DE PRESIDENTE ACCIDENTAL A DICTADOR TRUCHO

«El gobierno ha logrado imponer una agenda policial-criminal que naturalmente satura las portadas y posterga asuntos vitales para la economía y el futuro de la patria. Cada carcelería, detención o persecución le regala algo de tiempo y titulares al gobierno que oculta así, los problemas reales de la gente. Pechar le será rentable al gobierno por poco tiempo…»

Desde que nos enfrentamos en su dimensión autocrática a Alberto Fujimori, la lucha por la recuperación democracia -que por momentos alcanzó ribetes dramáticos-, ha sido constante y difícil, sobre todo, por los esfuerzos por construir ciudadanía y defender al país de los quinta-columna, quienes minan el sistema “desde dentro”, medrando en las instituciones y agrediendo a los partidos políticos en medio de cantos de sirena con los que se sorprende a la población, evitando la condena por el ejercicio irresponsable del gobierno. A este paso, en muy poco tiempo, el registro de las estafas vividas reeditará el drama de la nación que termina pagando la inexperiencia, la incapacidad o el delito de un nuevo gobernante, razón por la que de alguna manera, tenemos que poner fin a la falta de seriedad de la que hacen gala estos mercaderes de la neo política, quienes convertidos en aprendices de dictadores, subestiman al pueblo y desprecian el sentido común, usando el poder como una herramienta para imponer sus planes a toda costa, vendiéndonos de paso, en combo, el sueño del tan anhelado binomio: orden y progreso.

Martín Vizcarra es un presidente accidental, nadie lo ha elegido y por tanto, puede ser legal su ejercicio, pero su legitimidad siempre estará rodeada de las sombras que cubren su acceso al gobierno, es decir, esa ruta que va de la felonía a la casualidad, en medio de entredichos signados por una lógica de confrontación casi permanente en la que su proclama de “lucha contra la corrupción”, es en realidad, la reedición de la vieja estrategia por la cual se grita “al ladrón, al ladrón”, tratando de desviar las miradas de los escándalos que lo envuelven desde los tiempos del ejercicio de su mandato regional, su interesada participación en el controversial tema del aeropuerto Chincheros del Cuzco y el hedor que producen los aportes brasileros en la campaña electoral de PPK que, como responsable, tuvo que conocer.

En esta línea de razonamiento, Martín Vizcarra –muy mal aconsejado-, se equivoca cuando cree que confrontar es una posibilidad que limita al adversario. No son suficientes los ingentes recursos que puede invertir en publicidad “sometiendo a los medios a sus intereses», porque lo que pierde de vista es, que el tema en realidad es absolutamente inverso. Son los medios los que juegan con sus pretensiones y lo empujan a enfrentarse suponiendo que ese juego de fuerza le da alguna popularidad y puntos de adhesión en las encuestan que ellos mismos manejan.

El gobierno ha logrado imponer una agenda policial-criminal que naturalmente satura las portadas y posterga asuntos vitales para la economía y el futuro de la patria. Cada carcelería, detención o persecución le regala algo de tiempo y titulares al gobierno que oculta así, los problemas reales de la gente. Pechar  le será rentable al gobierno por poco tiempo y, más allá de pretender señalarle plazos o someter a la oposición, sería bueno que comience a mirar la calle, el lugar donde la gente comienza a levantar su protesta exigiendo que “alguien se encargue de resolver sus problemas”, sobre todo, porque a este paso, el inquilino de palacio gobierno sumará su ejercicio de errores y cumplirá los cinco años apapachando a fiscales sobones y persiguiendo a sus opositores,  pero sin hacer ninguna obra tangible.

Hay que tener mucho cuidado con los seudo políticos que no se inmutan cuando ven que el sistema comienza a registrar fisuras que podrían dar cuenta de una voluntad golpista en nuestras narices. La falta de cartas democráticas puede ser una señal a seguir, pero lo es más, asumir posiciones condescendientes con quienes creen que levantando el dedo, señalando y gritando hacen patria. A estas alturas, incluso la comunidad internacional comienza a percibir esta descomposición que hace que la extraordinaria señal que nos regaló la conciencia en la lucha contra la corrupción inicial y nacional, comience a ensombrecerse no sólo tras prisiones sin juicios justos, la vulneración del debido proceso, el discurso político de fiscalillos con ansias parlamentarias, sino, por el doble rasero por el cual sólo algunos corruptos son perseguidos y castigados como debe ser, mientras el gran operador de las coimas, el metacorruptor, es premiado con el perdón de sus culpas y nuevos contratos.

Sería bueno mirar a países donde los responsables de haber desviado fondos públicos, de haber recibido coimas e integrantes de organizaciones criminales están presos purgando condena, mientras los corruptores, también son perseguidos y, como corresponde, impedidos de contratar con el Estado. Todo lo demás, incluyendo Vizcarra,   parecen ser puro cuento.