DE LA REFORMA UNIVERSITARIA A LA UNIVERSIDAD POPULAR

A manera de comentario

“El APRA registra una serie de antecedentes que nutrieron sustantivamente su etapa fundacional, entre ellos los que constituyeron la revolución de los espíritus, una sucesión de acontecimientos que cambiaron la historia de la nación indoamericana y produjeron una conmoción en la mente y el ánimo de los hombres libres. La Revolución Mexicana, la Revolución Rusa, la Reforma Universitaria, la lucha por las ocho horas de trabajo y la Jornada del 23 de Mayo de 1923 que -sumados al conjunto de los episodios más importantes de la lucha popular desde inicios del siglo XX-, constituyen el registro de un capítulo inconcluso de la historia mal contada del país.

Estas anotaciones, si bien no recogen totalidades, ni constituyen un tratado histórico, deben ser consideradas como apuntes que ayudarán a comprender la naturaleza del aporte del aprismo en la construcción de esa noción de nacionalidad que la visión precursora de Víctor Raúl haya de la Torre aportó.

Germán Luna Segura

LA REFORMA  UNIVERSITARIA Y LA UNIVERSIDAD POPULAR

“Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica”

Desde la necesidad de cambiar las estructuras, contenidos y fines de la universidad, se abrió para el mundo indoamericano una nueva y vital fuerza que movió varias generaciones, convirtió a hombres libres en parte sustantiva de la democratización de la cultura y la enseñanza entonces al servicio de las clases dominantes. Y es que el movimiento de La Reforma Universitaria defendió a las universidades del intervencionismo, pero también, del autoritarismo político de los gobiernos tratando de generar un ambiente irrestricto  para la libertad del  pensamiento y la creación intelectual.

La historia de la universidad con docentes miembros de clanes familiares, con una mentalidad enciclopédica dizque académica que sólo trasmitía información sin el apoyo de una conciencia crítica esta signada por una moda medieval, retrógrada e indiferente que las oligarquías mantenían en los ámbitos universitarios.

Esas diferencias respecto de la vida de los pueblos correspondían a planes de estudios que propendían a mantener una interrelación nefasta entre docentes y estudiantes sin primar la formación de los estudiantes, sino, la producción en serie de profesionales dóciles respecto al sistema y sin aspiraciones comunes. De allí que la aspiración de El  Grito de Córdova -que es como se conoce a la Reforma Universitaria en la república Argentina-, proponía una auto-gobernación, libertad de elección de autoridades y una normatividad propia que permitía asociar la realidad con programas de estudios autónomos.

Pero esta corriente tuvo detractores y por eso no es casual que incluso la Ira. Conferencia Comunista Sudamericana realizada años después en la segunda década del siglo XX la definiera como parte de la estrategia de la «ideología pequeño burguesa e idealista«, condenando  todas las manifestaciones producidas hasta ese momento, llamándolas  “revueltas estudiantiles”, que es como prefirieron denominar a todo el proceso de cambio de la universidad que en el Perú marcó un antes y un después en la historia social.

Víctor Raúl Haya de la Torre vio en este gran movimiento una vigorosa trascendencia regional que sería piedra angular de una perspectiva liberadora de Indoamérica. En ella -diría luego-, evolucionó la vocación exclusivamente académica de la protesta para articular un sentido nacional, rompiendo con el espíritu de cenáculo cerrado en las que se encontraban deformando el concepto ulterior de la universidad que, sin la intervención objetiva y real de los estudiantes en su gobierno, seguirían siendo sólo cajas de réplicas de información suministrada mecánicamente.

Gabriel del Mazo, líder de la Reforma Argentina, definió a cabalidad esas luchas aludiendo el deseo intrínseco de revolucionar no sólo todos los métodos pedagógicos y la naturaleza de la comprensión de la docencia, sino, propugnando que la universidad mire su entorno hasta entender que -como sostendría Luis Alberto Sánchez-,  la universidad no es una isla.

Fue desde la provincia de Córdova donde se produce el grito que llamaría la atención del mundo y aquí otro movimiento estudiantil pretendería la misma Reforma de la Universidad fortaleciendo esa nueva visión de la sociedad y sus complejas relaciones que en toda una generación latinoamericana derribó las murallas del obscurantismo, produciendo primero una alianza de ideales y acción y luego, una propuesta político social que agitaría las conciencias  desde la argentina, el Uruguay, Chile, hasta el Perú.

Si bien la fortaleza del movimiento tuvo su correlato en los vastos movimientos de juventudes y trabajadores que se sumaron a las jornadas que garantizaron la victoria, fueron los ideales de libertad y creación las que se dieron la mano para imponer la universalidad de la creación en una nueva universidad que dejaría de producir inteligencia para las élites para abrir sus puertas y para darle oportunidad a todos.

La Reforma Universitaria tuvo en Haya de la Torre un líder indiscutible, en la Federación de Estudiantes del Perú (FEP) y las organizaciones obreras, aliados firmes en la lucha y logró romper el círculo vicioso de la vieja universidad memorista que se hundió con su inservible estructura y los vicios del sistema, para dar paso al ejercicio de su propio gobierno en el que los jóvenes le devolvieron la “vida” a claustros que entonces, con absoluta libertad, se dedicó al culto a las letras, la inventiva y la evolución del pensamiento.

