera. Por eso, preservar la vida de Alan García fue un objetivo a cumplir  exitosamente dándole sentido trascendente a esas horas de lucha por la dignidad, momentos que nos muestra al hombre en su grandeza y al líder en su vocación más profunda, aquella en la que incluso la violencia y el atropello dejan de intimidar.

Ya planteará el aprismo su plataforma de lucha y la resistencia del Partido del Pueblo se hará sentir porque desde que se abrió a la información pública la dimensión de la penetración de la corrupción en el país, no es posible hacerse de lado frente a quienes han pretendido manipular el sentimiento popular tras una exigencia de linchamiento exacerbado que el gobierno y sus operadores de justicia parecieran apoyar,  tratando de cubrir las tropelías de amigos y mentores, de aquellos que sindican a los partidos como organizaciones criminales, mientras las constructoras, los comerciantes y los que se beneficiaron con los sobornos y los saldos de las coimas siguen contratando con el Estado en nombre de quienes han administrado la cosa pública y la justicia desde siempre, precisamente en un país en el que todo parece estar construido en desniveles,  para que no se note a los que caminan torcido.