A TAL SEÑOR, TAL HONOR

Abel Salinas Izaguirre a muerto…

02Hay personalidades cuya ausencia se siente y que tras su partida definitiva, deja huellas sensibles e imborrables. Ese es el caso de mi buen amigo y compañero ABEL SALINAS IZAGUIRRE, aprista disciplinado, amigo de los buenos y compañero preocupado –incluso más allá de su propia capacidad humana-, por el destino del país y del partido.

Nació el mismo año que se fundó el partido del Pueblo, en 1930,  y su vida estuvo signada por esa noble y enorme preocupación por el destino de los más pobres a los que conoció de cerca en su natal Puerto Supe y a los que siempre, discretamente, supo darles el mejor de sus tiempos.

Su acercamiento al aprismo data de tiempo muy distante, de aquellos en los que todo se daba, nada se pedía y lo poco que se recibía eran encargos, sacrificios y lealtades.

Ingeniero de profesión, tuvo una fina personalidad signada por una enorme simpatía que algunos sostenían, no eran concurrente con el gesto duro con el que solía ser retratado. Hombre de capacidades personales reconocidas, mantuvo la firmeza de sus convicciones y sus amistades por encima de los vaivenes y los tiempos de esa rara política que lo condenó al silencio en el último tramo de su vida.

Tuvo encargos difíciles desde que Alan García en su primer gobierno lo nombrara Ministro del Interior para combatir el terrorismo y luego, asumiría con dedicación todos y cada uno de los encargos partidarios que recibiera. Fue Ministro de Energía y Minas, Ministro de Economía y Finanzas y en 1990 fue elegido Senador de la República donde registra ser  gestor de una larga data de iniciativas.

En el plano partidario tuvo también una actividad intensa. Fue afecto al encuentro permanente con sus compañeros y escuchaba mucho. Lo recuerdo intenso y preocupado en los años posteriores al fin del primer gobierno aprista, llamándome muy entrada la noche porque “era necesario dialogar sobre los temas y la situación del partido”, siempre dispuesto además, a facilitar las transiciones democráticas derivadas de alguna intolerancia o de tensas elecciones o confrontaciones internas. Era un hombre que escuchaba y se dejaba escuchar, mérito de pocos.

Fue dirigente partidario en su agrupación profesional, miembro del CEN del PAP y un vocero prestigioso del aprismo. Rechazó con todo el calor de su convencimiento el autogolpe del 5 de abril de 1992, y se convirtió en un honestísimo activista por la insurgencia consagrada constitucionalmente, por lo que fue detenido y procesado, acusado de haber participado en intentos de desobediencia civil y de llamados a la insurgencia popular por el restablecimiento de la democracia en el país.

Tuvo detractores y sufrió agravios a los que siempre respondió con una sonrisa   y su propia hoja de vida. Su salud fue resquebrajándose aún cuando nunca su ánimo, ni su capacidad de mirar con esperanza el futuro. En su memoria permaneció siempre su enorme preocupación por el partido y el recuerdo de Haya de la Torre.

Hoy una noticia sorprende al aprismo, Abel Salinas partió en medio del dolor de sus compañeros, el sentimiento de sus amigos y el respeto del país. Que el toque del silencio de la CHAP entonces se escuche en su mejor melodía, que el Cóndor de Chavín señale la ruta del viaje a las estrellas que hoy inicia, que la legión predecesora de mártires y viejos apristas sean la corte que acompañe a este gran hombre del Perú cuya muerte respondemos con una frase que pone en evidencia quien fue: A tal señor, tal honor.