Pero serían las intensas y fraternas relaciones con los trabajadores lo que centró la expectativa de largo aliento de esta nueva universidad  ya que tras proyectos mucho más realistas, se dio forma a lo que el Congreso de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP) llamaría las Universidades Populares en 1920, es decir, centros de enseñanza alentadas por los estudiantes que afianzarían la formación de los trabajadores de la ciudad y el campo creando un sistema de educación popular precursor y de interacción formativa de conocimientos en amalgama con la experiencia de trabajadores y estudiantes.

¿Es ese el momento de la creación de la vanguardia universitaria? Es altamente probable, ya que datan de aquel momento las plataformas de los primeros núcleos de estudiantes organizados para reclamar y/o luchar contra las deficiencias del sistema universitario. Son las actividades y los eventos comunes los que marcaban el compás de una nueva y unitaria forma de entender las novísimas expresiones de la extensión universitaria y esa nueva filosofía de la educación que desde entonces se puso en marcha.

Así fue como la lucha interna contra los regímenes de oprobio y las aristocracias que replicaban los mismos problemas nacionales terminaron recreando la universidad que dejó de ser fuerza laboral de la burocracia y de los administradores del poder protectores de privilegios económicos, diferencias sociales y, como no, de categorías que servían para marcar las diferencias respecto de quienes solo accedían a la instrucción pública básica.

La Reforma Universitaria apareció como una necesidad para acabar con la miseria del alma y el congelamiento del conocimiento se sostenía en la época.  Cátedras arbitrarias, docentes ineptos, falso concepto de la información y vicios inconcebibles dieron paso a la liberación del alma universitaria abriéndose a una realidad en la que el magisterio es realmente un apostolado y un compromiso de almas superiores y no, el ejercicio de un mandato de clase. Lo cierto es que un año después, en medio de protestas y una complicada realidad política, en 1919, se produjo la Reforma Universitaria que logró en el Perú ser la realización de la democratización de la cultura y la apertura de la enseñanza a lo social.

Este movimiento superó el plano reivindicativo desde el inicio y logró victorias sustantivas primero en la universidad de San Marcos en Lima y luego en la universidad del Cuzco fundamentalmente, pero gracias a otros movimientos que sentaron precedentes como el “Conversatorio Universitario” que logró constituirse en un real movimiento precursor. Este, reunía a Jorge Guillermo Leguía, Manuel G. Abastos, Ricardo Vegas García, José León y Bueno, Eloy Espinoza Saldaña, Jorge Cantuarias, Jorge Basadre y el propio Haya de la Torre quienes participarían activamente luego en las luchas por la Reforma.

El 28 de junio de 1919, la asamblea de estudiantes eligió un Comité encargado de coordinar el movimiento de Reforma Universitaria. Las demandas se presentaron en el mes de agosto. Nadie sabía con exactitud el destino que les deparaba, pero la resolución estaba tomada, era el fin de la doctrina oligárquica dentro de la universidad con la posibilidad de modernizarla participando del gobierno de la universidad, la docencia libre, el derecho de tacha, la supresión de la lista, la libertad de enseñar y la creación de seminarios y de becas para estudiantes pobres.

Una impresionante manifestación estudiantil reunida el 4 de septiembre llego hasta la plaza de Armas y entregó al presidente Leguía un memorial para que intervenga y resuelva el conflicto ya que incluso éste había sido elegido “Maestro de la Juventud” en 1918 y había manifestado demagógicamente predisposición hacia la reforma al asistir el primero de agosto a la ceremonia de la nueva directiva de la Federación de Estudiantes.

Lo cierto es que por la dimensión de la protesta más que por el propio presidente,  la Reforma Universitaria logró el decreto del 20 de setiembre de 1919 firmado por el presidente de la república y el ministro de educación Arturo Osores, allí, entre el detalle de la norma oficial, se detalla la cátedra libre en las facultades con aprobación del concejo universitario, delegados elegidos por los alumnos para formar parte del gobierno de la universidad a través del Concejo Universitario,  entre otras consideraciones que después por ley se complementaron cuando se consagró, la vacancia de las cátedras con enseñanza deficiente y válidas las tachas estudiantiles, el co-gobierno, la extensión universitaria, la libertad de cátedra, la cátedra paralela y la cátedra libre.

La experiencia también llegó al campo. José Sabogal la consagró en un cuadro donde campesinos se adherían a la educación propuesta desde la Universidad Popular ( “Fuego en los Andes”, el año 1934)

Con la Reforma Universitaria, el país dio un paso adelante en la formación valorativa de la nacionalidad y además, fue notificado del nuevo rol de la universidad, una organización que vive para comprender y proponer alternativas en torno a las necesidades y problemas de la sociedad en la que se encuentra inserta, pero desde aquel momento, convertida en el foco luminoso desde donde la libre creación se convierte guía de la ruta y el destino cierto del reencuentro con nuestra nación.