VIZCARRA: NO ES EL MEDIO ORIENTE, SUCEDE EN EL PERÚ

Tras la crisis que ha vivido la patria por la sucesión de controversias y el descubrimientos de entuertos y corruptelas que comprometen sin distingos a parte sustantiva de políticos, empresarios y periodistas, entre otros, tratamos de
encontrar rutas de salida a las crisis que nos devuelvan, por lo menos, el sentido de nuestro futuro y, acaso, una forma más o menos civilizada de converger en esfuerzos comunes para que los objetivos de la patria se cumplan pensando
en las generaciones venideras.

Tremenda tarea la que se emprendió desde que se descubrieron las mañas del fujimontesinismo graficadas en las montañas de dinero que se entregaban a quienes se sometían al régimen dictatorial, sin imaginar entonces, que los más
firmes opositores de Fujimori, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Nadine Heredia, su esposa y Pedro Pablo Kuczynski, terminarían comprometidos por la justicia peruana. Desde entonces, la sucesión de dramas que ha vivido el país parecía no permitir registros más oprobiosos hasta que un presidente accesitario mostró cómo en vez de enderezar los entuertos del antecesor, se puede terminar torciendo aún más las cosas, tratando de ocultar, a cualquier costo, su no tan santa biografía pública expresada en los 48 procesos investigatorios que lo envuelven.

Desde que las fuerzas democráticas decidieron desenmascararlo, la respuesta ha sido siempre acusar a sus acusadores de “agentes de la corrupción”, persiguiéndolos, desviando la atención hacia asuntos menos importantes que sus propias cuentas. Lo cierto es que a estas alturas, se sabe que el presidente tiene pendientes asuntos con la justicia de los que su inmunidad lo protege y, en vez de acometerlos, cree haber ido eliminando, uno a uno, a sus perseguidores o a todos aquellos que le signifiquen un peligro con la complicidad de un gabinete anodino, de fiscales como Pedro Sanchez, de sicarios políticos como Vela y Pérez, de medios de comunicación y alguna ONG que, con dólares, funge de caja de resonancia y cubre las maniobras del régimen.

En tanto la persecución a Alan García que fue un caballito de Troya concluyó para su desgracia sin cargos específicos ni confirmación de vínculos con los corruptores brasileros por lo que, caído el cerco criminal contra el ex presidente,
entenderían que los dejó fuera de juego cuando decidió unilateralmente burlarse de ellos y, contra todo lo esperado, salirse del juego perverso de sus perseguidores, dejándolos –como están-, solos con su miseria y entuertos. Varios meses
después, con hartas declaraciones adicionales, el silencio responde y hasta ahora, nadie refiere una conducta impropia del ex presiente.

Pero la cosa es mucho más grave. En medio de las investigaciones, puede ser más delicado ocultar información, que no encontrarla. Así se desprende de las negociaciones de la fiscalía con la principal empresa corruptora con quien se habría negociado bajo un aliento antipatriota consignándoles una indemnización mucho menor a todo lo que los corruptos esperan llevarse del país. Se redujo el ámbito de las investigaciones a algunos proyectos, dejando fuera, aquellos donde hay “amigos” y muchos millones de dólares de corrupción sin que por cierto, al ser descubiertos, explicaran esas conductas impropias.

El país se distrae en show mediáticos, en acriollados arranques de matonería palaciega sin que se gobierne. Son  alarmantes los índices de la baja de nuestra economía que genera rechazo, el recrudecimiento del desempleo y la miseria a la que el mandatario en ejercicio responde con evasivas mientras cree que “pechando” al congreso una y otra vez, cree que podrá recuperar puntos en las encuestas.

La corrupción sigue presente y el pueblo comienza a exigir, a protestar y, allí donde otrora tuvo sus reductos políticos, ahora Martín Vizcarra siente el rechazo popular. El sur se levanta, exige el cumplimiento de promesas. Pide que el
crimen no quede impune, que no se criminalice la política y la actividad sindical, pugna por “sentido común” frente a un sector de la minería que usa métodos criminales y espera hacer conciencia para que el futuro de las tierras que actualmente los alimentan, no sean tierras áridas en medio de un panorama desolador.

El Premier Salvador del Solar aprendió su libreto y cumple su función con esmero, pero esta puesta en escena no es propia, es una careta de las miles que ha tenido que representar y sabe, que al final de la función, caerá el telón sobre su
cabeza y al día siguiente, con nuevos actores, Vizcarra pretenderá mantener la temporada teatral. La violencia desatada en el sur que registra La Tribuna en tanto, no es un sueño, ni es una foto del Medio Oriente. Representa un factor creciente según los reportes de la Defensoría del Pueblo y constituyen conflictos medio ambientales que la política anti laboral del gobierno convertirá en poco tiempo en una literal bomba de tiempo.

Lo que sucede tampoco es una escala de los enemigos, es consecuencia de los errores del gobernante, de su incapacidad para gobernar. Si una imagen vale más que mil palabras, bastaría que observaran detenidamente las fotografías de los pueblos que protestan para sentir que las cosas son mucho más complicadas que lo que los asesores refieren al gobierno. Analice señor Vizcarra la naturaleza de las protestas y la dimensión que estas adquieren, usted, que es tan afecto a las mediciones y las encuestas, debería mirar la calle y recordar cómo han terminado los autócratas y dictadores,  comprendiendo además, que no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista

 

 

 

Foto.El Comercio