¿El APRA NUNCA MUERE?

Impresionante multitud coreando al unísono: «El Apra nunca muere»

Este ha sido por muchos años un grito de reafirmación, una declaración desafiante y hasta  una prueba irrefutable de la persistencia y vigencia en el acontecer político nacional, de la obra y el pensamiento hayadelatorreano.

Desde 1924 y de manera ininterrumpida, los signos y símbolos del aprismo han acompañado afirmativamente su actuar político y el pueblo ha recibido este mensaje en la lógica de que cualquier esfuerzo vale la pena en el objetivo superior por construir la democracia y defender las libertades, pero ha sido además, un reto del que el partido ha salido airoso frente a los sucesivos gobiernos que han decretado su muerte civil, fundamentalmente,  porque han sido dictaduras o militares aupados al poder tras un golpe de Estado

En el curso de la ya dilatada historia del APRA, se han cometido también errores, algunos malos pasos individuales y desencuentros que, aun cuando no han llegado a ser cismas de orden ideológico propiamente dichos, si constituyen la evidencia de tendencias, matices y formas de entender la política, abordar la coyuntura y proponer plataformas de lucha en función a los objetivos que animan a los actores.

Cuando en 1979 falleció Víctor Raúl Haya de la Torre, el fundador, una tremenda crisis institucional sobrevino, desbordó el control de la dirigencia  y dividió en dos al aprismo, al punto que hubo un día de la fraternidad que se celebró en dos escenarios distintos, en dos mítines tumultuosos y extraordinarios al mismo tiempo, repletos ambos, uno en la clásica avenida Alfonso Ugarte, y la otra, en la mismísima Plaza San Martin que también desbordó de público.

Esa fue una estupenda oportunidad para probar que el aprismo era también una mayoría sensible, pero a la vez, la dramática evidencia de una enorme oportunidad perdida porque no se aprovechó el momento para expulsar a los disidentes, cubriendo con mantos de amnistías el problema, con la finalidad de evitar mayores escándalos.

La cosa parecía haberse resuelto  con el jubileo, pero con el tiempo, el retorno de quienes abandonaron la Casa del Pueblo trajo los rencores y heridas no cerradas. Las responsabilidades entonces fueron dirigidas contra Armando Villanueva, pero luego, más por motivaciones personales, contra el propio Alan García quien había logrado llevar dos veces al gobierno al partido.

Tiempo después y tras los dos períodos gubernamentales, la cosa parecía haber finalizado, sin embargo, con el exilio del ex presidente hubieron quienes lanzaron duros ataques contra él y sirvieron a intereses ajenos. Los sectores conservadores variaron el perfil del partido, aprovechando que los trabajadores y el pueblo luchaban en las calles por la caída del régimen fujimontesinista y el retorno de las libertades. En este período un sinnúmero de errores “descolocaron” al movimiento que se había sumido en una cultura electorera, solo pendientes de convocatorias para participar de la administración de la cosa pública.

Un proceso lento pero interesado de desideologización proponía un aprismo pasmado y sin capacidad de respuesta, en tanto el vasto movimiento reivindicatorio exigía a través de su lucha en las organizaciones populares y de base, volver a Haya de la Torre y recuperar el aprismo proponiendo la renovación del Frente Único, insistiendo en el aprismo como un partido popular de profunda raigambre social, revolucionaria, nacionalista, antimperialista, progresista y naturalmente de izquierda.

Durante algunos años estas posiciones han venido coexistiendo, pero disputándose el control partidario con desventajas para los sectores conservadores que, con el pretexto de “las formas democráticas” han empujado hacia posiciones neoliberales a las que se sumó esa inexplicable alianza con la candidata de los ricos que le ha costado mucha de su base social en tanto dista de los acuerdos políticos que se produjeron en tiempos de clandestinidad para lograr la libertad de los presos y recuperar las libertades.

A estas alturas, un incierto silencio recorre la Casa del Pueblo frente a la desmovilización que sufre el partido como resultado de la infiltración que ha sufrido. Desde generales del ejército con especialidad en inteligencia, hasta advenedizos son los neo artífices de la burocratización del movimiento en un tiempo además, en el que los cuadros y la intelectualidad dejo el activismo.

Ha costado mucho recuperar los espacios perdidos en el campo popular, y ha comprometido mucho esfuerzo el poder encontrar ese espacio vital del movimiento. Hoy las dirigencias intermedias representan a lo mejor del pueblo, los jóvenes han retornado y los debates en las universidades, institutos, colegios y sindicatos  prueban la consistencia de ese trabajo.  Los campesinos se agrupan y las células sindicales se reúnen en un ambiente fraterno que además es propicio para el debate y la crítica.

El aprismo de estos tiempos, es una expresión ideológica y también una herramienta de la lucha política. De clara inspiración popular, es un frente político que agrupa a varias clases y sectores sociales en busca de la captura del poder para realizar una transformación social de fondo, pero es también, un partido político, reconoce a sus líderes como expresión de la vanguardia organizada incluyendo el aporte del ex presidente García quien se ha ganado un espacio en esta organización.

El aprismo que corrió la misma suerte de su líder, fue perseguida, impedida de presentarse y acusada de todos los delitos posibles, resistiendo y perdurando en el tiempo, gracias a que ningún cargo fue probado y nuestros dirigentes, con el propio Jefe a la cabeza,  pudieron mostrar siempre las manos limpias y ese es, sin ninguna duda, el mayor reto que le toca a quienes se sienten con derecho a liderar al aprismo del siglo XXI, exhibir una conducta pública y privada proba.

La serie de acusaciones contra algunos dirigentes merece una explicación, los cargos deben ser levantados, pero el cinismo con el que se calla y no se responde, debe, en contrario, ser condenado. Una autentica renovación para por dar reales oportunidades, renunciar a la complicidad y desterrar esa vocación suicida por la cual las confrontaciones internas no responden a un debate de ideas. El partido parece haber llegado a un punto de inflexión en el que los que no se sienten cómodos deberían partir, porque es este el momento de definir: si están todos los que son, o en realidad sobra alguien y, cualquiera  que sea la respuesta, el aprismo saldrá fortalecido.

Finalmente, no debemos olvidar que, como alguna vez sostuvo el propio Haya de la Torre, la depuración es un procedimiento profiláctico que es doloroso, pero finalmente hace bien.