COMBATIENTES SIN TIEMPO

Acaba de aparecer mi último trabajo y lleva el sugerente título anotado. Su contenido, que narra la naturaleza y compromiso de los hombres libres del país por construir su destino en intensas jornadas de lucha, parecen sin embargo, ser gráficas tangibles de escenarios tan actuales como el de sus plataformas que siguen reclamando derechos ciudadanos y la defensa de la vida, tareas que en todo el país han merecido la respuesta del gobierno del señor Vizcarra quien -más allá de la legitimidad o no de la protesta-, criminaliza la política, persiguiendo a sus actores y poniendo en evidencia cómo es que la podredumbre y la falta de razón, es decir, la corrupción y la irresponsabilidad del gobernante, convierten en justas las pretensiones de comunidades a las que se ridiculiza mostrándolas como obsecuentes e ignorantes -so pena de propaganda gubernamental millonaria que pretende ocultar la dimensión de jornadas de lucha -, por el sólo delito de aspirar a derechos tan elementales como participar en la construcción de su propio futuro.

Pero si el libro constituye un justo tributo a la heroicidad popular expresada en la gesta del pueblo a través de diversos movimientos revolucionarios que estallaron contra autócratas, dictaduras de todo pelaje y la conculcación de derechos y libertades hace casi un siglo, el recuento dramático de la violencia que vivimos estos días, nos alerta sobre los mismos errores que se siguen cometiendo y la insensibilidad de un gobierno preocupado por sus índices de popularidad citadina, en vez de coger el timón y poner fin a la falta de gobierno signada por una incapacidad manifiesta que agudiza aún más la crisis, socaba el Contrato Social y conflictúa las compleja relaciones sociales, estremeciendo el futuro inmediato con la incertidumbre y el destino de nuestros pueblos pobres, con la irresponsabilidad de liquidar el diálogo y promover el caos en el que vivimos estos días.

Los mismos problemas de siempre señor Vizcarra, son consecuencia de los mismos errores de siempre, de la misma corruptela en el poder y de ese sabor a impunidad que tolera palacio de gobierno que es testigo de cómo se incrementa el hambre, la falta de empleo y esas marcadas y enorme desigualdades que nos golpean el rostro diariamente. La violencia toma el país en nombre de una noción de dignidad exacerbada por la falta de talento para gobernar y a una voluntad mercantil expresada en un estilo de atender las demandas sociales, sin resolver absolutamente nada. El país le exige al presidente accesitario que gobierne en nombre del destino. Debe poner coto a la impunidad de burócratas que conceden nuestras riquezas y patrimonio en nombre de tarifas y procedimientos que hacen tabla rasa de derechos constitucionales, reconociendo la exigencia ciudadana contra el alto impacto producido en el medio ambiente y la vida de pueblos que terminan –dramática e irónicamente-, siendo un hecho aleatorio en el marco de contratos o concesiones que encubren groseras y perniciosas relaciones económicas que trastocan la vida de la gente por pingues negocios de las oligarquías.

Pasó hace tiempo con el guano y el salitre, pasó luego, con el trastoque de nuestra soberanía territorial, pasó hace varias décadas en lugares que en el siglo pasado tuvieron que insurgir violentamente en defensa de la justica y la libertad, pasó en la historia reciente en el campo respecto de la sobreexplotación y la neo esclavitud. Pasó en Cajamarca, Bagua y antes, mucho antes, en Cerro de Pasco, Madre de Dios y otras tantas localidades donde la minería irresponsable y la tala indiscriminada reemplazaron el habitad, lo verde y la vida, por un saldo miserable de aridez y muerte.

Que la avaricia comercial retroceda antes que los dramas del recalentamiento global y la brutal mano del hombre siembren de insania todo aquello que la naturaleza creó y que el gobierno entienda que nos jugamos algo más que simples acuerdos y que lo que tiene en la mano, es una vorágine violenta que toma el país de a pocos. La historia cobra su factura y protestas lideradas por Combatientes sin Tiempo en Andahuaylas, Abancay, Arequipa, Puno, e incluso, en medio de las manifestaciones de los trabajadores, deberían llamar la atención de un gobierno tan básico que, a estas alturas, sigo sin estar seguro que haya comprendido que vivimos en medio de una impunidad que lacera y de lecciones y experiencias mal prendidas que nos condenan a repetir, una y otra vez, los mismos errores siempre.